Es verdad: no vi el reinado, ¡pero sigo siendo gay!

"No todos los gay van al gimnasio, no todos los gay son estilistas, no todos los gay quieren ser mujeres, no todos los gay viven con VIH. La vida de los hombres gay está atravesada por múltiples dinámicas", dice Juan Carlos Prieto

Por Juan Carlos Prieto

 

Hace unas semanas, en el país de los reinados se llevó a cabo uno de los eventos más emblemáticos de las beldades colombianas. Muchos amigos y conocidos siguieron de cerca a cada una de las candidatas, sus cuerpos, vestidos y respuestas afamadas. Es imposible olvidar esas populares y extrañas, por decirles de alguna manera, respuestas de algunas de ellas, que en su momento causaron risas y dispararon gran cantidad de memes y chistes destructivos. Lo cierto es que aquello de “hombre con hombre y mujer con mujer” fue apoteósico: recuerdo estar tirado en mi cama riendo y riendo sin parar y juzgando por ignorante a la Señorita Antioquia.

Sin profundizar mucho en este asunto, lo cierto es que los reinados movilizan una gran audiencia gay, una audiencia que tiene el derecho absoluto de generar el misticismo que consideren. La pregunta acá no es si está bien o mal realizar este tipo de certámenes, la pregunta es: ¿todos los gay amamos y disfrutamos este tipo de eventos?

La respuesta aunque sencilla, parece no ser tan evidente: ¡No! No a todos los gay nos gustan los reinados, y ello se puede resumir en una cuestión simple: no todos somos iguales, no pensamos igual y no tenemos los mismos gustos, como le sucede a todos los individuos en cualquier sociedad.

No todos los gay van al gimnasio, no todos los gay son estilistas, no todos los gay quieren ser mujeres, no todos los gay viven con VIH. La vida de los hombres gay está atravesada por múltiples dinámicas, sentires y saberes. No somos seres extraterrestres que venimos a invadir una sociedad menos desarrollada o a “evangelizar” con nuestro rayo homosexualizador a todos los hombres heterosexuales en búsqueda de aventuras sexuales que sacien nuestra sed.

La verdad, ofende que la sociedad busque encasillarnos o ubicarnos en lugares comunes que por lo general, han sido instalados en las mentes por los medios de comunicación y los prejuicios existentes en una cultura machista. Acaso, ¿el machismo también atraviesa los cuerpos y las vidas de los gay? ¡Por supuesto! Nuestra vida está cargada de insultos, bromas, comentarios fuera de lugar e inclusive golpes; no en vano muchos jóvenes han decidido cortar sus vidas antes de enfrentarse a la presión social sobre su identidad sexual. Podría pensarse que quienes cruzamos algunas décadas somos sobrevivientes de esta homofobia.

Querido lector, lectora, concejal, amigo o enemigo de la diversidad, quiero dirigirme a usted con ánimo de hacerle entender que las personas somos diferentes entre sí, que sentimos de diversas formas y que esta diversidad nos ayuda a construir un mundo lleno de matices, colores, formas de amar válidas y respetables como la suya. El que usted no comparta mi identidad no lo justifica. Piense que en medio de tanta violencia su forma de verme y dirigirse a mí, puede generar más violencia, incluso mi muerte. Piense que la palabra gay (en su traducción al inglés) no es otra cosa que “Good As You”: tan bueno como usted.

Juan Carlos Prieto García / @jackpriga

 

 

 

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