Medellín

Por Adolfo Zableh

Fui a Medellín e hice lo que los colombianos de otras ciudades hacen: montar en metro y en metrocable. No la conocía y debo decir que quedé maravillado. Claro, estuve apenas cuatro días en plan de trabajo con ratos aislados para hacer turismo, pero igual, la sensación que queda es que Colombia es una cosa y Medellín, otra.

Empiezo con el metro, común en otros lugares del mundo pero una rareza en nuestro país. Y aunque no cubre toda la ciudad, me pareció limpio, seguro y eficiente. Habría que preguntarles a los expertos qué tal es el metro de Medellín, pero para uno, que convive en Bogotá con los buses que tienen una calcomanía que dice “Sitp provisional”, resulta la octava maravilla. Y más allá de la infraestructura, llama la atención el respeto de la gente, porque aunque estaba lleno cuando lo usé, no se siente el agobio y la agresividad de TransMilenio, donde unos pasan por encima de otros como vacas y los robos y acosos son moneda corriente.

Lo bonito del asunto es que mientras se recorre la ciudad en metro se pasa de los sitios más modernos y conocidos a los marginales, y viceversa. Y es raro, porque en el exterior la costumbre es que el paisaje que se ve desde los vagones sea todo de limpieza, orden y desarrollo. No es un detalle menor recorrer una ciudad con mucho del tercer mundo en un sistema de transporte del primero.

Infraestructura a un lado está la gente. Te matan a atenciones, tanto que se siente uno mal. Los taxistas, los meseros, cualquier peatón, la amabilidad se siente de inmediato. Ni idea cómo será no siendo turista sino viviendo allá, porque los paisas tienen también fama de cerrados. Es quizá ese detalle lo que ha ayudado a que tengan la ciudad que tienen. Es tan alto el sentido de pertenencia que hacen lo que sea por sacarla adelante. Medellín es de todos sus habitantes; Bogotá, en cambio, es de nadie, no tiene doliente, y quienes aquí vivimos tratamos de sacarle el jugo sin devolverle algo a cambio.

Hace poco Enrique Peñalosa dijo que Bogotá estaba mejor que Medellín en muchos aspectos, y utilizó indicadores para demostrarlo. Con las matemáticas no se pelean, pero una cosa son los números y otra la sensación, y lo que se siente es que la capital de Antioquia es una delicia de ciudad y la de Colombia es un desastre.

Esa mezcla de personas retrógradas con gente de pensamiento de avanzada que allí conviven le ha funcionado bien a la ciudad y eso se ve hasta en Nacional, que más que un equipo de fútbol es una empresa exitosa. Aunque todo caso de éxito tiene su defecto: carecen de sentido del humor cuando se meten con ellos. Tanto querer lo suyo hace que los paisas no toleren un chiste. Consciente de eso, yo me meto con Nacional cada vez que puedo solo para ver cómo se irritan. Y no pasa solo con ellos, ofenderse es un mal de la gente que se toma en serio, en especial de los hinchas de fútbol.

Dicen que hay paisas que se quieren independizar y armar su república independiente. Yo digo que si van a hacer con el país lo mismo que han hecho con su ciudad, más bien se queden y sean la capital, que poco importa lo que digan Peñalosa y sus indicadores, por ahí es el camino.
*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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