Se filtró la declaración de Francisco Uribe sobre cómo se enteró de la muerte de Yuliana

El hermano de Rafael Uribe Noguera, dijo a la Fiscalía su versión de cómo se enteró de los sucedido.

Por Publimetro Colombia

Francisco Uribe Noguera entregó en días pasados su declaración ante las autoridares investigativas competentes en el caso del crimen de la menor Yuliana Samboní, allí explicó paso a paso sobre cómo se enteró de la muerte de la menor y lo que hizo en el apartamento del arquitecto.

Esto, porque uno de los puntos más importantes para aclarar era sobre lo que habría hecho las más de tres horas que pasó junto a su hermana Catalina en el apartamento donde fue encontrado el cuerpo de Yuliana Samboní, la información la dio a conocer la periodista Darcy Quinn en Caracol Radio, luego que tuviera acceso a la declaración de Francisco a la fiscal que lo interrogó.

Según la periodista Francisco Uribe y su esposa estaban en un bazar con sus hijas, en el Gimnasio Moderno, cuando llamaron a su pareja porque su carro estaba involucrado en el secuestro de una niña. Él no cree y piensa que se trata de una trampa, que lo van a tratar de robar, y por esa razón cuelga su teléfono móvil. Las autoridades insisten, y el finalmente acepta y les pone una cita en el CAI de la calle 72, ahí llegan todos y tras verificar que efectivamente quienes lo habían llamado eran agentes del Gaula, les explica que el vehículo lo tiene un familiar.


“Francisco Uribe llama al teléfono de Rafael insistentemente, le escribe por el WhatsApp, pero su hermano no le contesta. “¿Dónde está? ¿Dónde está? Lo están buscando. ¿Qué está pasando?”, le escribió Francisco a Rafael… Finalmente, deciden ir al apartamento donde vivía Rafael, en la calle 68 con carrera primera…Francisco se sube en el carro de los del Gaula, porque él no tiene automóvil. Cuando llegan allá no encuentran a Rafael. Tampoco está el carro. Hablan con el celador. Examinan cámaras. Ven que a las 8:00 a.m. alguien, que podría ser un proveedor de droga (por la pinta a juzgar), se queda 20 minutos y sale. Luego, a las 9:00 a.m., sale Rafael en su carro, y lo hace, según el celador de una manera dubitativa: va a un lado, va al otro, echa reversa, echa hacia un lado… Finalmente arranca”.

“Mientras tanto, la esposa de Francisco, por petición de él, va al otro edificio donde vivía Rafael (el Equus 66, donde ocurrió el crimen) para ver si está el carro de Rafael. Pero no lo ve. Porque él normalmente parqueaba en el primer piso”, añade Quinn. “Ella le dice al celador que está buscando a Rafael Uribe Noguera, y él le dice con una actitud sospechosa que de parte de quién y empieza a mover los botones y a tratar de mirar en el citófono, y de repente le dice: ‘No, ahí no hay nadie’”…“Entonces, ella le señala que su actitud es muy rara porque si no hay nadie, ¿para qué espicha los botones?, ¿para qué llama? La esposa de Francisco llama a Catalina y a Francisco y les dice que esa actitud del celador es muy rara, y pues que ella se va pero que le parece muy extraño”.

Darcy relata que Catalina fue al edificio. “Ahí es cuando la ve todo el mundo, discute con el celador porque no la quiere dejar entrar. Finalmente, ella logra entrar y tiene unas llaves que le había entregado la mamá. Pero esas llaves no abren la puerta del apartamento. Nadie le abre. Ella insiste. Llama. Timbra. Siente olor a cigarrillo. Ella sabe que Rafael fuma, y que ahí hay alguien. En ese momento son las 4:00 de la tarde”.

“Entonces, Catalina llama a Francisco, que está a pocas cuadras con el Gaula”, continúa la periodista. “Él simplemente estaba hablando por teléfono y va caminando, y se acerca a ver qué es lo que puede ver. El celador a él sí le dice que, en efecto, Rafael sí está en el apartamento. Entonces, le pregunta dónde está el carro y el celador Fernando Merchán, le dice que está en otro parqueadero en el sótano, porque Rafael le pidió dejarlo ahí”.

