Yady Fernández y la emoción de conocer a los ídolos

El pasado jueves, la dicha la tuvo un niño con visión limitada cuyo sueño era encontrarse con la deportista.

Por Lina Uribe

La primera vez que el pequeño Emanuel escuchó sobre Yady Fernández fue el pasado 8 de marzo, día de la mujer, cuando la profesora les mostró un video con su historia y les explicó la importancia de esta celebración a él y a los demás niños de tercero de primaria. Ese día llegó contentísimo a contarle a su mamá que Yady iba en bicicleta hasta Popayán. “Mami, ¡hasta Popayán con una sola pierna!”. Incluyó de inmediato en su lista de ídolos a esta exfutbolista que perdió su pierna izquierda en un accidente de tránsito.

Emanuel cumplió 10 años ayer. Cuando nació, su madre se preocupó al ver que no abría los ojitos. El médico le decía que se trataba de una conjuntivitis, pero ella sabía que no era así. Cuando lograron abrírselos, el niño fue diagnosticado con ceguera total.

Sin embargo, como un milagro del universo, Emanuel fue dando muestras de que podía distinguir un poco las formas y colores. Ingresó un par de años al Instituto de Niños Ciegos y Sordos, donde él y su familia aprendieron braile, pero luego sus padres decidieron dar un gran paso: lo matricularían en un colegio para niños sin discapacidades.

Emanuel ocupa el primer lugar y es el chico más listo del curso. Como regalo por su cumpleaños, la maestra que le había hablado de la exfutbolista y ahora ciclista Yady Fernández decidió invitarla a la fiesta que se realizó durante las dos últimas horas de clase.

Gritos, abrazos, saltos y muchas muestras de emoción se vivieron en el salón cuando ingresó la deportista. Ninguno de los niños sabía de la sorpresa y aprovecharon para preguntarle las cosas que más los intrigaban: que si había conocido a James Rodríguez en persona, que a qué hora se levantaba a entrenar, que cuántas medallas se había ganado y que cuál era su película favorita.

Para Emanuel, Yady es la representación de que ninguna discapacidad puede interponerse en los sueños de las personas. A él muy pronto le pondrán unos lentes internos para que pueda mejorar un poco su visión. Y en unos años, si todo sale bien, le harán un trasplante de córnea.

Por ahora, el pequeño extrovertido sigue dándoles lecciones a todos: a su mamá le ha enseñado, entre muchas cosas, que puede hacer la mayoría de cosas solo y sin su ayuda; a sus maestros del colegio, que no hay necesidad de tener todos los sentidos al 100% para aprender y sobresalir en la clase; y a Yady, como una retribución a lo que significa para él, que no hay ninguna discapacidad que no nos permita ser felices y disfrutar una buena fiesta de cumpleaños.

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