Faryd Mondragón fue un grande bajo los tres palos. Sin duda está entre los referentes del arco colombiano junto a nombres ilustres como ‘el Caimán’ Sánchez, Zape, Higuita, Óscar Córdoba y Miguel Calero. Y no es un lambetazo para generar un colchón para lo siguiente que estoy presto a decir y que millones de colombianos sienten. No, Mondragón es ídolo del Cali y le dio 20 años de su vida a la Selección Colombia, con la que disputó cinco eliminatorias mundialistas: 1994, 1998, 2002, 2006 y 2014. Fuera de eso tiene un récord por ser el futbolista con más edad en participar en un Mundial de fútbol. Fue un trotamundos del arco. Sus atajadas pasaron por el ya desaparecido y mítico Sporting de Barranquilla, estuvo en Independiente Santa Fe, Cerro Porteño, Argentinos Juniors y es referente de Independiente de Avellaneda. Dio el salto a Europa y allí fue el arquero del Real Zaragoza, el Metz de Francia, fue al Galatasaray de Turquía y se graduó de ídolo, pasó al Colonia alemán, tuvo un tránsito por el Philadelphia Union y terminó su carrera en el Deportivo Cali, como lo dije antes, como ídolo. Faryd, repito, con los guantes y vestido de cortos, un grande del fútbol colombiano y, de corazón, gracias, Faryd, por todo eso.

Pero tras el retiro llegó otro Faryd y ese Faryd, con el mayor respeto, no da pie con bola dentro de la función de comentarista de fútbol de los canales Win Sports y RCN. Es una verdad a pulso. Ese experimento, que por cierto ya acumula sus años, cada vez va de mal en peor. No es nada personal, es ya un clamor nacional. Y no tiene que ver con lo que dice sobre uno u otro equipo. Mondragón puede estar comentando un Real Madrid vs. Barcelona, un Colombia vs. Bután o un Tangamandapio FC vs. Atlético Guanajuato y el problema persistirá. Es algo de fondo, que va de la simpleza misma pero que no es fácil. A Faryd le falta preparación, y sin la preparación cultural, intelectual y académica todo es más difícil y de ahí que se denote su improvisación al frente de un micrófono.

La labor primaria de un comentarista de fútbol va de la mano de ofrecerles a sus receptores su conocimiento. De ahí se desprende una labor de pedagogía, de guía, de sapiencia y preparación. Un comentarista debe aportar lo que los otros ojos no ven, no conocen y desean conocer. Sí, Faryd conoce el mundo de un equipo de fútbol al dedillo, sabe ese “otro lado” que tanto interesa y pocos conocen, pero no lo aprovecha. Mondragón se queda en adjetivos comunes como “fantástico”, “extraordinario” o “genial” para describir cualquier cosa o situación. Habla en muchas ocasiones de su relación con sus excompañeros de selección y la cosa no pasa del “Es una gran persona, buen muchacho”. A veces trata de describir una jugada de un arquero, la posición que él conoce como su cuerpo y, nada, todo queda en el plano del, repito, “fantástico”, “extraordinario” o “genial”. Y ni hablar de la razón de ser del “gracias, Faryd” que nace de sus comentarios que siempre terminan en el lugar común o el simplismo.

Fuera de eso sientan a Faryd al lado de tipos como Iván Mejía o Carlos Antonio Vélez. Gusten o no, personajes que durante décadas y a pulso se han ganado un espacio y que han sabido cultivar con

credibilidad y nombre. Creo, no, lo oigo y lo percibo en muchas transmisiones, que ellos sufren cuando Faryd abre la boca. Nada más esta que pasó hace poco: “Luis Carlos Ruiz es de los mejores jugadores que he visto. Siento debilidad por él. Es un tipo de Selección Colombia”. ¿En serio, Faryd? Es Luis Carlos Ruiz, el que pasó por Nacional, el que trata de ser titular en Junior. Como él en el fútbol colombiano han pasado miles. Es un jugador normal.

Pero bueno. Esto no es de masacrar a Mondragón. Esto es por su bien. A veces me pregunto si Win, RCN, Fox Sports o ESPN se preocupan por formar y preparar mejor a estos exfutbolistas que de un momento a otro tienen un micrófono. Es que bien me lo decía en una tertulia @poldoneitor: “El linimento y el camerino no son suficientes para amanecer como comentarista”. Toda la razón. Y por eso a esos canales que les pagan millones a los Aristi, Valenciano, Fabián Vargas, Jorge Bermúdez (el que sí jugó fútbol), Tilger y muchos más que también son muy flojos, les compete y les cabe la responsabilidad de formar a estos personajes, de ayudarles en su dicción, formación y todo lo que esto conlleva.

Por último, Faryd, Aristi (que realmente es muy flojo también como comentarista) y otros, tienen que hacer la labor de formarse, de estudiar, de llenarse de un bagaje de conocimiento que les otorgue un piso para ejercer la labor periodística. Es como si a mi me diera hoy por ser arquero. El desastre estaría asegurado porque no tengo la condición física, ni la técnica, ni la preparación. Faryd puede tener buenas ideas, pero a la hora de conectar el cerebro y buscar el camino para expresarlas con eficacia en pocos segundos falla porque no hay preparación, no hay léxico, ni capacidad de síntesis. Todo queda en el “fantástico”, “extraordinario” o “genial”.

Casos de éxito en futbolistas que son comentaristas y lo hacen muy bien, hay muchos. Pero rescato dos: Diego Latorre y Gary Lineker. Ambos estudiaron, ambos se prepararon, ambos son excelentes.

Esa es mi humilde invitación, Mondragón. Más preparación, menos “gracias, Faryd”.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos / @poterios

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