“Preferimos darle la bienvenida a Emilio que recoger el cadáver de Sara”: Lina Monsalve

Esta es la historia de transformación de Emilio, un joven que a los 16 años se armó de valor y logró cambiar su vida y la de toda su familia.

Por Ariadne Agamez Lombana

Emilio Patiño Monsalve nació el 8 de abril de 2018 y con él una nueva familia. Tiene un año de vivir la plenitud de lo que su corazón y su cerebro siempre habían soñado, con la compañía y el apoyo de los seres que más ama. Con el cuerpo y la identidad de Sara atravesó duros momentos, que casi lo llevan a la muerte.

Sara vivió 16 años enviando señales, demostrando que no tenía nada en común con el sexo que tenía de nacimiento, ni con Juanita, su hermana melliza. Su identidad la tenía clara desde sus primeros años, pero su entorno no le permitía ser.

Los primeros años

Lina Monsalve, es la madre de Emilio y cuenta que la niñez de él cuando era Sara fue muy feliz y tranquila, pero reconoce que desde entonces había identificado que detrás de Sara existía un personaje masculino, con gustos y roles muy definidos, a los que no quiso darle importancia.

“Sara siempre quiso desarrollar un rol masculino. Por supuesto, para mí era ajeno lo que significaba la palabra transgénero. En su momento veía tantos comportamientos masculinos, que me decía a mí misma que tendría a una hija lesbiana. Me limitaba diciendo que tenía una hija hippie, Sara, y a la princesa del glamour, Juanita”, reveló Lina.

Ante tantas señales, como mamá nunca le comentó a nadie sus pensamientos, fueron 13 años en los que vivió en la negación. “Lo negaba porque yo no pretendía aceptarlo por nada del mundo y porque nunca tuve nada cercano que me demostrara que existía esa realidad. Es que la educación nos debe mucho, porque si a uno en el colegio le enseñan realmente la sexualidad en todo el sentido de la palabra, seguramente me habría preguntado si yo tenía era un hijo trans, pero esa palabra no existía en mi vocabulario”.

Con la preadolescencia inició el sufrimiento para Sara. “El día que empezó a ser mujer, se golpeaba en el estómago y renegaba el porqué le tenía que llegar la menstruación. Nunca quiso usar brasier, prefería los tops y eso fue motivo de múltiples discusiones”, recuerda.

Sumado a su desarrollo, llegó una etapa compleja porque Sara sintió que era lesbiana o bisexual porque le gustó una niña. Lina por primera vez le dijo a su esposo que sabía que Sara les diría eso. Sin embargo, creyó que era cuestión de la preadolescencia y que estaba confundida. “La abracé y le dije que estuviera tranquila, que a veces eso pasaba. Le puse el ejemplo de Carla Giraldo, la actriz, que tuvo novia abiertamente y luego se casó y tuvo hijos”.

Lina reconoce que llevaron a Sara al psicólogo para que le sacara esas ideas de la cabeza. “Nuestra esperanza era que la psicóloga le dijera que ella era una niña heterosexual, cisgénero (una persona cuya identidad de género está alineada con el sexo asignado al nacer), a la que le van a gustar los hombres y que simplemente se había confundido”.

Pasó un año y Sara decidió entrar a jugar fútbol, una de sus pasiones, en un equipo reconocido de la ciudad. Allí conoció a otra niña con la que inició su primera relación. “Yo veía que se la pasaba chateando todo el tiempo. Un día me puse a revisarle el celular y encontré que siempre que enviaba audios ponía la voz gruesa y lo que escribía lo hacía en género masculino. Pensé que tenía una hija lesbiana, con un rol masculino, con una relación homosexual. ¡Lo que demuestra la gran ignorancia que tenía!”.

La reacción de Lina fue prohibirle la amistad con la niña y empezaron las peleas de día y de noche. Ante la negativa de permitirle tener novia, Sara cuestionó si realmente sus padres la amaban, porque no la aceptaban como ella era.

El pelo

Meses después Sara pidió que la dejaran cortarse el cabello. “Me mostró una foto de un hombre y me enloquecí. Le dije que era una machorra, una marimacha, que eso era lo que estaba aprendiendo en ese equipo de fútbol. La ofendí con muchas palabras, por las que hoy le pido perdón mil veces. Sara solamente escuchaba los insultos y lloraba”, recordó Lina.

La lucha de Sara duró tres meses, en los que tuvo que aguantar insultos todo el tiempo. “Luego de otra pelea por el cabello, la psicóloga del colegio nos dijo que Sara se quería cortar el pelo, que eso no era una cuestión de rebeldía sino de identidad de género”, dijo.

