El amor es político

Mar Candela – ideóloga de Feminismo Artesanal.

Y en Colombia hoy más que nunca. Nada más político que el amor; el patriarcado nos impuso sus políticas amatorias a hombres y mujeres por igual. La diferencia radica en que las mujeres sufriremos mayores sanciones al faltar a esta norma. Seremos cuestionadas, señalas y sometidas a escarnio público si reconocemos abiertamente que no amaremos a un solo hombre exclusivamente en nuestra vida.

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Lo he dicho abiertamente, la monogamia es solo un modelo amatorio. Uno de muchos, impuesto por la religión en complicidad con la política, para controlarnos a nosotros y más específicamente a nuestro patrimonio; afirmación antes hecha por diferentes pensadores en distintos momentos; pensadores que no son muy populares porque no les conviene que esto se reflexione a quienes nos impusieron la monogamia como único modelo amatorio válido –y si agregamos al pastel el ingrediente de que algunos psiquiatras se dedican a encontrar patologías en todos los comportamientos humanos que no comprenden y que no pueden aceptar, entenderemos lo difícil que es hablar frontalmente de la bigamia y la poligamia–.

Prefiero hablar de relaciones biamorosas y poliamorosas para deshacerme de la carga simbólica del matrimonio, impuesto como el único camino para tener una relación amorosa respetable socialmente y no reprochada moralmente.

Soy una convencida de que los feminicidios casi desaparecerán el día que desmontemos la monogamia como único modelo amatorio aceptable, porque así se acabará el amor posesivo que considera que nosotras les pertenecemos a ellos y ellos a nosotras. Comparativamente son mucho menos los casos de mujeres que asesinan a un hombre “por no amarlas solo a ellas”; esto se debe a que las mujeres fuimos educadas para perdonarles a los hombres esa falta, porque se cree en eso de que ellos son “débiles” y nosotras su “tentación”. Si un hombre rompe con su relación monógama será culpabilidad de una mujer que lo tentó y no de su humanidad y su elección de asumir una relación sexo-afectiva alterna.

A los hombres, por su parte, los educaron para considerar que si “su mujer” decide tener una relación afectiva simultánea, es una “mala mujer”, “se portó mal”, “es una puta” y debe ser castigada –muchos consideran que el castigo debe ser la muerte y afirman “mía o de nadie”–.

Es común escuchar a feminicidas afirmar “la mate porque era mía” y aunque, en contraste, son menos las mujeres que asesinan a “su hombres” afirmando “mío o de nadie”, debemos preocuparnos ante el aumento de esta realidad.

Hombres y mujeres debemos liberarnos del amor posesivo. Con esto no estoy invitando a las personas a tener “X o Y” práctica amatoria, sino a comprender que las prácticas amatorias son amplias y diversas y han sido castradas por las políticas patriarcales –no es casual que en los pocos países en los que se mantiene la idea de “muchas esposas” no se contempla la idea de “dos o muchos esposos”; es más, se dice que “un hombre puede tener las esposas que puede mantener”–. Es importante también que comprendamos que poliamor no es lo mismo que promiscuidad.

Actualmente, uno de los defensores de la poligamia es el psicólogo Christopher Ryan, quien afirma algo que todas las personas poliamorosas deben tener en cuenta para escoger muy bien con quién construir relaciones sexo-afectivas. Dice: “Sí, somos primates, pero somos primates que no están exentos de sentirse heridos y conflictuados con y por una relación polígama, a diferencia de los chimpancés y bonobos. Tal vez por ello la monogamia es más cómoda”.

La poligamia no implica dejar de s entir emociones y sufrir por ellas; no implica falta de compromiso afectivo, todo lo contrario; es por esto que ser una persona monógama es menos agotador. La promiscuidad no es igual a la monogamia, puesto que en la promiscuidad no comprometemos emociones; solo se trata de disfrutar de la química sexual sin intimar ni entregar el corazón. Por esa razón es mucha la gente que prefiere esas relaciones sin sustancia almática, que solo involucran la química sexual y el deseo del momento. De hecho, la promiscuidad es el mecanismo de defensa de personas que no quieren sufrir por amor; algunas incluso deciden “no repetir polvos” para no empatizar. Otras prefieren incluso pagar por atención sexual evitando hacer daño al corazón de personas que no tienen por qué asumir   su realidad afectiva sin conocerla. En lo personal, encuentro mayor decoro en quienes pagan por sus polvos tomando servicios de atención sexual con personas expertas en ese ejercicio, pensando en no involucrar sus sentimientos, que en aquellas personas que seducen y siembran amor solo para ganarse un polvo y les arruinan la vida afectiva a quienes sí entregan   mucho más que eso.

Otras maneras de amar sí son posibles, para lograrlo necesitamos hablar claramente siempre con las personas con las que queremos tejer algún tipo de relación.

La honestidad afectiva quiebra las políticas amatorias patriarcales impuestas por la complicidad entre Iglesia y Estado, y por ahí derecho construye una sociedad con la capacidad para amar en verdad y en libertad. Las personas poliamorosas tienen un reto político y social que salva vidas. No dejarse someter por el miedo al desprecio afectivo, a la soledad y, por esto, tener que obligarse a vivir una doble moral amatoria. Aprender a hablar con sinceridad a las personas que amamos sobre nuestra realidad afectiva y permitir que ellas decidan asumir la relación o descartarla es el único camino para acabar con las prácticas amorosas dominantes, posesivas, que siempre desembocan en violencias.

La paz empieza por el amor gozoso, libertario y sin sacrificios.

Sé que no es fácil, que todas las personas tenemos miedo a ser juzgadas, tachadas y, sobre todo, condenadas o despreciadas por nuestra naturaleza. No puedo decirles cómo liberarse de esta carga, pero sí puedo asegurarles que ser honestos con las personas que amamos nos da paz y construye una dinámica amatoria que libera y sana. Una dinámica amatoria que engendra sociedades listas para amar y no para poseer.

No estamos obligados a aceptar un único y válido modelo amatorio; es irreal e injusto –es inhumano–.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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