Nos pagan por no pensar y uno paga lo que gana por lo mismo. Sentarse a pensar es un lujo ausente de una vida común. Sin embargo, todavía están ellos: pintores, escritores, músicos, actores, investigadores, personas libres que decidieron no vender tan fácil el tiempo y en vez de eso crean e inspiran a los que aún estamos en la burbuja para que luchemos e intentemos escapar. Un libro, una película, una obra de teatro, una canción, un recorrido por un museo, una conferencia, un debate, un viaje, un día sin celular, cualquier excusa es válida para reemplazar la contaminación de las obligaciones inútiles por herramientas de aprendizaje y estímulo mental.

El Hay Festival 2018 es la oportunidad para alejarse del ruido que abruma y unirse al ruido que ayuda a pensar. Aunque siga siendo ruido y haya que aguantarse el esnobismo y la política, es un evento que se debe conservar y fortalecer por todo lo que implica. Recuerdo una clase del profesor chileno Cristian Antoine, en la que dijo que la gestión cultural tenía todo el sentido en un mundo donde promover la cultura generaba bienestar, no solo en quienes actuaban desde la gestión, sino en quienes eran los receptores de las actividades, bienes y servicios culturales. La cultura libera, nos permite cuestionarnos y cuestionar, en vez de ser complacientes con los discursos que recibimos y que nos esclavizan.

El Hay invita a imaginar el mundo. Imaginar al leer buenos libros, al escuchar debates provocadores, al narrar historias, al crear sonidos únicos. Es por eso que la música, la literatura y el periodismo están presentes en una nueva edición del festival, que tiene entre sus más destacados asistentes a Leila Guerriero, la autora de Los suicidas del fin del mundo y una de las mejores cronistas latinoamericanas. Guillermo Arriaga, guionista de 21 gramos y Babel, y los cantautores Ana Belén y Víctor Manuel también hacen parte del Hay Festival 2018, que se desarrolla en ciudades como Cartagena, Medellín, Rioacha, y tiene programación por toda Colombia y transmisiones por internet.

No es casualidad que el Hay Festival invite a imaginar el mundo. Imaginar es el antídoto del aburrimiento y la monotonía, de una vida común. La lucha diaria por encontrar nuestro lugar en el mundo sigue, más allá de si nos topamos con un nuevo proyecto, un nuevo trabajo o un nuevo amor. Esos elementos apenas inspiran u obstaculizan, porque la cultura y la imaginación siguen siendo la base de cualquier cosa que vayamos a crear.   

Una vida común puede evadir su destino y acercarse a momentos en los que la imaginación prevalece, momentos que son el inicio de algo más grande: la primera página de un libro, la escena más potente del guion que empezamos a escribir, la claridad de cómo enfocar la crónica que tenemos en mente. Cualquier cita con la cultura es un entrenamiento para sacar adelante aquellos productos que planeamos durante años y que requieren de disciplina y reflexión para que pasen de ideas a películas, canciones e historias.

Es mi tercer Hay Festival, una nueva oportunidad para pensar –e imaginar– cómo salir de esta vida común.

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