La colombiana que cambió Harvard por defender a mujeres de la cárcel de Sogamoso

La lucha de Charlie Ruth ha estado ligada a la innovación y los derechos de las mujeres. Eso le ha dado hasta premios de Naciones Unidas, pero hoy se dedica a defender los derechos de las mujeres, en especial las que purgan una condena.

Por María Paula Suárez Navas

Charlie Ruth, cuyo nombre es bastante particular porque sus padres querían que fuera varón, nació en 1990 en Bogotá y creció en una zona rural del municipio de Sogamoso, en Boyacá.

Crecer en un ambiente machista en una zona que se estaba viendo afectada por la guerrilla, como cuenta, la hicieron pensar que era inseguro ser niña, que no era fácil ser mujer y que había cosas que eran incompatibles por el hecho de pertenecer a este género como la ciencia, la tecnología y las matemáticas.

Sin embargo, sacó el mejor Icfes y consiguió una beca para estudiar Administración en la Universidad de los Andes, en Bogotá, la primera de muchas que la llevarían después a estudiar y trabajar en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, en temas de innovación. Al mismo tiempo, en Los Andes, hizo la carrera de derecho “nunca para convertirme en una abogada litigante, sino para encontrar genuinamente donde estaba la justicia”.

Pero lo que en realidad empezó a marcar su camino fue haber trabajado como voluntaria en la Fundación Mujeres en Colombia. “Se me abrió la puerta para ver que hay mujeres increíbles en este país luchando para que las cosas cambien. Ver desafíos, pero también creadoras de oportunidades fue un gran salto cuántico en mi vida”, cuenta Castro.

Terminó sus carreras y consiguió trabajo como directora nacional del programa Google Business Group, donde aprendió a unir personas que querían enseñar con aquellas que querían aprender, algo que le sirvió mucho para atender el llamado de Harvard University, lugar donde encontraría cercanía con temas como los derechos de las mujeres, la equidad de género y la transformación social, que le dieron herramientas para empezar a destacarse en el mundo.

En 2018, Charlie fue elegida entre más de mil personas de todo el mundo, como una de las seis jóvenes innovadoras menores de 35 años que recibió el premio Gente de Acción de Rotary: jóvenes innovadores”, otorgado por Rotary International y Naciones Unidas. Este premio fue concedido por su programa Nuevos Comienzos Innovando, desarrollado en la cárcel de Sogamoso desde 2017, y por el trabajo que lleva a cabo con la Fundación Mujeres con Derechos, que creó con la ayuda de varios socios cuando decidió regresar a Colombia a trabajar por las mujeres de su región.

“Estoy convencida de que una cárcel es un laboratorio de innovación, de paz y de reconciliación. Suena increíble, pero es así. La mayoría de las personas en la cárcel están ahí impulsadas por dos fuerzas malignas: la necesidad que hay detrás de la pobreza y de la violencia. La mayoría de las personas que están en la cárcel buscan una segunda oportunidad”, dice Charly, repitiendo las palabras que dijo en Kenia, ante Naciones Unidas, el año pasado.

“El problema es que el diseño de las cárceles no permite eso, todo lo contrario, pareciera que estuvieran intencionalmente diseñadas para desempoderar a las personas. Hay pequeñas grandes cosas que podrían cambiar una cárcel. La primera es el aprovechamiento del tiempo. No hay capacidad para que las personas estudien o trabajen, y por eso es que alguien que entra a una cárcel sale tres veces más resentido y menos útil para la sociedad”, dice Castro.

“Lo otro es que hay mucha corrupción. Mientras el Inpec siga siendo la entidad más corrupta de este país nada va a suceder y las cárceles se van a seguir convirtiendo en universidades del delito”, dice la activista.

Pero el panorama para Charlie en cuando a la igualdad de género es cada vez menos desolador.

“En Colombia y América Latina estamos levantando la alfombra y sacando toda la suciedad que por décadas acumulamos. Esto es un choque fuerte, pero es bueno darnos cuenta de qué está mal (…) Hay que visibilizar no solo lo de las mujeres que están en la cúspide, sino también el de las que están en la base, la voz es la herramienta más poderosa que tenemos”.

¿Cómo convencer a las mujeres de emprender su sueño?

Esta es la fórmula que Charlie aplica con niñas y hasta con las mujeres en la cárcel. Son siete pasos que van desde la estrategia hasta la implementación, que tienen que ver mucho con el tema de la innovación, vivida como un tema diario.

1. Entender dónde están los puntos de dolor: ¿Qué nos duele? ¿Dónde están esos problemas con los que realmente sentimos afinidad?

2. Sumergirse en ese problema que más lo afecta a uno y hacerse preguntas incómodas para ver dónde está la raíz del problema. Siempre hay una raíz.

3. Empezar a visibilizar cómo el problema no solo me afecta a mí y a mi comunidad, sino cómo este también está impactando a personas en otros territorios o circunstancias. Ahí está el potencial de escalabilidad.

4. Tomar acción: empezar a ver cuáles son las potenciales soluciones para resolver ese problema. Solo hay que pulir nuestra mente investigadora y acercarse a otros grupos que ya han avanzado en una solución.

5. Priorizar: ver qué realmente es pragmático dentro de una bandeja de soluciones.

6. Modelar la solución: nadie pide el modelo acabado o la solución perfecta. La mayoría de las personas fracasan sus emprendimientos porque no prueban.

7. Implementar: tiene una parte de fantasía y otra de realidad. Hay miles de recursos para hacerlo bien que hay que aprender para saber comunicar. “Piense que si el problema existe en su vida es porque quiere invitarlo a que usted sea parte de la solución”.

 

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