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Las lágrimas de alegría en Colombia por acuerdo de paz con FARC


Después de 52 años y al menos tres intentos de negociaciones, las Farc firmaron este jueves un acuerdo que adelanta el cierre definitivo del conflicto armado con el Gobierno Nacional, con el que se espera la construcción de una paz estable y duradera en los próximos  meses .

Así lo expresaron tanto el presidente Juan Manuel Santos como el jefe de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverry, alias ‘Timochenko’, quienes firmaron el acuerdo que hace irreversible la dejación de armas por parte de las Farc.

Pero para los colombianos, para miles de ellos, significa algo más que eso: el fin de un horror que muchos años ensombreció sus vidas. Muchos de sus amigos, familiares, conocidos o lejanos fueron, son y han sido víctimas del conflicto armado.

Muchos murieron atrozmente, a través de bombas y ejecuciones. A otros casi se les fue la vida, como a Ingrid Betancourt, la más famosa secuestrada por este grupo armado, que duró seis años en cautiverio, en las más penosas condiciones. 

Y así se podría hablar de miles y miles de víctimas que este conflicto dejó en todo sentido. En los años 80 y 90, la guerrilla no volvió a ser nunca, jamás, lo que era antes: una organización que buscaba igualdad y tenía ideales. Que estaba cansada del sistema político excluyente en Colombia. Pasó a cometer crímenes. Y las tomas a estaciones de policía y episodios como el de Bojayá (2002), o el atentado al Club El Nogal (2003), tiñeron de sangre su historia.

Para muchos colombianos fue difícil sobrellevar estas tragedias. Caminar su propio país. Entender su realidad. Miles temían salir de sus casas: podían morir con una bomba furtiva, en la ciudad. Podían ser secuestrados, por años, en una carretera cualquiera. Miles sufrieron el conflicto: por la pobreza fueron a las armas. Obligados tuvieron que combatir. Y así, morir. 

Y sí: aunque quedan las bandas criminales, el ELN y los grupos paramilitares y el narcotráfico como negocio conflictivo, este es un primer paso para muchos colombianos que con base en todo lo anterior tuvieron que ver cómo muchas generaciones soportaron una guerra lejana, pero lo suficientemente cercana para herirlos.

Como en 2008, cuando millares protestaron contra las FARC. Como en 2007, cuando mataron a varios diputados en el Valle del Cauca. 

Por eso, ahora, muchos, aunque con reservas, aceptan la paz. Y la celebran. Porque hubo años de sangre y porque hubo décadas de amargura. Y en las calles, todo eso lo sintieron miles de colombianos que por primera vez no sienten dolor de patria. 

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