Mocoa, a renacer de entre los escombros como fénix

Los retos, las enseñanzas y lo que viene para la capital de Putumayo luego de la tragedia

Por Natalia Martinez

Tras seis días de la tragedia, con las labores de búsqueda activadas, con casi 300 muertos registrados, con 17 barrios destruidos y el color marrón dominando el paisaje, la pregunta que ronda en la cabeza de sobrevivientes, cuerpos de la Defensa Civil, la Cruz Roja, el Gobierno y los colombianos en general es: ¿y ahora qué sigue?

En días pasados, el gerente de la reconstrucción de una parte de la capital del Putumayo, Luis Carlos Villegas, aseguró que en al menos dos años estaría reconstruida la ciudad, pero que era incierto. La verdad es que según Johan Avendaño, doctor en Geografía Humana, el trabajo en Mocoa no solo será de reasentamiento físico, sino también uno de tipo social y económico.

La reconstrucción física

“La catástrofe de Mocoa es la crónica de una tragedia anunciada que evidencia la debilidad de los instrumentos de gestión y de ordenamiento territorial que utiliza actualmente el país”, asegura Avendaño, el director de la especialización en Geografía de la Universidad Central. Y es que a pesar de que hoy se buscan los culpables de la tragedia, para Avendaño es importante resaltar lo que será el resurgir de la capital del Putumayo y cómo se levantará de entre los escombros que hoy la cubren.

Como primer punto, Avendaño resalta que hay que volver a mirar los estudios geológicos y físicos sobre el Putumayo, porque hay que prevenir los riesgos que se puedan hacer presentes “y es que los ríos están ahí y no podemos cambiarlos, entonces se puede pensar en que los hechos se vuelvan a presentar en 30 o 50 años y en esa medida planear el reasentamiento de la gente en las zonas con menor peligro”.

Y es que en este sentido, lo que fueron los barrios que se formaron en el borde de los ríos, los más afectados por la avalancha, no volverán a ser poblados. “En este momento no es posible, ni por condiciones económicas, ni por estudios técnicos, ni por cuestiones de dolor, que se reconstruya encima de lo arrasado. Casi que como ocurrió con Armero, este se convertirá en  campo santo”.

Hoy se han reconocido alrededor de 300 muertos y 300 desaparecidos, según cifras de Medicina Legal, y según los pobladores podrían llegar a 1000. Mientras más pasa el tiempo, más difícil se hace el rescate de los cuerpos atascados entre las piedras gigantes, los troncos pesados y el barro que se seca y endurece el suelo con el aumento de la temperatura.

Lo más probable es que, sin mediar palabra, las labores de búsqueda lleguen a su fin pronto, tal y como se rumora en el epicentro de la tragedia, y luego de esto será imposible habitar sobre lo que será un valle de desolación en donde el viento olerá a muerte y tristeza.

“Muy seguramente muchas de las víctimas querrán reiniciar sus vidas en otras ciudades, en otros departamentos. Todo con el fin de olvidar”, asegura.

La reconstrucción social

El Gobierno tendrá que trabajar fuerte en lo que tiene que ver con la restitución de los derechos de las víctimas, y Avendaño piensa que es uno de los más grandes retos que tiene que afrontar el Estado: “Lo más normal es que mucha gente migre hacia otras ciudades y esto, en definitiva, se convertirá en un desplazamiento forzado por la circunstancias, así que los entes gubernamentales tendrán que pensar en que habrá nuevas dinámicas en las ciudades cercanas al departamento”.

Para el geógrafo es muy importante la reconstrucción del tejido social: “Es necesario hacer un seguimiento psicosocial a los sobrevivientes, hacer un seguimiento al duelo y que por medio de psicología se les pueda decir ‘hay que seguir adelante y tenemos que levantarnos de esto’, también hay que pensar en los niños y su formación en procesos hacia el futuro”.

De la mano de la reconstrucción social “se tiene que pensar en la creación de un programa regional en términos económicos para la creación de alternativas económicas para la subsistencia”.

La reconstrucción económica

Uno de los miedos más grandes de las víctimas es cómo se recuperarán económicamente tras los hechos. Para Avendaño, el Gobierno debe tener mucho cuidado con lo que va a hacer en cuestiones de generación de actividades lucrativas: “El Putumayo es una de las zonas del país en donde los cultivos ilícitos son predominantes, en donde la minería y la tala ilegales se hacen presentes. El Gobierno debe cuidar que la gente no se acerque a esos focos económicos por el afán de sustentarse”.

Según Avendaño “la gente de Putumayo es gente muy pujante. Gente muy comprometida con sus procesos de agricultura y su vínculo con el campo; en esta medida se deben crear iniciativas de microempresa y de negocios ligados a la idiosincrasia de Mocoa y su gente”.

Según el docente, las ayudas económicas tienen que estar pensadas para que cuando los que hoy son niños crezcan, no se desvíen y puedan hacer de la prostitución, la siembra de coca, la minería ilegal su mayor fuente de ingresos. “Con los niños hay que trabajar fuerte. Ellos son los que más absorben información”.   

Enseñanzas

Aunque para muchos es complicado hablar de aspectos positivos de la tragedia, es claro que sí se puede hacer un balance sobre las enseñanzas tempranas que deja la avalancha en Mocoa.

Para Avendaño, “la primera enseñanza para el país es que, en definitiva, nunca se volverá a pensar que el ordenamiento territorial es una tarea por cumplir y ya”. Según el humanista, la gestión del riesgo será primordial en la planeación de las ciudades.

La solidaridad de los colombianos es otro punto para resaltar: “Es importante saber que los colombianos tuvieron autogestión. Es decir, además de su interés por colaborar con ayudas y donaciones, pudieron hacerle exigencias al Gobierno, se ordenaron para gestionar las ayudas, para solidarizarse con los animales. De una buena manera, se puede decir que se perdió ese cliché de que los colombianos somos insensibles”.

Según el experto, también ha sido importante el manejo que se la ha dado al tema de los niños. “En este caso no se va a presentar un episodio similar al de Armero, donde los niños se perdieron. El Estado ha avanzado mucho en este tema y hoy no comete los errores de ese entonces”.

Retos

En cuestión de medio ambiente, el geógrafo asegura que es importante resaltar que las ciudades se tienen que planificar en torno a los ríos. “Ya es hora de que dejemos de pensar en los afluentes hídricos como en la caneca de basura de las ciudades. Si en Colombia se le da la importancia que tiene al agua, vamos a dejar de planear a espaldas de los ríos. Esto disminuirá muchos de los riesgos por avalanchas y deslizamientos”.

“Hay que dejar que el río vuelva y se regenere, ya que este es importante para la economía de muchos habitantes de Mocoa por ganadería y pesca”, agrega Avendaño.

Por otro lado, se debe pensar en la reforestación como una medida para reorganizar la ciudad en medio de la selva, “la recuperación de los bosques es importante para la mitigación de los riesgos por inundaciones”.

En este punto, Avendaño afirma que el Gobierno debe prestar atención a la creación de asentamientos humanos en el bosque y que se inicie con la deforestación, y evitar así nuevas tragedias.

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