Por un castigo el celular de Sara quedó en las manos de Lina, allí encontró que Sara le decía a una amiga, “Sofi tú me puedes decir Milo, porque yo me llamo Emilio y soy trans”, la respuesta impactó a Lina porque le decía: “¡No lo puedo creer!, eres el primer trans que conozco, ¿ya le contaste a tus papás?” y Sara le contestó: “No, porque si no aceptan a Sara no me van a aceptar a mí y me van a tirar a la calle. Yo lo único que quiero es que me dejen cortar el pelo, porque quiero sentir que algo está pasando”.

Después de tanta hostilidad, una noche Sara preparó una cena para sus padres, les puso dos copas de vino, escribió una carta y les dejó el computador abierto con un video. “En la carta nos decía lo mucho que nos amaba y que no era Sara, que era Emilio y que era transgénero. No se culpen ustedes, no culpen a Dios, esto es un accidente biológico, genético; nos escribió”.

Después de eso, todo cambió. Lina se interesó por buscar información y se encontró con Fauds, Familiares y amigos por la diversidad sexual, una corporación en la que encontraron la información que necesitaban como familia para apoyar el nacimiento de Emilio.

Iván Patiño, el padre, ha estado al lado de Lina durante todo el proceso y le ha expresado a su hijo lo importante que es ser hombre. “Le he dicho que debe entender que ya no es igual, que su rol de hermano cambió y que debe respetar a su hermana. Además, que se debe reconstruir su proyecto de vida para que enfrente el mundo actual”.

“Somos una familia trans y Sara será eterna porque vivirá en nuestros recuerdos, pero ya no existe. Ahora es Emilio el que se está formando para cumplir sus sueños. La historia de Emilio es una historia de valentía”, reflexionó Iván.

Emilio

La transformación de la familia ha sido lo más importante para él, “es un cambio muy grande porque antes con mi mamá era una pelea diaria y con mi hermana chocábamos mucho. Ahora somos súper unidos, realmente les estoy mostrando quién soy y no estoy viviendo falsamente”, dijo Emilio.

Recuerda que los meses previos a su aceptación todo fue muy difícil, porque pensaba que lo echarían de la casa si contaba su realidad. “Además, que si me quedaba callado me iba a terminar suicidando, porque tuve un periodo de tiempo donde me cortaba, fue horrible. Yo escuchaba como hacían comentarios sobre las lesbianas como algo cochino y que si no aceptaron a Sara, pues qué iban a aceptar a Emilio que es transgénero”, comentó.

Se bautizó como Emilio porque supo que sus padres además de tenerlas a ellas hubiesen querido tener otro niño y ese habría sido su nombre, por eso lo eligió. Ahora se define como un joven valiente, arrollador y positivo ante la vida.

Emilio está adelantando todo su proceso de transformación acompañado por su familia, por profesionales y amigos. El mensaje de él para quienes estén pasando por algo similar es “que deben investigar bien, tener argumentos sólidos para contarle a los padres, que tengan paciencia porque ellos también llevan su proceso y que la felicidad está al final”.

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La política pública

En la ciudad existe una política pública para el reconocimiento de la diversidad sexual e identidades de género y para la protección, el restablecimiento, atención y garantía de derechos de las lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales (LGBTI) del municipio de Medellín.

Desde el año 2018 la política pública cuenta con un plan estratégico a diez años, el cual considera tres componentes: Derechos y vida digna, Organización y participación, y Comunicación e información.

María Paulina Domínguez, subsecretaría de grupos poblacionales de la Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos, destacó que “Medellín ha sido innovadora con esta política pública, a través de la cual se construyó un comité que está conformado por secretarías y la sociedad civil, que trabaja constantemente”.

Además, la funcionaria indicó que la ciudad cuenta con un centro de diversidad a través del cual se le brinda a las personas LGBTIQ orientación psicojurídica y se realizan actividades permanentes, el cual está ubicado en la comuna 10, La Candelaria, en la Carrera 48 #57-21.

Asimismo, Medellín pertenece a la Red Latinoamérica de Ciudades Arcoíris (RLCA), en donde se trabaja en el fortalecimiento de las políticas públicas existentes en Berlín, Barcelona, Quito, Montevideo, Buenos Aires y Ciudad de México.

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La frase

“Somos una familia trans y Sara será eterna porque vivirá en nuestros recuerdos, pero ya no existe. Ahora es Emilio el que se está formando para cumplir sus sueños. La historia de Emilio es una historia de valentía”, Iván Patiño, padre de Emilio.

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