Colombia el país que le da la mano a los venezolanos

La historia de un venezolano en Colombia que pareciera representar la de muchos que hoy atenúan su situación acá

Por Natalia Martinez

“Cuando me estoy comiendo un plato repleto de arroz, de pasta con huevos, atún, pienso en mi familia en Venezuela. ‘¿Estarán con hambre?, ¿Habrán desayunado hoy?’. La situación es ‘arrecha’”, cuenta Oscar Pereyra, ciudadano venezolano, residente ilegal en nuestro país desde el 13 de diciembre de 2015, día en que junto a su primo hermano Charly Pereyra de 28 años, cruzaron la frontera de nuestro país  en Cúcuta.

Oscar, decidió abandonar su amada Venezuela porque la situación era muy grave y necesitaba hacer algo en otro lado para ayudar a su familia, numerosa, de esas que desayunaba arepa todas las mañanas, de esas que trabajaba juiciosa y tenía esperanzas de superarse.

“Me acuerdo que llegamos a Bogotá el 14 de diciembre. No teníamos mucha plata, pero como para sobrevivir”, afirma el caraqueño que trabaja en el centro de Bogotá en un café-restaurante en donde es mesero y en donde se gana 350.000 pesos mensuales cuando están en temporada baja “y pueden ser 500.000 si estamos muy bien, pero todo sin prestaciones, sin contrato, en la ilegalidad”, asegura.

El hombre, moreno, musculoso, con vestimenta que pareciera ser caribeña, esqueleto y bermudas con botas para montaña, siempre sonríe, así las cosas estén malas de la cotidianidad le sucedan al mismo tiempo, pero cuando habla de Venezuela, de su país, agacha un  poco la cabeza y endurece la mirada jovial que mantiene todo el tiempo. Aunque es muy joven y fue un niño consentido, entiende muy bien lo que pasa en su país y lo sabe porque cada noche su mamá le cuenta las novedades y lo que no pudo comprar o lo que pasó en las calles de Caracas con las protestas de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro.

Cuando se le pregunta porqué es cogió Colombia como su destino, lo piensa. Parece que no es sencilla la respuesta: “Colombia porque es el vecino más próximo, porque uno oía que mucha gente de Venezuela se venía para acá, pero no fue porque tuviera muchas ganas de estar acá, pero para nosotros era un buen comienzo”, indica.

En el vecino país dejó sus estudios, pero no por venirse a estudiar  estaba por culminar el quinto año de música en un conservatorio en la capital venezolana y es que “la música es mi pasión. La percusión. Allá en Caracas teníamos una banda de ska y reggae y yo era feliz tocando la batería”, afirma Oscar.

La mamá de Oscar vende tinto en las calles de su vecindad “ella trabajaba en otras cosas pero sufrió de cáncer y se envejeció mucho, perdió como la fuerza para emplearse y trabajar una jornada completa, así que como muchos compatriotas salió a rebuscar en lo que fuera”.

El joven de 25 años tiene una hermana mayor y un sobrino de un año que acaba de cumplir. Aunque es doctora en derecho penal, gana menos que su mamá, “allá la plata no vale nada. La última vez que pisé suelo venezolano llevé 20.000 pesos y me entregaron una paca muy grande de billetes de 100 bolívares”, 3000 bolívares más que los que ganaba en un banco, desempeñándose como cajero.

“Cuando ya nos vimos sin dinero para comer me retiré del conservatorio y me puse a trabajar. Ganaba 17.000 bolívares”, 8000 más que el salario mínimo e “igual no alcanzaba”.

Siente que nuestro país se ha vuelto como una almohada para su país. “En Colombia me tratan bien y hay oportunidades pero soy ilegal”, cuando se le pregunta por cuál sería la estrategia de nuestro país para ayudarlos, dice que ya no hay mucho más por hacer, “la  verdad es que la situación tiene que cambiar en Venezuela, no acá. Quiero poder volver y comprar comida y aseo, poder terminar la universidad”.

“Mis compañeras me trajeron a mi mamá mis compañeras del trabajo y verle la cara mientras mirábamos el supermercado lleno fue bonito y triste, muy triste, pero al menos, acá hay comida, hay cómo trabajar y hay que comprar”, cuenta Oscar con un gesto de incredulidad sobre un futuro mejor.

Venezolanos ingresan a Colombia y viven desde acá la situación

Historias como la de Oscar abundan por miles en nuestro país. Venezuela es la segunda nacionalidad con más ingreso a Colombia.

Según cifras de Migración,  en febrero de 2017 ingresaron  cerca de 40,000 venezolanos al país y se devolvieron cerca de  23,000 colombianos alojados en el vecino país, que se suman a los 374.462 de 2015, y a los 113.356 de 2016 .

La Cancillería colombiana  aseguró que de 4,5 millones de extranjeros que residen en nuestro país, y de los 1,1 millones de venezolanos, solo 110.000 son legales  y tienen sus documentos en regla.

Solo  en  Medellín  hay registro de la llegada de 30.000 venezolanos que han ingresado a la capital antioqueña   y no cuentan con papeles o con un permiso laboral que les permita acceder a un trabajo.

En el caso de Oscar, el restaurante en el que trabaja, podría afrontar grandes problemas legales por aceptarlo en el cargo.

El Gobierno colombiano, por su parte ha sido reservado con sus pronunciamientos sobre la situación de Venezuela y han sido por medio de sus redes sociales.

En días pasados, el presidente de la República, pidió “cordura” a Venezuela tras el anuncio del presidente Nicolás Maduro de militarización de la ciudadanía y manifestó su  “seria preocupación” sobre la situación del país vecino.

Mientras tanto, personas como Oscar, como su primo y como los miles de personas que buscan a Colombia como refugio, se manifiestan en sus redes sociales, siguen las noticias y esperan el anhelado cambio de su panorama que por ahora, luce desesperanzador.

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