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El sentido relato de la familia del primer médico que murió por coronavirus

“Los amo mucho”, fueron las últimas palabras que les dijo a su esposa e hijos.

«Sin un abrazo», así se titula la columna de Daniel Coronell que narra lo que vivió la familia de Carlos Fabián Nieto, el primer médico que murió en Colombia por el coronavirus. El sentido relato de la familia del primer médico que murió por coronavirus.

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En su columna, el periodista relata lo que le contaron la esposa y los padres del médico, que jamás se imaginaron que lo perderían tan pronto.

Nieto tenía 33 años de edad y ninguna enfermedad previa o asociada. Se fue a la clínica con dolor de cabeza, algo de fiebre y tos, y después, por temas de aislamiento, su familia jamás lo pudo volver a ver.

«La primera vez no le hicieron prueba de coronavirus», afirmó su mamá Sandra Liliana Rojas a quien llamó por teléfono a Apartadó para contarle. «No parecía que hubiera estado expuesto. Creían que era otra clase de virosis. Le pusieron suero, lo hidrataron y se devolvió a la casa sintiéndose un poco mejor».

El sentido relato de la familia del primer médico que murió por coronavirus

Sin embargo, después de esto, los síntomas regresaron con más fuerza y decidió irse nuevamente para la clínica en su vehículo. Tenía vómito, diarrea, fiebre, dolor de cabeza y dificultades para respirar.

Le tomaron una placa «sugestiva» para coronavirus y lo internaron. Los resultados de la prueba como tal llegaron después.

Nieto estuvo once días conectado a un respirador mientras su esposa, que es bacterióloga, a quien conoció cuando estaba haciendo el rural, permanecía en casa cuidando a sus hijos de tres y un año de edad.

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«Tenía cara de enfermito», afirma Paola, su esposa, con nostalgia.  «Antes de salir nos dijo ‘Los amo mucho’… pero ni un beso, ni un abrazo. Todo de lejos. Cuando él cruzó esa puerta no me imaginé que nunca más lo iba a volver a ver».

Cuando los padres llegaron a Bogotá con ayuda del gobierno ya fue demasiado tarde. Ingresaron directo al cementerio Jardinez de Paz, donde casi no los dejan entrar por miedo al virus, y en donde solo pudieron ver  lejos cómo entró el ataúd al horno crematorio. No pudieron brindarle flores ni hacer siquiera una oración.

Ni siquiera su esposa Paola lo pudo acompañar, pues estaba lidiando con el pequeño de un año que también dio positivo para coronavirus.

«No lo pude abrazar, no lo pude volver a ver, no volveré a sentir su olor. He estado todos estos días aquí, sola, con los niños», dice Paola entre lágrimas al periodista. «Sola sin el abrazo de él, ni el de mi mamá, ni el de mi papá, ni el de mis suegros. Ellos no pueden venir a verme porque estamos aislados.

Al parecer, el pequeño se recupera satisfactoriamente de la enfermedad, mientras su madre y su hermana de tres años pasan el duelo solas en casa.

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