El viejo Ferry de Mompox que no quieren dejar morir

Lo que fue durante décadas la conexión entre los puertos fluviales de Bodega y Yatí, en el departamento de Bolívar, parece que tiene sus meses contados.

Por María Esperanza Arias Herrera

Eran las cinco de la mañana y una pequeña niña esperaba junto a su familia en un kiosko de palma a la orilla del río Magdalena. El sol apenas empezaba a salir y manchaba al río y la llanura de la Depresión Momposina con tintes rojizos.

Una hora antes ella había viajado desde Mompox hasta Bodega. Ahí esperaba a que el ferry prendiera sus motores y cargara los carros y camiones que hicieron fila durante toda la noche para poder llegar a Magangué.

Esa niña alguna vez fui yo, pero también pudo ser mi mamá, mi pequeña sobrina o cualquier persona nacida en la región, quienes por más de 40 años usaron este medio de transporte para salir de la isla formada por dos brazos del poderoso Magdalena.

Esa nostalgia con la que hoy recuerdo al Ferry de Mompox, que dentro de poco quedará opacado por el puente Roncador, el más extenso del país, es la misma con la que hace exactamente 44 años los habitantes miraban a los chaluperos que encontraban en ese ferry traído desde Barranquilla una amenaza.

Así lo revela un audio que salió a la luz esta semana y que recuerda la inauguración del Ferry de Mompox. Fue un día de agosto de 1974 cuando el alcalde de la época, Moisés Abuabara, quiso llevar el transporte que le daría paso al desarrollo de la región y al tiempo hacerle un regalo ese pueblo que estaba a punto de cumplir 450 años de fundación.

Adquisiciones como esta son el punto de partida para el progreso de Mompox. que sufre de un aislamiento, lo que llamamos un embotellamiento y este Ferry será la solución a una de las necesidades, para que pueda pasar la carga, para que llegue hasta acá el comercio”, se le escucha decir a un sacerdote de la época, quien luego agregó: “Me atrevo a decir que este ferry partirá en dos la historia moderna de Mompox”.

Y así ocurrió. Poco a poco el ferry fue tomando importancia, hasta convertirse en parte esencial para propios y visitantes. Durante los últimos 44 años este transporte fluvial ha trasladado diariamente, desde los puntos Bodega y Yatí, en Bolívar, a cientos de vehículos que cargan alimentos y todo tipo de productos. Pero también ha transportado a los profesores y alumnos de veredas retiradas, a los enfermos que eran remitidos a Magangué, a los turistas que llegaban en busca de los pescaditos de oro de los que hablaba Gabriel García Márquez… Y es que, hoy por hoy, acceder a Mompox no es tan fácil. Su compleja geografía por ser una isla en medio de un río hacen que llegar a este pueblo declarado Patrimonio Histórico por la UNESCO sea toda una odisea.

Alguna vez Yimmy Alvarado, amigo momposino, me dijo: “Ese es el precio que se tiene que pagar para vivir o conocer este paraíso”. Sin embargo, próximamente con la inauguración del puente Roncador ese precio disminuirá: ya no serán necesarias tantas horas de camino para llegar a la también llamada ‘Tierra de Dios’.

A pesar de a lo anterior, la tradición rara vez será amiga de la innovación, por eso algunos se resisten al cambio pese a que sobre el río Magdalena ya se observa con imponencia el Roncador.

Esto contrasta con la imagen del Ferry de Mompox anclado a la orilla del lado magangueleño. Durante varios meses tuvo que suspender su funcionamiento debido a las constantes fallas mecánicas que lo hacían quedarse varado en la mitad del río. “Es como un viejo, el ferry hay que mirarlo como un anciano al que ya le pesan sus años”, me dijo Luis Alfredo Domínguez, reconocido historiador momposino.

Hoy sigue con su labor, aunque es incierto su futuro para el 2019, cuando empiece a funcionar el puente. También es incierto el futuro para los distintos gremios que devengan su sustento diario de las actividades que ejercen en ambos puertos y que hoy se preguntan si ese regalo que se le entregó a la región hace 44 años se dejará abandonado hasta que un día la fuerza del Magdalena termine de destruirlo o si por el contrario se le da más vida a aquel viejo ferry para que siga siendo la ventana por la que se observan hermosos amaneceres.

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