“Esto no es cuestión de ser genio, sino de ser aplicado”: Santiago Beltrán

El sueño de este adolescente siempre fue ser el mejor en las Pruebas Saber 11, se lo propuso y lo logró. Así es Santiago Beltrán, uno de los más pilos de Colombia

Por Pamela López

Disciplina, dedicación y una que otra canción de Lorde fueron las claves para que Santiago Beltrán Garnica se convirtiera en el mejor bachiller del año. Su puntaje en las Pruebas Saber 11 fue de 476, el máximo es 500, y para él convertirse en el mejor de los mejores fue un sueño cumplido.

Santiago lee 20 libros al año y toca el violín, “antes de entrar al Calatrava no leía mucho, pero allá tienen un plan lector y pues me empecé a interesar. Cuando te das cuenta que te gusta más leer un libro que ver una película, te conectas”, asegura.

Por estos días está enamorado de la letras de Milan Kundera: “Estoy leyendo La insoportable levedad del ser, me encanta. Pero también estoy viendo Mindhunter… a veces no paro (risas)”. Santiago, quien presentó la Prueba Saber 11 en junio porque hacía parte del calendario b, se enteró que fue el mejor bachiller del 2017 hasta  el día que recibió la distinción Andrés Bello de manos del presidente Juan Manuel Santos.

Ya cursó primer semestre de Economía en Los Andes y la decisión de irse por esa carrera no fue difícil: “Al principio quería estudiar una ciencia pura, pero después me di cuenta que la economía integra todo. Somos seres humanos y la economía junta esa parte social, con el pensamiento lógico y la rigurosidad de las Ciencias Sociales”.

Santi no se considera un genio, la clave, para él, está en ser disciplinado y dedicarle el tiempo suficiente al estudio.

La disciplina se la debe a las clases de violín que toma desde los ocho años y es capaz de levantarse un domingo a las 6:00 a.m. para hacer los trabajos que tiene pendientes. Sin embargo, no deja de ser un adolescente de 16 años que le gusta compartir con sus amigos, jugar tenis y escuchar música. Eso sí, le agradece a sus profesores y al Calatrava, de donde es egresado, por impulsarlo y apoyarlo a ser el mejor. “Llegué al colegio en octavo y pues me promovieron a décimo porque se dieron cuenta que iba avanzado. Como somos pocos por curso, pues somos muy unidos y cuando me gané el premio me llamaron y me escribieron para felicitarme. Creo que nunca había tenido tantas notificaciones en mi vida”, asegura en medio de risas.

Santiago habla inglés, además de estar enamorado de la cultura inglesa, y aprende alemán, idioma que considera muy fácil. Si bien le gusta la música clásica por el violín, no puede estudiar con ella porque lo distrae terriblemente debido a las notas agudas que emite el instrumento y que es capaz de escuchar en una de las piezas, por eso prefiere algo más alternativo como Lust for life de Lana del Rey.

El futuro

Este joven bogotano ha recibido en las últimas semanas la atención que no había  tenido en toda su vida y eso no le disgusta, todo lo contrario “quiero ser reconocido y no se si suena egoísta, pero quiero vivir más allá de mí, quiero escribir un libro, quiero conocer otras culturas, quiero seguir estudiando, hacer un doctorado y ser profesor”.

Cada una de sus decisiones han sido apoyadas por sus padres, quienes no tienen que preocuparse por Santiago o su hermano de 13 años, que salió igual de pilo a él, y pedirles que hagan tareas o que respondan académicamente. Todo lo contrario, están acostumbrados a ese Santiago responsable y disciplinado, ese Santiago que como cualquier adolescente ‘parcha’ con sus amigos y se ‘pega’ a Netflix un fin de semana, pero que no deja de ser analítico y es capaz de sostener una converasación sobre el gobierno de Donald Trump o la crisis que atraviesa el Icetex.

Santiago, el joven alto y delgado, que siempre viste converse blancos, aprecia el arte, considera que es una de las formas de expresión más sublimes del ser humano y espera un día estudiar en Estados Unidos: “Ojalá se dé rápido, me encantaría entrar al MIT, es mi sueño”.

Pero a pesar de ser el mejor bachiller del país, le tocó pagar $16 millones en Los Andes. “No puedo aplicar a Ser Pilo Paga por el estrato y la beca que me daban era para una universidad pública y pues yo quise estudiar en Los Andes por el pénsum, la calidad académica y por los profesores que dictan clase allá, entonces hasta este semestre pude aplicar a una beca directa con la universidad”.

Por ahora, Santiago pasará las vacaciones de fin de año leyendo Un punto pálido, de Carl Sagan; Los felices 90, de Joseph E. Stiglitz; y La despedida, de Kundera. 

No se asuste, cualquiera puede leer 20 libros al año, pues como dice Santi, “esto no es cuestión de ser un genio, sino de ser aplicado. La disciplina lo es todo”. 

“Quiero ser reconocido y no se si suena egoísta, pero quiero vivir más allá de mí, quiero escribir un libro, quiero conocer otras culturas, quiero seguir estudiando”

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