El precio de ser valiente

Virginia Mayer opina esta semana sobre la polémica salida de la escritora Carolina Sanín de la Universidad de los Andes.

Por Virginia Mayer

Para la gente como yo -que no viene de plata- trabajar es una necesidad y no una forma de quemar el tiempo. Y así, cuando se tiene un trabajo haciendo parte de la nómina de una empresa, cuando se presentan escenarios con los que no estamos de acuerdo, se pueden hacer dos cosas, baja uno la cabeza y se queda callado (hay que cuidar el puesto pues hay que pagar las cuentas), o hace ruido expresando su inconformidad.

Asumamos que la segunda opción es para una persona que tenga ahorros, porque siempre que se muerde la mano que te da de comer, te quedas sin trabajo. Y tiene sentido, al fin y al cabo te están pagando un sueldo, y en ese orden de ideas, ¿cómo esperas denunciar injusticias, -o cualquier cosa- y pretender mantener tu puesto? No es posible.

Sin embargo, considero que es mucho más valiente abrir la boca y expresar inconformidad, sobre todo teniendo en cuenta que necesitamos ese puesto para sobrevivir. Siempre y cuando se haga con la plena conciencia de las posibles consecuencias.

En esas condiciones salí del pasquín que es Kienyke.com, donde trabajaba como columnista y redactora senior, cuando me censuraron una crónica de un día con el actor porno español Nacho Vidal, argumentando que “Ese tipo de reportería no estaba bien visto en una mujer”. Y así salí también del programucho de radio del machista, homofóbico y racista que es Édgar Artunduága, donde cubría entretenimiento.

Se puede decir que de ambos sitios me echaron, porque en ambos me quejé de la injusticia a la que estaba siendo sujeta. Y lo mismo le pasó a la literata y profesora de la Universidad de los Andes de Bogotá, Carolina Sanín, que denunció matoneo por parte de un grupo de estudiantes y el hecho de que la universidad jamás la defendió.

A Carolina la echaron, violando así su derecho a la libre expresión, y condenándola porque usa un lenguaje soez en las redes sociales.

El gran problema es que en Colombia está muy mal visto que una mujer hable duro, sin miedo, que grite, que se queje, que sea soez. En cambio, si lo hace un hombre, nadie dice nada. Está todo bien.

Me pasa todo el tiempo, me quejo en mis redes sociales y mis publicaciones y me acusan de peleona, de andar cazando peleas, solo porque me atrevo a decir lo que pienso, que en general va en contra de lo que piensa la gran mayoría, y porque uso también un tono agresivo y soez. ¿Y qué? ¿Qué pasa?

No les teman a las palabras, no le teman a la verdad, no le teman a quien piensa diferente a ustedes, no les teman a las mujeres fuertes.

Las capacidades intelectuales no dependen de lo que se lleve entre las piernas… ¡evolucionen!

Por: Virginia Mayer // @virginia_mayer

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