El último antejardín

Por Eduardo Arias

Para las personas que ya hemos vivido varias décadas (casi seis, en mi caso) los cambios que ha sufrido Bogotá nos generan una curiosa doble condición: la de muy memoriosos (a ratos cantaletudos) y la de amnésicos. La ciudad cambia todo el tiempo y uno cree recordar “cómo era Bogotá”. Pero cuando intenta llegar a los detalles concretos, muchas veces logra el nivel de definición de un sueño borroso. Por lo general uno debe apoyarse en fotos para refrescar una memoria casi perdida.

Una de esas avenidas que ha cambiado de manera drástica a partir de los años 80 ha sido la Avenida Carrera 19, en particular entre las calles 100 y 127. Dejemos hablar al viejito: “Yo me acuerdo que la 19 era una amplia avenida con grandes casas a lado y lado de la vía. En la esquina noroccidental de la 104 vivían los Medina, que eran de mi colegio…” Y así uno y otro recuerdo. Pero… ¿Cómo eran eran casas? ¿Puede uno recordar aquel paisaje perdido cuando mira la nueva realidad de una avenida que ahora se caracteriza por sus edificios de oficinas y restaurantes diseñados por arquitectos del siglo XXI?

El hecho es que la 19 se volvió una vía comercial. En esas 25 cuadras mal contadas todavía subsisten algunas pocas casas de esa época. Para ser más exactos, subsisten los cascarones de esas casas, transformadas en locales comerciales, ya sin antejardines y cuyas fachadas han sido alteradas tantas veces que muy poco o nada queda de sus rasgos originales.

La verdad, hace mucho tiempo dejé de echar de menos esas casas y me acostumbré al bullicio y los trancones, a las sedes bancarias, las panaderías, los almacenes de muebles y de ropa, los concesionarios. Algunas de aquellas casas que ya no existen eran ostentosas y de no muy buen gusto, otras más eran bien anodinas, la verdad. “Más se perdió en el diluvio”, diría mi hermano Guillermo. Pero en una reciente caminata por la 19 caí en cuenta de que aún queda un testimonio de la avenida tal como era en los años 60 y 70. Este relicto está ubicado en el costado oriental de la avenida, entre las calles 103 y 104. Sí, es la única casa entre la 100 y la 127 que aún conserva su aspecto original. Una casa más al norte, convertida en centro médico, también cuenta con antejardín, perop si fachada fue completamente cambiada. Y los otros dos antejardines son los del Farmatodo de la esquina de la 104 (que colinda con esa casa) y la Iglesia Cristiana Carismática de la esquina de la 103.

Pero casa de las de antes, con reja original, sólo queda esta. Es una casa típica de la época, de estilo moderno, un piso, fachada de piedra, muy austera. Quien ahí habita (si es que alguien aún vive allí) no parece ser un amante de las flores, los arbustos ni nada que se le parezca. Unas pocas matas dispersas evidencian que jardinería no es su pasatiempo. Al revés, ha convertido la zona verde en un depósito de viejos camperos que están cubiertos por un plástico. Un vago recuerdo de cómo era el norte bogotano hace 40 años, un fósil incrustado en medio de la ciudad que cambia y cambia sin cesar, sin dejar casi rastro de su pasado.

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