¡Dejen de lavarse las manos justificando la frivolidad!

Virginia Mayer escribe esta semana sobre la cirugía plástica en Colombia y la iniciativa #CirugíaSeguraYa: "Para mí no tiene misterio, la mujer que cree que la perfección se alcanza en un quirófano, es una tarada".

Por Virginia Mayer

Con la papaya que dan a diario en redes sociales me queda muy fácil decidir sobre qué escribir. Me pillé un tweet de Lorena Beltrán –la periodista que creó la iniciativa #CirugíaSeguraYA, luego de una experiencia como de película de terror que tuvo cuando decidió reducirse las tetas- que decía: “Decir que "la vanidad" mata a mujeres que fallecen en cirugía plástica es reforzar estereotipos”. Mi argumento no es en contra de Lorena, quien se operó por motivos médicos, y lo aclaro porque admiro la lucha que está dando y lo poderosa que es al haberse expuesto como lo hizo.

Pero considero que existe una diferencia entre una mujer insegura que llega a un quirófano a que le embutan siliconas en las tetas o le inyecten polímeros en el culo, y una mujer que debe hacerse una cirugía estética por motivos médicos. La primera lo hace por pura vanidad, la otra necesita hacerlo. Ambas corren riesgos al exponerse a esta cirugía. La anestesia es un riesgo, también lo es una infección, o que no cicatrice bien, por ejemplo. La segunda no tiene más remedio, y la primera está corriendo el riesgo porque se le da la puta gana.

No veo nada de malo en que seamos vanidosos. Yo –de hecho- me llevo todos los premios. Y tenemos derecho de hacer con nuestro cuerpo lo que se nos dé la gana, pero ese no es mi punto. Mi punto es, afirmar que es un estereotipo decir que las mujeres que fallecen en una cirugía estética lo hicieron por vanidosas es lavarse las manos. Obvio que sea por la razón que sea, a todos se nos debe garantizar una cirugía segura. Esa es una cosa, y la otra es que quien se expone a una cirugía estética por motivos frívolos está corriendo un riesgo innecesario. Y en ese orden de ideas, cuando Jessica Cediel se inyectó el culo con polímeros y se le infectó y casi se le pudre, ¿quién la obligó a hacerse ese procedimiento?

Para mí no tiene misterio, la mujer que cree que la perfección se alcanza en un quirófano, es una tarada. Y si además no hace la tarea y negocia con el cirujano más barato y termina con necrosis en el culo o las tetas, pues es aún más bruta.

¿Que si me creo superior por no hacerme cirugías? Definitivamente, sí. Soy superior porque sé que no necesito pasar por una cirugía estética para ser mejor ni más guapa. Soy superior porque así no me encante, acepto el cuerpo que me dio la naturaleza y me niego a exponerme a un procedimiento quirúrgico que no necesito. Y no les voy a decir cuántas veces me han insistido en que me haga la cirugía del estómago para adelgazar.

En Twitter se atrevieron a comparar a una mujer que se embute siliconas en las tetas para verse más mami, con una que decide hacerse un aborto por motivos médicos y psicológicos, y todo con ese tono feminista insoportable que dice: “Todas tenemos derecho de hacer con nuestro cuerpo lo que queramos”. Supongo que también tenemos derecho a ser brutas y a llorar lágrimas de cocodrilo. No me crean tan pendeja. No se apropien de un discurso feminista para justificar su frivolidad.

El mundo necesita más mujeres que entiendan que son valiosas tal y como son, y que ese mismo mensaje se lo pasen a sus hijas. Y en el caso específico de Colombia, dejemos de glorificar al narcotráfico con tantas siliconas y polímeros.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer

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