Chunga y Chimá

Por Nicolás Samper

Twitter: @Udsnoexisten

Son un fetiche futbolístico. Al menos para mí. Estoy pendiente de ellos, espero que estén de buen ánimo, cuando los veo calentar en el borde del campo, mientras que el titular se retuerce adolorido seguramente haciendo tiempo. Y ahí el alma me duele porque yo también fui suplente. Muy suplente en el fútbol de colegio, casi como un triciclo que se abandona en el cuarto de san alejo. 

Es por eso que me obsesionan en especial los arqueros. Me da dolor por ellos porque pocas veces entran. Además tanto el arquero titular, como el entrenador y los demás compañeros les encanta jugar con la mente del muchacho –o el anciano– enviándolo a calentar y a ponerse los guantes para que la llama de la ilusión de jugar se encienda. Y uno los ve ahí, con los ojos bien abiertos –como cuando el profesor decía nuestro apellido para hacer un ejercicio en el tablero–, llenos de nervios pero también de dicha para poder acabar esa virginidad extendida que vive un portero en la banca.

Pero la imagen suele ser la misma siempre: el titular se levanta con cara de drama y sube el pulgar hacia el banquillo diciendo que sí, que tranquilos, que aún tiene fuerzas para seguir parado en su frontera de 7,32 por 2,44. En ese momento el relevista que estaba pendiente en caso de paz o emergencia, baja la cabeza, se quita los guantes y se sienta de nuevo a esperar que un día deje de llover tanto sobre su techo.

Javier Chimá era uno de esos sacrificados. Cada vez que pensaba que el cielo se iba a despejar, le clavaban un arquero extranjero: así que por su carrera tuvo que aguantar a Carnevali, Delménico, Pogany, Quiroga, Goyén, Carrabs… pocas veces tapó, pero me acuerdo que Gregorio Peñaloza –periodista en recuperación, como él mismo se describe con gracia en estos tiempos llenos de complejidad y aguante para él– se fue a entrevistar a Chimá un día en Barranquilla y supo que andaba bien de dinero, cómodo, feliz y además casado con una exreina del Carnaval de Barranquilla.

Cuando supe de eso me puse feliz por Chimá. Porque bien merecía tener una buena vida después de tanto sacrificio en su carrera. Y el turno es ahora de José Luis Chunga. En su vida parecía que no iba a ver jamás la puerta del Junior: era el tercer arquero, desplazado por Sebastián Viera y por Carlos ‘Peto’ Rodríguez. Un día la desgracia de uno fue la fortuna del otro: Viera había sido suspendido y ‘el Peto’ –que iba a ser inicialista– debió rendir cuentas ante la justicia por maltrato a su pareja. Y Chunga se quedó solo en medio de la autopista con la opción de hacer la suya en un encuentro frente a Equidad.

Las veces que a Chunga le tocó acudir a la responsabilidad de reemplazar al uruguayo Viera respondió siempre muy bien, más en la primera final de la Copa ante Atlético Nacional. Bien Giovanny Hernández debería darle parte de su sueldo del mes porque las manos del guardameta lo salvaron de una humillación espantosa, y en especial, gracias a Chunga la final quedó más viva que nunca.

Salud a Chunga, tipo paciente, de pocos flashes y escasas fotografías futbolísticas porque siempre está atento cuando se le necesita. 

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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