“Francisco Uribe baja. El carro está sin llave. Abre y ve el zapato de la niña. De inmediato, se alerta. Dice: ‘Aquí está pasando algo’, ‘Esta niña sí estuvo en este carro’. Sube inmediatamente al apartamento. Él también siente el olor al cigarrillo. Timbra en varias oportunidades, y no le abren’”, añade Quinn. “Decide subir al último piso para tratar de entrar por la terraza. Es lo que se le ocurre en ese momento. Entra por una marquesina, hace una cantidad de piruetas corriendo riesgos con su vida porque podría caer al vacío. Empieza a mirar por la marquesina hacia adentro, pero él no ve nada, no ve a nadie”.

“Después de varias piruetas y de estar pasando de un lado a otro, de gritar, de llamar, de golpear, Francisco logra entrar por la terraza del último piso, que es donde está el jacuzzi. Él entra al jacuzzi, no ve nada. Todo está en orden. Todo está perfecto. Todo está limpio. (La Fiscalía ha corroborado que en efecto Francisco entró por esa terraza. Ha encontrado sus huellas) allí solo ve colillas de cigarrillos, y el aceite pero para él, el aceite no es una cosa muy extraña, porque era un fetiche de Rafael”.

Luego de buscarlo y llamarlo, finalmente lo encuentra en un balcón, en mal estado, incoherente, tiene los ojos rojos. Francisco comienza a preguntarle y a increparlo: ‘¡¿Usted dónde está?! ¡¿Por qué no responde?! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde está la niña?! ¡¿Dónde está la niña?! ¡¿Qué hace usted con una niña?!’. Rafael se contradice. Dice que la niña se bajó, que salió corriendo, que se cayó… pero en ningún momento le dice que la niña está muerta”.

Entonces Francisco Uribe llama a varios abogados para consultar qué hacer, y finalmente logra contactar a uno. “Le dice que ve mal a su hermano, que qué hace, que si lo puede llevar a una clínica, y el abogado le dice que sí, que debería llevarlo a alguna clínica y le da varios nombres”, dice Quinn.

Es ahí cuando Francisco Uribe y Carolina. “Salen a las 5:30 de la tarde pasadas. Francisco dice que no pasó más de 50 minutos en ese apartamento, que no vio nada extraño. Era un apartamento vacío, solo las colillas y el aceite, pero nada extraño. No les dijo nada a las agentes del Gaula”.

“Francisco Uribe le creyó a Rafael que la niña se había bajado, que se había escapado, y empieza a pensar: ‘Qué tal que le haya pasado algo a la niña, qué tal que se haya caído, que esté en una clínica, que haya tenido un accidente en medio del forcejeo’. Pero él no se imagina que su hermano mató a la niña… Cogieron un taxi en la calle. Catalina se baja en el trayecto para irse a donde su familia. Cuando el vehículo iba por la calle 134, Rafael, en voz baja, se dirige a Francisco: ‘Le voy a decir la verdad: yo la maté’”.

“Francisco Uribe empieza a llorar. Le empieza a decir también en voz baja: ‘¡Usted qué hizo! ¡Por favor! ¡¿Qué pasó?! ¡Se tiró su vida! ¡¿Qué es esto que está pasando?! ¡Cómo mata usted a una niña! ¡Tiene la edad también de mi hija!’”, agrega Quinn. “Rafael le respondió: ‘Es que la niña empezó a gritar y yo la ahogué con la mano para que se callara. Fue un accidente, Francisco llama a su abogado, al que ha estado consultando, que es también un amigo, que le dice que hay que llamar a las autoridades. Llama al Gaula y les cuenta en la clínica Monserrate, donde estaban atendiendo a Rafael. Francisco Uribe va con los agentes al apartamento del edificio Equus. Miran en el jacuzzi, iluminan y encuentran el cuerpo de la niña, desnudo y sin signos de vida”.


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