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La Bogotá rural, reto para cerrar la brecha

El próximo alcalde deberá atender las necesidades de los más de 17.000 habitantes de la Bogotá rural.

Hay 17.000 bogotanos para quienes su preocupación no está en los trancones, TransMilenio o los robos en la calle. Son habitantes que piensan en problemas rurales, cuyo acceso a la ciudad se ve separado por, en muchos casos, horas de camino. En las localidades de Ciudad Bolívar, Usme, Sumapaz, Suba, Santa Fe, San Cristóbal, Chapinero  y Usaquén, estos habitantes de la Bogotá rural trabajan, muchas veces, en una dinámica diferente a la de los 7.4 millones de habitantes urbanos de la ciudad.

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Aunque el 76% del área del Distrito Capital es rural, la dificultad de atender las necesidades de estos habitantes los hace sentir ignorados. También se ignora la posibilidad de una serie de tesoros de los que muchos bogotanos han oído, pero que consideran remotos o, incluso, los desconocen por completo.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Sumapaz, la única localidad totalmente rural de Bogotá. En su interior se encuentra un ecosistema único como lo es el área protegida del Parque Natural Nacional Páramo de Sumapaz.

El parque se encuentra expuesto al riesgo de la explotación económica de la Bogotá rural con cultivo de papa, cebolla y la crianza de ganado. Este ecosistema es crucial como fuente de los ríos Tunjuelo y Sumapaz, en la cuenca del Magdalena, y Guayabero, en la cuenca del Orinoco.

La Veeduría Distrital destacó la posibilidad de que en estas zonas se inicie una reconversión de actividades económicas para fortalecer la protección de sus ecosistemas. Una de las opciones que se podría implementar es potenciar el turismo rural, en especial en un área como la del Sumapaz, el páramo más grande del mundo.

Para esto, favorecen las obras que ha adelantado el IDU en la zona. La entidad realizó una reconstrucción de la vía Troncal Bolivariana, que desde Usme conecta con los poblados de Nazareth, San Juan y las veredas Olarte, Chisacá, Las Margaritas y Curubital. La obra fue inaugurada a principios del mes.

Con estas obras, la conexión entre Usme y Sumapaz pasó de durar más de tres horas a una hora y media. Un elemento importante es que la vía atraviesa áreas protegidas por Parques Naturales de Colombia, En estos tramos no se aplicó asfalto a la vía, por lo que es destapada, pero se realizó un trabajo de reafirmado con arena para recuperar las zonas desniveladas.

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Así, maravillas naturales como la Laguna de Chisacá, ubicada en el páramo a 3800 metros de altura, quedan a poco más de 45 minutos del cruce de Yomasa. Esto también beneficia a los productores agrícolas de ambos lados, que pueden llevar a la ciudad sus productos con mucho menos tiempo.

Aún así, la situación no es sencilla en la Bogotá rural. En 2013, el 88% de los habitantes rurales de Bogotá vivían con menos de un salario mínimo. Además de la expansión de la frontera agrícola, la intervención minera ilegal ha afectado seriamente estas zonas. Y en los bordes de la ciudad se ven afectaciones por invasiones, sobre todo en los cerros orientales y el extremo suroccidental de Ciudad Bolívar.

La Veeduría planteó la posibilidad de que se regule y se impulse el turismo rural con las comunidades, permitiendo así la conversión de actividades económicas y protegiendo los suelos. Las maravillas naturales y arqueológicas, como los petroglifos hallados en la Hacienda Santa Helena en 2014, ofrecen un patrimonio que la gran mayoría de Bogotá desconoce, y que bien explotado será una alternativa económica viable.

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