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‘Más allá del escándalo, Azúcar vuelve para sintonizar al televidente’: Mauricio Navas

¿Qué hacer con el gusto del televidente? La fórmula no está inventada ni en el cine, ni en la televisión para que el éxito de una producción esté garantizada. Hace unas semanas se empezaron a escuchar las promociones de Azúcar por el Canal RCN; y pese a que la memoria en el país es corta, muchos conectaron este nombre con la serie que allá por el año de 1989 cambió la forma de hacer televisión en el país.

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La nueva versión de Azúcar llegó al prime time la semana pasada, esta vez con emisión diaria, y con el propósito de conquistar al espectador con sus espectaculares escenarios, destacada edición y la arrolladora actuación de Alejandra Borrero. En entrevista con este medio, Mauricio Navas, creador de la serie hace 27 años, cuenta qué se puede esperar de la versión de Azúcar 2016 y habla de lo que está pasando con la televisión nacional en la actualidad.  

Azúcar fue una exitosa serie hace 27 años, ¿como pensar Azúcar con el contexto actual, con un público como el de hoy, influenciado por otras circunstancias y otros gustos?

Esa es la gran fortaleza de Azúcar, que es un reencuentro del televidente con la televisión que lo enamoró. Lo pongo así, es como si después de 27 años la esposa de uno vuelve a hacer la misma cena que hizo la noche en que se enamoraron y que por el afán y los hijos no la había vuelto a preparar. Es retomar al sabor con el que se enamoraron, porque Azúcar fue la primera serie en que Colombia se vio a sí misma en su grandeza y en su magnificencia, en su cultura y en su negritud. Es una historia cargada de acentos culturales, de las composiciones sociales del Valle del Cauca y es un gran reencuentro con la televisión que se hacía con una enorme pasión por la belleza.  

Usted dice que es como re enamorarse y utiliza una analogía de la cena, ¿qué ha pasado en estos años? ¿Usted cree que hubo una crisis en las historias, que se dejó de cocinar bien y que hay que retomar la receta de hace mucho tiempo?

Yo creo que como en este país no hay políticas, los nortes en la televisión son accidentados. Un momento el norte fueron estas series como La casa de las dos palmas, La otra raya del tigre, Azúcar, Café y de repente el norte cambió y se dijo vamos a hacer series de narcos. Por fortuna, hoy el norte no está muy definido pero tampoco hay norte. En ese vacío es donde yo espero que Azúcar vuelve a sintonizar y a decir: miren esto es lo que satisface al televidente, más allá del escándalo, de la pornografía, de la balacera, esto es lo que hace que el televidente se encuentre realmente con su televisión. Pero no hay norte, somos una actividad accidentada por la moda, por el boom publicitario y por el chisme.

En la mayoría de producciones en la que usted ha estado involucrado se nota un sello arriesgado, con casos exitosos como Pura Sangre, La Lectora, La mujer del presidente, pero también fracasos como El penúltimo beso. ¿Cuál será el riesgo con Azúcar en esta nueva versión?

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El punto distinto es que es una historia para ver y no para oír, porque lo que se dice no es lo que está pasando, lo que está pasando está en las miradas, en los silencios, en las no miradas, en las ausencias. La verdadera fuerza de Azúcar está en la gran actuación interna que tienen los actores, que además es magistral. El gran riesgo mío, es lograr que el televidente se haga amigo de la serie y la vea, no que la oiga.

Uno escucha por los papás cómo fue Azúcar en su momento, y por qué tuvo ese impacto en el país, ¿qué se puede traer del Azúcar de hace 27 años?

Yo lo que quiero es que a los papás y a las nuevas generaciones llegue un producto fresco, que llegue con ingredientes de hoy. Si hace 27 años esta señora lo preparaba con ciertas especias, ahora le pondrá otras cosas que antes no había en el país, viene remozado el sistema de narración, la cohesión de las escenas, el ritmo de los capítulos, la parte técnica es bellísima, la edición es exacta. Es un producto nuevo de hoy, no nuevo pero viejo.

Hablando de los nuevos hábitos de consumo, hoy hay un permanente contacto con las redes sociales e incluso desde cualquier dispositivo a la hora de ver TV. ¿Cómo aprovechar esto en beneficio de Azúcar para construir un buen diálogo con el televidente?

Me parece que estos hábitos van a representar, para los que los que hacemos la televisión, una forma de ilustrarnos si estamos en lo cierto, o no, de que el televidente aprecia la televisión hecha con belleza. El rating es un fenómeno de mercado, que además de eso no está asociado a la calidad, pero esa comunicación en redes sociales sí nos va a servir de retroalimentación para entender si este sí es el camino para el reencuentro del televidente con una televisión que vuelva por elementos esenciales como la pasión y la belleza.

Usted ha estado antes de los canales privados y en la transición hacia ellos, ¿cómo fue ese cambio con las producciones que usted estaba acostumbrado a hacer? ¿afectó las historias?

En la transición lo que más cambió fue el sistema de programación, hasta antes de los canales privados el sistema no era horizontal sino vertical. Es decir, hoy en día se programa por franjas de horario, entonces deben ir todos los días y en un horario específico. Entonces, series como Azúcar o otras como La mujer del presidente o La otra mitad del sol, se transmitían una vez a la semana y eso daba otro tipo de comunicación y de contacto con el espectador. Ahora con Azúcar tenemos que ir todos los días y la escritura y la realización sí cambia y se ve enmarcada en un apuro permanente por llamar la atención, lo cual a veces va en contra de la profundidad o la reflexión, porque si no te cambian de canal.

En televisión, a diferencia del cine, la gente prefiere consumir lo local ¿cuál es el secreto para que la televisión de aquí siga mandando en temas de audiencia?

Los actores y los temas, en ese orden. A la gente del mundo entero le gusta verse en la pantalla porque la variable que más te garantiza rating es la identificación, a la gente le gusta ver sus calles, el acento que hablan, ese es el primer factor. Y las historias también, buenas o malas, son familiares o próximas, en una serie gringa no se va a ver el infierno de subirse a TransMilenio, en las de Colombia sí. Entonces esa proximidad que la televisión colombiana ha construido lo ha hecho mucho antes que el cine, que está encontrándose con el espectador cotidianamente hasta hace 5 años. Entonces la ventaja de la televisión es toda, tenemos casi 60 años haciendo historias cotidianas. Es como el que vive en París y le gusta que le lleven tamal.

Usted desde hace unos años está en un cargo directivo en Fox Telecolombia, ¿quiere liderar la televisión más desde la gestión para guiar a nuevos libretistas o quiere seguir creando productos?

Ojalá pudiera hacer las dos, pero para mí escribir es inevitable, crear me parece ambicioso, pero armar historias me le pone colores a la vida. En este momento estoy con el tiempo que me queda en la compañía, los fines de semana y en las noches, estoy construyendo una historia que se me hacía muy urgente contarla en televisión y también estoy ocupándome en escribir literatura; solo por una razón, porque quiero escribir sin pensar en el presupuesto, quiero darme el placer de escribir lo que me de la gana sin pensar si será posible, si habrá la plata, quiero tener placer de escribir algo sin tener encima el signo pesos sobre el producto.

Para finalizar, una pregunta cliché, ¿por qué ver Azúcar?

Por placer, es una serie que te va a dar placer en lo que ves, placer en lo que oyes, placer en lo que te dicen, placer en lo que te va a hacer pensar, es una serie que te va a producir placer.  

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