Los héroes perrunos sí existen

Por Mauricio Barrantes

La donación de sangre en perros, aunque llena de dudas a las familias, puede salvar vidas y dar esperanza a otros seres.

Paco tiene un poco más de dos años, una familia amorosa y una energía envidiable. El pasado martes fue sedado, pasó una noche fuera de casa y estuvo al lado de Baco, a quien nunca había visto en la vida y al que le dio esperanzas de seguir batiendo la cola gracias a una generosa donación de sangre. En apenas algunas horas, un pedido de ayuda por redes sociales dio paso al milagro de encontrar un donante perruno de más de 45 kilos, cuando los bancos de sangre no tenían disponibilidad y la fe por toparse por una acción altruista llegaba a su nivel mínimo.

Lo curioso es que años atrás, Baco también había donado sangre, sin saber que luego él necesitaría de una familia solidaria para sobrevivir a la erliquiosis que lo dejó en un estado crítico de anemia. Pero como los héroes perrunos sí existen, un mensaje por WhatsApp del dueño de Paco, Andrés, dejaría a la familia de Baco con una luz de esperanza de salvar al ser que por seis años había llenado de tantas alegrías sus vidas.

Aunque esta no es una historia feliz, sí es una historia que merece ser contada. Y es que pese a que el cuadro de salud de Baco incluía un tumor en el bazo y problemas de azúcar, algo que hacía difícil que sobreviviera aún con la donación, queda claro que lo más importante a rescatar es la valentía de un héroe silencioso como Paco, un bernés de la montaña que, gracias a tener una familia llena de amor, pasó de estar en la comodidad de su casa a dar esperanza de vida a otro ser.

No es una decisión fácil por los miedos que se construyen sobre la idea de donar sangre, ¿por qué prestar a mi perro para ayudar a alguno desconocido?, ¿por qué sedar a mi perro?, ¿por qué no simplemente nos quedamos en casa y continuamos con nuestras vidas? Básicamente esa es la diferencia entre quienes pasan de los pensamientos y las frases en redes sociales a la acción, al verdadero servicio de ayudar a cualquier ser, sin importar si son amigos, si es familia, sino entendiendo a la sociedad como un lugar en el que todos pueden ser solidarios.

Aunque hoy Baco pasa sus últimos días de vida en el campo, tras no recibir más esperanza de los veterinarios, él y sus seres queridos siempre estarán inmensamente agradecidos por haber encontrado a Paco y a su familia, que de manera desinteresada les demostraron que la esperanza no es solo con la vida, sino particularmente con las acciones.

Sé que he sido un perro afortunado. He visto a compañeros sufrir el frío de la calle, la indolencia de conductores que los arrollan y muchos que llegan a maltratarlos. Por eso, cuando mis veterinarios dijeron que tenía una anemia grave, un tumor en el bazo y que la transfusión era urgente, mantuve la calma, aunque mi respiración estaba cada vez más agitada, mi ánimo decaído y no tenía ganas de comer. Vi llorar a mi familia y no podía darles consuelo, mi cuerpo no me respondía, pero por fortuna la esperanza en sus ojos fue evidente cuando un compañero desinteresado ingresó en la sala. Su nombre, Paco, nunca lo olvidaré.

La transfusión fue un éxito, pero hay cosas que no se pueden alargar y mi tiempo aquí está llegando a su fin. En medio de aprender también a morir, al lado de la naturaleza y en libertad plena, no dejo de creer en algunas cosas, en que el amor de mi familia se seguirá multiplicando hacia otros seres aunque yo no esté y en que también se multiplicarán las acciones como la de la familia de Paco, porque donar sangre no debe generar miedo, sino orgullo.

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