Espositos

Por MAURICIO BARRANTES

El amor de la vida es una ficción bien vendida; y como ficción, es fácil de digerir en películas, series, telenovelas o videoclips, con una duración que varía entre los tres minutos, un par de horas y hasta varios meses (o temporadas, para ser más específicos). Sin embargo, cuando el amor es visto con la crudeza de los años, la rutina, los malos ‘polvos’, los cuerpos desgastados y los chistes que luego de un tiempo se escuchan flojísimos, el reto es otro y la salida no depende del guion, de la cámara o de la buena dirección, sino del talento para solucionar los problemas de la vida real.

Ese es el caso de Fin de semana en París, una película que reúne a una pareja madura que viaja a una ciudad mágica para celebrar el amor, o quizás para entender su desamor. Con una cuidadosa dirección, cada escena emociona al espectador con situaciones reales de pareja, las cuales son mucho más interesantes que el sinsentido del “todo está perfecto esposita”. Además, el público sale mucho más enamorado al ser testigo de la sinceridad de los protagonistas, quienes en medio de sus defectos y debilidades se conectan con la audiencia gracias a que logran ser divertidos, aventureros y al tiempo verosímiles, algo esencial para el éxito de cualquier matrimonio.

Del amor duradero pasemos al fracaso en algunas relaciones. Joy, el nombre del éxito, aunque no se centra en la relación marido y mujer (más bien un poco en la de la protagonista con su exmarido), deja ver que lo importante en cualquier matrimonio es la amistad y que el amor verdadero va más allá de unos papeles o una bendición que asegure que se está, o no, casado. La cinta tiene a Jennifer Lawrence en un rol excepcional, algo que demuestra que esta mujer “nació parada”, y al tiempo cuenta con una historia que luce arriesgada en argumento y cámara y que por momentos permite que el espectador sueñe un poco.

La película tuvo la mala suerte de no contar con el apoyo del sector cultivado de la crítica, tras desatarse un dominó de malos comentarios en donde cada ficha (opinión) es una mala repetición de la anterior. Sería más divertido ser crítico de la crítica porque parece que lo único que está de moda es rendirse a Iñárritu y exigir un Óscar para DiCaprio. Por eso, y en vez de caer en ese desazón mecánico de repetir el grito de la ‘selecta masa’, prefiero defender lo indefendible y decir que Joy me pareció una buena película, la que me repetiría encantado.

Así que invito a quienes no le hacen caso a las estrellas ni de hoteles, ni de restaurantes, ni de películas, y a quienes tampoco creen en la idea del felices por siempre sea tan “gratis”, a que vean mucho cine, comercial y no comercial, para que sientan identificación con los protagonistas, para que cultiven su propio gusto (o mal gusto como es mi caso). Al final, su opinión es la que vale y recuerde que siempre se le podrá decir baaah a los críticos y baaah a la idea de los perfectos espositos.  

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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