Los restos que quedan de Mocoa

Una semana después de la avalancha suspendieron la búsqueda de víctimas para empezar un largo proceso de resurgimiento.

Por María Esperanza Arias Herrera

Los restos que quedan de Mocoa son pocos. La ciudad que un día fue pujante hoy luce gris y desolada. El olor de la muerte ya ha penetrado a cada uno de sus habitantes, quienes durante toda una semana tuvieron que hacerle frente.

Además de ver sus casas completamente destruidas por el lodo también soportaron la soledad, la angustia y la incertidumbre de no saber qué pasará a partir de ahora.

Más de 3240 personas dejaron la comodidad de sus hogares para ver pasar la vida en albergues mientras Mocoa empieza a reconstruirse, poco a poco.

Los organismos de rescate anunciaron, después de una intensa búsqueda de cuerpos, que las posibilidades de encontrar a alguien más con vida ya eran casi nulas, por lo que concluían las labores de rescate, con un saldo de 311 víctimas mortales, de las cuales 100 eran niños.

"Lo que termina hoy son las acciones de búsqueda y rescate, los que están removiendo escombros por parte de la Cruz Roja terminan hoy, porque lo que tenemos ahora es gran afectación emocional", señaló el presidente de la Seccional Cundinamarca y Bogotá de la Cruz Roja, Gabriel Camilo Ramos.

Lo que sigue ahora es un largo proceso de duelo con la entrega y posterior sepultura de los cuerpos que permanecen en Medicina Legal, muchos de ellos aún sin identificación.

Y es ahí donde se centrará la labor de las autoridades, en el reconocimiento de los NN y en la búsqueda de los desaparecidos, que al cierre de esta edición habían disminuido a 178 personas.

"Con los desaparecidos seguimos trabajando en el restablecimiento de contactos", indicó Ramos, quien explicó que aquellos que no han sido encontrados "no necesariamente son muertos, sino que son personas que pueden estar en albergues, en hospitales" y que la comunicación con sus familias aún no ha sido posible.

La tarea tampoco cesará en los 16 albergues que instalaron en Mocoa y de los cuales solo 5 son oficiales y cuentan con todas las condiciones de higiene y seguridad para resguardar a las más de 1500 familias damnificadas. Los 12.500 menores que no han podido recibir clases porque sus colegios fueron destruidos por la avalancha se suman a la lista, pero con un valor agregado: se hace urgente el apoyo para manejar su tiempo libre y evitar que se hundan en la tristeza que envuelve a la mayoría de la población.

La situación de estas familias, y de Mocoa en general, no es fácil. El pueblo aún no cuenta con acueducto, no hay electricidad y las posibilidades de que se desarrollen brotes o infecciones son altas.

Pero, a pesar de estar en estos momentos en un punto oscuro, sin muchos ánimos de seguir, los mocoanos agradecen a los colombianos que hayan volcado la mirada hacia el sur y les hayan extendido la mano masivamente así como lo han hecho en los últimos siete días.

El dato:


Los barrios que quedaron completamente destruidos son San Miguel, San Fernando, Laureles, Progreso, La Independencia, Modelo y San Agustín.


 

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