Síndromes psiquiátricos I

Por Andrés Ospina - @ElBlogotazo

Por Publimetro Colombia

Tras descubrir las trompas uterinas, el signore Gabriele Falloppio consiguió inmortalizarse. El británico mister James Parkinson se eternizó gracias al padecimiento piscomotor por él detectado. El germano herr Alois Alzheimer garantizó su perpetuidad mediante aquel mal memorístico a su nombre. Y según muchos especuladores, un cortesano de Carlos II apellidado Quondam o Condom, fue quien primero aplicó las técnicas de anticoncepción por barrera, valiéndose de un profiláctico fabricado con intestinos de borrego. Debido a ello, hoy algunos sostienen que al desenfundar un preservativo de látex, todos deberíamos elevar una plegaria ante el legado de esta alma benefactora.

En concordancia con dicho espíritu, como un aporte más a los adelantos locales en materia neuropsiquiátrica, la Fundación Gabriel Antonio Goyeneche Corredor para la Salvaguardia del Líder Desquiciado me privilegió con la generosidad de compartirme un documento adelantado por su departamento de investigaciones. Reseña nuevas patologías mentales detectadas en suelo patrio. Aparte de aplaudir el esfuerzo de estos hombres y mujeres de ciencia, he querido aprovechar la presente vitrina para alertar a los ciudadanos de bien con respecto a estas novedosas vertientes del sufrimiento humano. Líbrenos Santa Dimpna, patrona de los trastornos del pensamiento, de padecerlas. Pero aquí vamos….

Síndrome de Azcárate: condición psicopatológica de corte narcisista caracterizada por una percepción distorsionada sobre sí y una autoestima intelectual exacerbada y sin fundamento. El paciente cree ser más inteligente de lo que en efecto es. Sintomatología: indolencia, humor incompasivo, arrogancia escénica. Pronóstico: terminal.

Síndrome de César Rincón: trastorno fonoaudiológico de repercusiones amplias consistente en la adopción de un acento foráneo tras un viaje al extranjero. Sintomatología: pronunciación errada de los fonemas ‘c’, ‘z’, ‘s’ a la manera ibérica. Pronóstico: irreversible. Ni después de veinte años de retorno al suelo de origen el enfermo entra en remisión.

Síndrome de Jose Gaviria: convicción delirante sobre dones propios. Quien lo padece está convencido de ser gurú musical, sin pergaminos que lo justifiquen. Sintomatología: omisión del acento final del nombre propio, para agregarle algún dejo de sofisticación. Pronóstico: letal. Cuando la víctima no está produciendo bodrios antológicos como Mamisonga, la hace de jurado profesional de reality.

Síndrome de Ordóñez: modalidad de perversión puritana, confesional y camandulera. Los afectados se tornan en apóstoles de la infamia. Pese a posar de defensores de la transparencia estatal, sus posiciones resultan apasionadas, sesgadas y perniciosas. Sintomatología: aferramiento enfermizo al poder e ideaciones mezquinas. Pronóstico: letal.

Síndrome de Peñalosa: extraña vertiente de soberbia. El afectado se cree capaz de venderle mentiras a una ciudad entera sin que esta chiste, para luego tornarse en vil comerciante de buses y busetas, y en depredador irrefrenable de bosques nativos. Sintomatología: argumentación débil, altivez, comentarios desaguisados. Pronóstico: irrelevante.

Síndrome de Luz Stella Boada: forma curiosa de distorsión ética y cognitiva. Los juristas son el grupo profesional en mayor riesgo. Síntomas: cinismo, inhumanidad, cretinismo, empleo absurdo de vocablos inadmisibles en documentos legales, estilo ‘maloso’. Yerros imperdonables en los juicios. Pronóstico: catastrófico.

Síndrome de Samper Ospina: tara consistente en suponerse humorista, mofarse de todos impunemente, y a la vez no tolerar que nadie se mofe de ti. Sintomatología: irritabilidad extrema. Niveles nulos de aguante a la crítica. Pronóstico: fatal. Es una condición con alto potencial de transmisibilidad. Un contagio masivo general puede derivar en una legión de borregos ‘retwitteadores’, arribistas e idólatras.

Continuará…

ACLARACIÓN: en la versión original de esta columna aludí a la patología de Peñalosa como “extraña modalidad de autismo soberbio”. Tras los comentarios de algunos lectores, caí en la vergonzosa cuenta de lo ofensivo que puede resultar para muchos el uso de dicho término como ejemplo de actitudes reprochables. Admito mi error. Estaba jugando con la parodia y hoy veo que en ese preciso caso fue una considerable equivocación.   Mi solidaridad y mis disculpas para todos los lesionados por esta salida mía, sin duda desafortunada. Yo mismo tengo buenos amigos afectados por dicha condición. Evidentemente no dimensioné los alcances de lo que decía.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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