Deprimido de la 94: el 22 de marzo es la fecha de entrega

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Deprimido de la 94: el 22 de marzo es la fecha de entrega

El 22 de marzo es el gran día, uno de los más esperados por los bogotanos, porque se pondrá en funcionamiento el deprimido de la 94 después de seis  años de trabajo, según lo indicado por el Idu.

Según el Instituto de Desarrollo Urbano, (Idu), señaló que por lo menos unas 600 personas trabajan las 24 horas del día para cumplir con la fecha establecida por la directora de la entidad, Yaneth Mantilla, y el alcalde Enrique Peñalosa: el 22 de marzo.

La idea del deprimido de la 94, también llamado interconector, es la de acabar el trancón que se genera por el flujo vehicular que se presenta en la carrera novena para conectarse con los distintos puntos de la ciudad. Con la apertura del deprimido se logrará que los bogotanos tengan la posibilidad de comunicarse con la calle 94 y la carrera 19, en todos los sentidos, y con la carrera 30.

Si bien los capitalinos tienen ciertas reservas con la fecha de entrega de la misma, pues para muchos hasta ver no creer, esperan que en realidad se cumpla y puedan pasar la hoja con una de las construcciones que no ha permitido que la ciudad avance por las irregularidades en la contratación, las cuales aumentaron el valor de $48.000 millones a $160.000 millones.

En febrero, el alcalde Enrique Peñalosa aseguró que “hace un año le pusimos el acelerador a las obras de la calle 94, que recibimos con muchos problemas. Hoy quiero informarles a los ciudadanos que estamos cumpliendo con el cronograma acordado”.

La historia del deprimido

Cambios de contratos, amenaza de nuevas valorizaciones, las promesas de una obra que nunca llegaba a su fin y más dinero, sin contar los ponqués que le partieron cada año que pasaba sin ser entregado, llenaron la paciencia de los residentes del sector y de todos los capitalinos que no veían la luz al final del túnel con el deprimido de la 94.

En el año 2009, administración de Samuel Moreno, se adjudicó la obra al consorcio Conexión, que en su mayoría pertenecía al empresario Julio Gómez, hoy preso por el carrusel de la contratación, y desde ahí empezó el viacrucis para toda Bogotá.

Para el año 2011, luego de varios traspiés, el Idu decidió caducar el contrato inicial por unos $48.000 millones. Después de varias revisiones, en el 2012 se abrió una nueva licitación para la obra que había doblado su valor inicial.

Se espera que el deprimido fuera entregrado en el 2014, pero hubo líos nuevamente en su construcción e incluso con los vecinos lo cual retrasaron aún más las obras. Hasta hoy, a un día de que finalmente el deprimido verá la luz.

 

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