Triunfos mentales

Por: Nicolás Samper C. / @udsnoexisten

Por Nicolás Samper

La última rueda de prensa antes del Mundial de Brasil era una laguna de lágrimas. Y de miedos. Y de angustias. Con los ojos llorosos, José Pékerman anunciaba que no iban a poder viajar a Brasil Amaranto Perea, Luis Muriel y Radamel Falcao García. Y a los tres implicados también se les veía perdido el fulgor de los ojos. No era una decisión caprichosa del DT: las lesiones y el estado físico (Muriel) nos metían de pronto en un escenario lleno de incomodidades porque Colombia viajaba sin su mejor carta: Falcao, el goleador de un país árido de goles, se bajaba del avión por aquel choque increíblemente desafortunado con el humilde Soner Ertek.

La última rueda de prensa de José Pékerman antes de jugar contra Paraguay, hace muy poco, lo mostraba en una situación similar: él era el centro de las miradas frente a la preocupación general por saber si James Rodríguez –el ángel que apareció ante la ausencia de Falcao en 2014– iba a estar presente en el Defensores del Chaco. También, hoy por hoy, es nuestra mejor carta. Pékerman, imperturbable, dijo que no, que el tiempo de recuperación iba a ser más largo y que había que arreglárselas con otros nombres.

Las dos situaciones guardaban parecidos ciertos: era irse a jugar una carta muy brava dejando a un lado a la estrella. Y más bravo es este escenario de hoy, en el que las convocatorias de Pékerman hicieron que se levantaran críticas sobre su capacidad. Aun así el entrenador entendió que el reto era –y a fe que pudo demostrarlo– saber usar la cabeza fría en situaciones límite. Se la jugó por tipos por los que, salvo él, nadie apostaba: Aguilar y Barrios, y además tenía que resolver el asunto de entrar a la cancha sin su mejor jugador.

Fue entonces donde de nuevo Pékerman ganó su propia partida. El colectivo, el overol y el sudor se pusieron a servicio del equipo. Y la posibilidad de creernos que sí, que se puede ganar con lo que hay. Sin brillantez y sin lujos –a veces lo duro de estas eliminatorias suramericanas obliga a esconder el esmoquin– y con un grado de efectividad asombroso. De dos opciones claras en el partido, Cardona concretó una y los tres puntos se quedaron en nuestro bolsillo.

El martes Uruguay –el mejor equipo de esta ronda eliminatoria– estará midiendo el aceite aunque con sus precauciones: la última vez que estuvieron en Barranquilla el calor los destruyó cuando apenas pisaban el campo y tuvieron que devolverse a Montevideo con cuatro en la bolsa. Era otro equipo, tanto para Uruguay como para Colombia, y eso hace que las circunstancias sean diferentísimas.

Sin embargo, al menos en quien escribe estas líneas, hay tranquilidad de saber que más allá del resultado que se obtenga el martes –ojalá triunfo, cómo no– existe un tipo capaz de poder encauzar tanto drama colombiano que pide su salida un día y quiere sacarlo del carro de bomberos a la mañana siguiente.

Además, por lo visto en cancha, su tropa confía en sus decisiones.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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