¡No, gracias!

Por: Zalman Ben-Chaim zalman@zalman5k.com. Koach personal y empresarial. Conferencista, autor, radio host y panelista en LunaBLU de BLURadio

Por Zalman Ben-Chaim

Todos en algún momento de la vida (algunos toda la vida) hemos tratado de buscar aceptación ante nuestro entorno, bien sea de nuestros amigos, padres, jefes o pareja, y con esto hemos llegado a hacer una gran cantidad de cosas que incluso pueden llegar a ir en contra de nuestra propia forma de ser, llevando a que nos neguemos a nosotros mismos.

Por ese afán de ser aceptados aceptamos para nuestra vida cosas que normalmente no haríamos o nos gustaría tener con nosotros: personas que nos desagradan, actividades que nos aburren o simplemente asumimos actitudes que, aunque nos incomodan, pensamos que pueden llevarnos a tener una mejor posición y que a la larga nos darán tranquilidad si tan solo podemos soportar un poco.

Sin embargo, cuando hacemos este tipo de cosas no estamos haciendo nada diferente que negarnos a nosotros mismos, como si fuese un requisito social tratar de caerles bien a todas las personas y ser una copia más de lo que todos imaginan debes ser; vivir estresados por situaciones incómodas en las que nosotros mismos nos involucramos y que podrían cambiar con un simple par de palabras: “¡No, gracias!”.

Cuando estamos buscando ser aceptados a toda costa se nos olvida que podemos decir “no” ante algunas solicitudes, actitudes o situaciones. Pensamos que negarnos a hacer algo puede ser malo, cuando en realidad lo que está marcando es nuestra posición ante una situación y reafirmando nuestro carácter ante los demás y con nosotros mismos.

No tenemos obligación de acceder a todo lo que nuestro entorno nos pide, ni de agradar a todas las personas que nos rodean; en cambio tenemos la obligación de no empeñar nuestra felicidad y de entregarnos a buscarla y construirla, de ser felices para nosotros y de esta manera compartir lo mejor de nosotros con todo lo que nos rodea, tenemos la obligación de disfrutarnos siendo únicos y no pretendiendo ser una copia de algo o alguien más.

Y es que el hecho de que seamos únicos no es algo que debamos aprender o entender, simplemente lo somos, lo que depende de nosotros es si decidimos disfrutarlo o no. Aprender a decir “no” a ciertas personas, actitudes o situaciones no solo marca nuestro carácter, sino que además define nuestro camino y establece un mensaje claro ante la vida: ¡merezco otra cosa, merezco estar mejor!

Por dejarnos llevar por lo que la mayoría piensa no avanzamos como sociedad, porque es más fácil quejarnos que tratar de ir en contra de ellos; aceptamos trabajos que no nos hacen felices, o permitimos que nuestros jefes pasen por encima nuestro, simplemente porque creemos que él tiene el poder, cuando en realidad solo tiene un cargo que sería nada sin un empleado como tú; por no saber decir “no” hay personas que aceptan ser maltratadas física y/o emocionalmente por su pareja, pensando que no van a encontrar nada más o no merecen nada mejor, y ejemplos como estos hay en todas las esferas de la vida, y lo único que logras es alejarte cada vez más de tu felicidad. Por no saber decir “no” es probable que te estés perdiendo de un gran “sí”.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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