Me quedo con mis ochenta

Por: Andrés Ospina / @elBlogotazo

Si se me pidiera escoger entre el presente y los ochenta de mi infancia y primera adolescencia, sin dudarlo optaría por lo segundo. Lo digo no porque ande comprometido con aquella sobreexpuesta cultura pop tipo Full 80’s, ni porque me conmuevan esas manoseadas cadenas que circulan vía redes, exaltando las ventajas de jugar con recipientes de galletas al compararlas con el X-Box. El mundo siempre ha tenido mucho de infernal. Pero bien lo sentenció el malhablado sabio: “De los males, el menos peor”.

PUBLICIDAD

Lo cierto es que encuentro más amigable aquella década… Cuando don Alfonso Castellanos era Google… pues solo él sabía quién sabía lo que nosotros no. Cuando el periodismo de derecha estaba representado decorosamente por el pintoresco cascarrabias de don Arturo Abella y no por la reportería sesgada y conspiradora de Claudia Gurisatti. Cuando los inmortales no se nos habían muerto y la vida lucía impensable sin Juan Pablo II, Gloria Valencia, Michael Jackson, López Michelsen, Bowie, Turbay, Chespirito o Pacheco. Cuando a cambio de ‘Máster Chef’ había ‘Saúl en la olla’, y para bailar con las estrellas contábamos con el ‘pasito cachaco’ de Lizarazo en ‘Baila de rumba’.

Cuando la renovación era cosa de Galán y no de los delfines que para desdicha nuestra el mártir nos dejó como legado. Cuando en cuestiones cómicas reinaba Daniel Samper Pizano y no su heredero. Cuando Klim hacía columnas en pantuflas desde algún apartamento chapineruno y no Ramoncito agazapado en el Juan Valdez de la 93. Cuando, ‘Premiere Caracol’, Betatonio y los ‘Clásicos del terror’ suplían con modestia la función de Netflix.

Cuando hablar de guerrilla evocaba a los entrañables Carlos Pizarro y Antonio Navarro y no a los ‘malencarados’ Iván Márquez o Simón Trinidad. Cuando el castellano aún nos resultaba digno y por tanto había más panaderías y gimnasios que bakeries y gyms. Cuando Millonarios doblaba en títulos a cualquiera de sus rivales —como debía ser— y el nivel de nuestro balompié en clubes era competitivo. Cuando no se habían inventado el despropósito aquel de los torneos cortos o las copas inservibles.

Cuando padecíamos la “Bogotá para todos” de Pastrana y no la “Bogotá mejor para todos” de hogaño, otra muestra de cuánto han avanzado nuestros publicistas en materia creativa. Cuando con todo y sus pauperismos técnicos las tres cadenas televisivas de las que disponíamos nos ofrecían una parrilla variada y decente. Cuando —por lo mismo— Elenco hacía periodismo y no vulgar chismorreo de farándula. Cuando el dólar no llegaba ni a quinientos pesos. Cuando los rockeros más veteranos del planeta eran sub-45, y eso ya parecía hazaña. Cuando reinas y futbolistas nos triplicaban la edad y no éramos nosotros quienes ya la teníamos para ser sus progenitores. Cuando MTV transmitía videos. Cuando existían 88.9, Tequendama, Fantasía o Stereo 1-95 FM y no los maltratadores de La Mega o los matutinos de Candela.

La lista, ya ven, podría devenirse infinita. Y sí: hoy revindicamos derechos que otrora no, hay internet, las minorías han ganado espacios y en ámbitos medioambientalistas el incremento en la conciencia va avanzando. Pero aun así y con el panorama posterior como se vislumbra, no me queda más que afirmar mi muy personal queja ante la crueldad de estos tiempos… pues definitivamente el futuro no fue como lo prejuzgamos.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

Tags

Lo Último