La otra reserva

Por Adolfo Zableh Durán

Adolfo Zableh Durán
 
Ya Peñalosa había tratado de construir sobre la reserva Thomas van der Hammen cuando fue alcalde la década pasada, no lo notamos porque no había redes sociales e indignarse aún no estaba de moda. Ahora, otra vez al frente de la capital, ha vuelto a la carga con la idea de urbanizarla, levantando todo tipo de opiniones.
 
Están los más, los que lo atacan, defendiendo la idea de que al pavimentarla con cemento y ladrillos acabaremos con fuentes de agua, además de especies de plantas y animales. Eso lo piensa, por ejemplo, Manuel Rodríguez, exministro de Ambiente. Del otro lado, y a favor de urbanizar 1200 de las 1400 hectáreas de la Van der Hammen, está Francisco Cruz Prada, secretario de Ambiente de la actual alcaldía, que sostiene que no hay reservas intocables y que lo que se va a urbanizar no afecta la reserva en sí. Es decir, lo valioso del asunto está en las 200 hectáreas que no se van a tocar. Antes de que su nombre empezara a sonar, muchos no sabíamos (ni sabemos aún) que tal reserva existía ni en qué parte de la ciudad se encontraba; también desconocemos con exactitud qué contiene, el punto es que el tema está caliente.
 
Pero muchas veces lo mediático no es lo más importante, y aunque no se trata de restarle importancia, lo que ocurre en la reserva Van der Hammen suena a poco comparado con lo que está pasando en los cerros orientales de la ciudad: hace más de un mes, la quebrada Rosales amaneció seca por cuenta de cinco construcciones que en teoría son ilegales. Sin la prensa y el ruido de la Van der Hammen, los vecinos del sector le han hecho eco al asunto con volantes, y su voz poco o nada se ha oído en los grandes medios de comunicación.
 
Movimientos ciudadanos, volantes repartidos y unas cuantas protestas, pero hasta ahí. Y eso que desde 2005 está prohibido construir sobre los cerros, razón por la cual cuatro de las cinco obras se encuentran hoy selladas. La restante no sufrió sanción alguna porque fue construida antes de dicha sentencia. Hoy están selladas, decía, pero mañana ya veremos, porque acá la justicia y las reglas están para pasárnoslas por la faja. Y aunque no me considero ecologista ni me rasgo las vestiduras cuando urbanizan algo porque entiendo que, antes de existir mi casa y la suya había un lindo prado con agua y animales, duele ver que cada vez hay menos espacio para la naturaleza.
 
Por lo pronto, si quiere ayudar y lo suyo es indignarse desde las redes sociales, acá les dejo la foto del volante que denuncia la situación y el hashtag #FirmePorLosCerros, a ver si alguna vez los buenos dejan de ganar solo en las películas.

Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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