54 muertos

Por Adolfo Zableh

54 muertos se presentaron en la noche de Navidad en Colombia. Corrijo, 54 asesinatos, que no es lo mismo. Una cosa es que la muerte nos coja en la cama o escalando una montaña, y otra que alguien tome la decisión de acabar con nuestra vida.

La cifra asusta y salió en todos los medios de cobertura nacional. No se sabe quiénes fueron los muertos ni como fallecieron porque eso no vende. En cambio, la idea de que en estas fechas la muerte se nos viene encima como un desastre natural sí da clicks. De los pocos detalles que dieron es que en la ola de violencia tuvo mucho que ver el excesivo consumo de alcohol.

Pero eso no es disculpa, aunque tenga que ver. No es el trago ni la fecha, más allá de que en ocasiones especiales como Navidad, Día de la Madre, puentes festivos y pago de quincena perdamos la cabeza y cometamos atrocidades. Somos nosotros, que tenemos el diablo adentro, vaya uno a saber por qué. Somos especialistas en convertir las celebraciones en tragedia.

La cifra de los 54 asesinatos durante las fiestas no viene sola, está adornada por siete mil peleas (1700 de ellas en Bogotá), diez mil llamadas a la línea de emergencia, 18 muertos en accidentes de tránsito y más de trescientos quemados por pólvora. Vaya uno a saber si es retroceso, azar o error en las estadísticas que dan los entes oficiales, pero en 2011 se presentaron 25 asesinados y 18 quemados en todo el país.

Lo cierto es que, insisto, no es la Navidad, somos nosotros. Lo demás es excusa. No es que yo sea violento, es que ese hijueputa de Rafael Uribe merece que lo empalen (a ratos también creo que merece algo mas que la cárcel). No soy yo, es que es hincha de otro equipo. No soy yo,  es mi jefe; no soy yo, es que el del carril de allá me cerró. Y ahora la mejor de todas: no soy yo, es que 2016 ha sido un año muy malo.

Siempre hay algo que nos saca lo peor, y Navidad cumple como fachada perfecta para todos nuestros excesos. Somos criminales en potencia quizá, un arma cargada, y nos la pasamos buscando pretextos para disparar. Uribe o Santos, las Farc, hasta Messi o Cristiano Ronaldo, cualquier tema, cualquier hecho es un detonante para darle rienda suelta a nuestro odio.

Diciembre suele ser una cosa jodida. Se acaba el año, hay fiesta, hay comida, hay vacaciones, hay trago. La vida, toda ella, es también una vaina jodida. La vivimos porque estamos acá y toca, pero no es que sepamos mucho cómo asumirla. Aunque lo peor es el otro, él siempre es el malparido. Nosotros, en cambio, somos unos ángeles.

 

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