¡Vagabunda!

Por: Mauricio Barrantes / @Mauriciobch

Por Mauricio Barrantes

La conocí en una carretera y solo con verla pude notar que se trataba de una vagabunda, sin rumbo, ni futuro. Me llamó la atención que su belleza contrastara con el desagradable olor que expelía, pero fue luego de la entrevista que entendí que esa pobre mujer atravesaba por una situación muy difícil, de andar por la calle sin trabajo, viviendo de la compasión de la gente.

Así habría descrito el periodista su encuentro con Cheryl Strayed, personaje principal de la película Alma salvaje (Wild), en una escena que por defecto de formación no pude evitar guardar. Él, que apenas tuvo tiempo para tomar una foto y hacer un par de preguntas, resume con su comportamiento la fórmula del éxito en ficción y realidad: dosis permitidas de miseria, sexo e ilusión que entretienen.

Alma salvaje no cae en ese tentador método, pese a que cuenta con ingredientes taquilleros como la promiscuidad de la protagonista, sus adicciones y hasta una tragedia tipo lágrima fácil, que si fueran manejados sin decencia le significarían trending topic en Twitter, merchandising a más no poder y un club de fans compuesto de cientos de adolescentes. En vez de eso, la película se la juega por el “and the Oscar goes to” gracias a una notable actuación de Reese Whiterspoon y a la dirección del canadiense Jean-Marc Vallée, el mismo de Dallas Buyers Club (para quien le sirva como referencia).

La historia es un diamante en bruto, que es precedida por un gran éxito literario, y que cautiva por tratarse de un relato real. La falla está a la hora de comunicar, algo tan básico para vender la experiencia de ir a cine y que muchos ‘huesos’ saben hacer muy bien. Aquí el cartel de Whiterspoon y una maleta excluye a varios públicos de la posibilidad de sentir identificación con la vida de Strayed, que va más allá de un recorrido de tres meses y permite reflexionar acerca de las cargas del pasado y de la forma de deshacerse de ellas.

Quizás habría sido más atrayente vender el perfil de una mujer que se puede acostar con decenas de tipos por placer, inyectarse heroína y crear su propia redención lejos de un dios, en donde lo más sagrado es la naturaleza; y el lápiz labial o el desodorante pasan a un segundo plano, para dejar salir las debilidades y los miedos más profundos. Descripción que a más de uno lo pudiera molestar e incitar a gritarle “¡vagabunda!”, ciñéndose a la despectiva y machista interpretación de la palabra. Pero no se haga rollos en la cabeza, la película invita a descansar de cualquier juicio moral y disfrutar de un manejo estético y narrativo sólido.

Como no se trata de un filme que derroche en publicidad, usted puede llegar a él, bien por referencias, o por el descarte a la pregunta “ ¿ para qué función le quedan boletas?”. Tenga la seguridad que si es por sexo, encontrará mejores escenas que la sobrevendida Cincuenta sombras de Grey; y si es por ilusión, su mente podrá tener un viaje mucho más fresco y enriquecedor con Alma salvaje que con cualquier otra de las opciones que inundan las salas de los múltiplex.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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