La máquina de matar fetos

Virginia Mayer habla sobre trolls y matoncitos de redes, los mismos con los que tiene que lidiar todos los días, los mismos que provocan el animal que tiene adentro.

Por Virginia Mayer

Hace unos meses cambié mi edad en Facebook a menor de 18 años, para bloquear los mensajes que recibo de desconocidos que me escriben pretendiendo ofenderme. Sin embargo recibí un Hello (que es un saludo, algo nuevo en Facebook) de un tipo que aguantaba. Después de stalkearlo –e ignorar el hecho de que tenía un hijo- decidí responderle porque pensé que quizá coquetearíamos. Asumí que por eso me había contactado. Le di un Hello, y luego escribí: “¿?”. El hombre respondió algo así como: “Hola, Virginia. Quería decirte que eres una asesina. ¡Asesina! ¡Asesina! ¡Asesina! Eres una asesina por haber abortado”.

“¡Asesina! ¡Asesina! ¡Asesina!”, repitió una y otra vez. Se refería a una crónica que escribí para la revista Soho hace unos meses en la que cuento mi decisión de abortar un embarazo y explico los motivos que me llevaron a hacerlo. Le aclaré a este personaje que de volver a quedar embarazada, volvería a abortar. “¡Asesina! ¡Asesina! ¡Asesina!”, volvió a escribir.

Yo evito quedar embarazada porque nada ha cambiado, sigo sin deseos de ser mamá. Pocas cosas me provocan menos y pocas cosas me parecen tan egoístas. Pero si vuelvo a quedar embarazada, pues vuelvo a abortar. Nada, absolutamente nada sencillo, pero breve.

No planeo convertirme en máquina productora y destructora de fetos. Así como tampoco planeo tener un hijo. Y es que este es mi problema, únicamente mío. Hace unos años publiqué -en un pasquín en el que trabajaba- una carta abierta al ex procurador corrupto que marcha en contra de la corrupción, en que expresaba que mi vagina es mía y hago con ella lo que yo quiera.

Con eso en mente me pregunto, ¿qué tiene en la cabeza una persona que me escribe llamándome asesina, advirtiéndome que voy para el infierno porque no tengo conciencia, tildándome de “gorda y solitaria”, diciéndome que estoy como estoy porque no creo en Dios? ¿Qué le pasa a ese energúmeno? ¿Será que lo violó un cura cuando era chiquito? Que busque ayuda. Él no es el pene que me preñó, ¿entonces por qué le importa qué hice yo con esa vida que se gestaba dentro de mí? ¿Acaso este mequetrefe iba a mantenernos, lo iba a adoptar? ¿Es que lo quería criar y tenerlo regordete y cachetón para sacrificarlo en un ritual satánico? No entiendo nada. ¿De qué estamos hablando?

Conmigo no pierdan el tiempo. Yo me limpio el culo con cada uno de mis detractores. Si debo hacer un esfuerzo por no responder, es para no pelear (que me encanta) y regalar mi energía que es divina. Yo no escribo para discutir. Escribo porque así me desahogo. No estoy abriendo un canal de comunicación. No estoy entregando una invitación a que invadan mi vida privada con mensajes pobremente escritos, llenos de odio, ignorancia y perversa intolerancia. Para que me corrijan y me regañen en la vida tengo a mis viejos, mis amigos y mis jefes.

No me escriban. No provoquen al animal que tengo dentro pues puede ser tan estúpido e hiriente como ustedes. Y qué necesidad. Qué necesidad.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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