La prevención de tragedias falla en nuestro país

Las alertas sobre posibles avalanchas en Mocoa no fueron exclusivas de días anteriores a la tragedia, fueron constantes por más de 15 años

Por Natalia Martinez

¿La catástrofe de Mocoa se pudo prevenir? La respuesta pareciera ser la misma para todos: “sí, se pudo prevenir”. Y es que hoy todos se tiran la pelota de un lado al otro en medio del dolor por la muerte de cerca de 300 personas, los heridos y los sobrevivientes que se quedaron sin absolutamente nada y que tienen que repensar como iniciar sus vidas de nuevo.

Las preguntas en los medios de comunicación es la misma ¿qué pasó con las alertas tempranas?, ¿Qué pasó con los testimonios de los mismos pobladores que temían que los ríos se desbocaran y fueran a parar en sus casas?

Los miedos de los ciudadanos se convirtieron en una realidad cruda y sombría, en la realidad que nadie quería vivir. Tras la llegada del agua, que azota con fuerza y que se vuelve más veloz cuando está impulsada por todo lo que se ha hecho mal, los pobladores tuvieron que vivir su tragedia que ya se extiende por más de cinco días, en donde tuvieron que salir a media noche, a tientas, a buscar cómo sobrevivir, a lo que suena terriblemente clichesudo “crónica de una muerte anunciada”.

Y es que este título conocido por todos como el de un libro del nobel costeño de literatura, ya no pareciera ser banal. Dibuja a la perfección lo que Colombia ha vivido en su historia, una serie de crónicas que anuncian que las tragedias naturales son naturales en nuestro país, y que por más que se prevengan, siempre arrojan los perores resultados.

El caso Mocoa

El Putumayo es una extraña mezcla entre urbanidad y selva que recuerda a Manaos, la ciudad brasileña en donde se ve la fauna desde las oficinas, no a ese nivel macro, pero sí es un buen ejemplo para entender que los habitantes conviven con la naturaleza y la selva.

Los afluentes rodean a Mocoa y los barrios que desaparecieron por completo, estaban ubicados en sus laderas. Estas organizaciones semiurbanas eran habitadas por desplazados, principalmente, personas a las que la violencia les tocó la puerta y los obligó a abandonar su herencia para buscar mejor destino en una de las ciudades menos afectadas por este fenómeno social.

En el 2014 se registró un deslizamiento sobre la quebrada la Taruca. La lluvia de piedras y troncos hizo prender las alarmas de los pobladores que alertaron en octubre de ese año y que al parecer no fueron escuchados.

Según el Ideam, varias fueron las alertas que se registraron horas antes de los sucesos, pero estas no fueron exclusivas de aquél día, desde 2002, Corpoamazonía alertó sobre la mala planificación de la ciudad, como tal, la deforestación y la ganadería.

“Nosotros venimos monitoreando varios escenarios desde el año 2002 y encontramos que Putumayo es uno de los departamentos con más problemas de la deforestación”, aseguró Luz Marina Mantilla, La directora del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas.

Según MinAmbiente y el alcalde de Mocoa, la tragedia no se hubiera podido evitar, los niveles de lluvias fueron superiores a los alertados por el Ideam. Este último asegura que hizo su labor de alerta, de la que el alcalde no se enteró, los pobladores, adoloridos piensan que sí se pudo evitar la tragedia que conmueve al país.

3 Tragedias naturales que se hubieran podido evitar

Armero

Cuando se habla de tragedias naturales, es común que la gente piense en la avalancha de lava, piedras y lodo que ocasionó el volcán el Nevado de Ruíz en el departamento del Tolima, en donde más de 20 mil personas murieron. Varios fueron los juicios en contra del Gobierno, que había sido alertado meses atrás sobre una inminente erupción del volcán.

Salgar

El 18 de mayo de 2015, una avalancha similar a la de Mocoa destruyó el municipio de Salgar en Antioquia. El alud que dejó como saldo a más de 104 personas muertas y a cientos de desaparecidos, fue previsto por los pobladores, que desde 2010 venían alertando por la creciente de la quebrada Liboriana y una posible avalancha de tierra  y árboles destructiva.

Gramalote

El 17  de diciembre de 2010, en pleno inicio de las festividades decembrinas, un cerro se vino encima de Gramalote, un peuqeño municipio de Norte de Santander con 3500 habitantes que lo perdieron todo y que hasta hoy pueden empezar a recobrar su vida.

Las alertas existieron desde siempre. Entes locales pidieron ayuda porque esto se podría prever.

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