El Partido de las Doñas, donde la única política es superar el dolor de la muerte con amor

Los homicidios en Medellín han marcado la vida de innumerables familias. Cada año cientos de jóvenes son asesinados por bandas criminales. A la fecha, cada 15 horas muere una persona por causas violentas.

Por Ariadne Agamez Lombana

El sufrimiento y el dolor se han convertido en el común denominador de un grupo de mujeres que perdieron a sus seres amados en las calles de Medellín. Decenas de balas se disparan a diario en sectores vulnerables de la ciudad y como resultado queda el dolor desgarrador de una madre a la que le arrebataron a su hijo.

Ese dolor sin nombre, lo ha tenido que vivir Rosadela Tejada Álvarez, una mujer a la que la vida la ha puesto a prueba, no solo una, sino dos veces. De sus cuatro hijos varones, dos salieron un día para nunca más volver. Hoy, es líder de El Partido de las Doñas.

El año de la muerte

Su primer hijo asesinado fue Andrés Felipe, de 21 años, fue durante la Operación Orión en el 2002 en San Javier, Comuna 13. Dice que fueron los paramilitares quienes se lo arrebataron porque no quiso ser parte de ellos.

“Ese año fue nefasto para mí, me asesinaron un primo el 24 de marzo, el 18 de mayo me asesinaron otro primo, el 9 de junio me asesinaron a mi hijo Andrés Felipe y el 14 de junio asesinaron a la mamá de mi nieta y mujer de Andrés Felipe; y el 20 de septiembre murió mi papá”, reveló.

Rosadela ante los ojos de la familia era la fuerte, por no dejarse derrumbar, pero “yo dizque que era la que ayudaba a todos, pero yo estaba era como en un sueño, no me la creía. Cuando desperté de ese sueño, casi me enloquezco”, dijo.

En la mira 

Luego de esa secuencia de pérdidas familiares, Rosadela siguió viviendo en San Javier, en donde tenía su casa y luchaba día a día por sacar a sus tres hijos adelante. Sin embargo, la violencia en el 2010 se recrudeció.

“Nos desplazaron porque a mi tercer hijo, Johan Estiven, después que terminó de prestar el servicio militar en la Policía, una de las bandas criminales que quedó en el territorio, luego de la salida de los paramilitares, lo mandó a llamar. Le dijeron que como él había aprendido a manejar armas lo necesitaban”, relató.

Rosadela recuerda que le dijo a su hijo, que estaba asustado por la advertencia de la banda de Bellavista, que “usted sabe con los principios que lo crie y nunca he permitido que le hagan daño a una persona, sea por el motivo que sea. Usted se mete ahí y eso significa que se tendrá que manchar las manos de sangre. Usted toma la decisión, pero si decide irse con ellos se olvida que tiene mamá”.

Desplazados de su casa

Después de eso pasó un tiempo, hasta que un día llegaron al trabajo de Rosadela a decirle unas vecinas que habían salvado a Johan de ser asesinado y que para protegerlo lo habían tenido que esconder. Así fue como durante dos meses lo mantuvieron encerrado, hasta que decidieron que era mejor irse del barrio.

“Con la ayuda de derechos humanos trasladaron a Johan a un albergue, de donde al salir le entregaron un cheque y unas cositas. Con eso se fueron para La Unión. A los tres días me fueron a buscar para decirme que iban a picar a Weimar porque no había dicho en dónde estaba Johan, pero un vecino me lo salvó”, contó.

Johan siempre se negó a entrar a la banda y por eso se había convertido en un blanco, “a mi hijo le dieron tres opciones: se une a nosotros, se pierde o lo matamos”. Con el susto del intento de homicidio a Weimar, siendo un niño, decidieron irse todos para La Unión.

Pasó el tiempo y un día cuando Rosadela llegaba a su casa dos jóvenes la amenazaron, “me dijeron: tiene media hora para que se abra de aquí y no la volvamos a ver. Ni abrí la puerta, me fui de una vez para La Unión y me quedé cuatro años”.

El regreso

En ese tiempo Weimar creció y le llegó el turno de ir a prestar el servicio militar. Un día Rosadela decidió que ya era hora de volver a su casa, porque muchos vecinos le habían dicho que se había convertido en una plaza de vicio y que en el barrio, La Loma, ya todo estaba más tranquilo.

“Un día me decidí y volví, eso fue el 29 de abril del 2014. Weimar empezó a trabajar en construcción y nos organizamos. Le iba muy bien, el patrón lo quería mucho y lo ayudaba en todo lo que podía”, recuerda.

Edwin, el hijo mayor, que vivía en Urabá se regresó a Medellín con sus hijos y llegó a vivir con Weimar y Rosadela. Al poco tiempo Edwin entró a trabajar con Weimar en construcción y todo estuvo tranquilo por un tiempo.

Segundo hijo asesinado

“Para entrar a mi casa existen dos caminos, uno que le dicen La travesía  y otro por las escalas. Ellos siempre caminaban por La travesía, pero un día llovía mucho y decidieron subir en el bus para bajarse por las escaleras eléctricas. Los vieron y un jueves un muchacho le dijo a Weimar: ‘abrase que lo van a matar porque usted se bajó dos veces por las escalas y usted sabe que por ahí no puede bajar’ y él les contestó: si me van a matar, Amén”.

Weimar, recuerda Rosadela, hacía amistad con todos, jugaba fútbol y eso se lo facilitaba. Pero los enfrentamientos entre las distintas bandas que operan en el territorio lo pusieron en el ojo del huracán.

A sus 21 años fue asesinado ocho días después de haber recibido la advertencia. “El mismo que le dijo que lo iban a matar lo saludó afuera de una tienda y pasó el otro, que era conocido, y lo mató. Edwin al sentir los tiros se devolvió y lo reconoció, lo llamó por el apodo y este al verse descubierto le disparó dos veces”.

El Partido de las Doñas

Rosadela recuerda claramente el día del entierro, porque a la salida un hombre alto, corpulento, con pañoleta en la cabeza, pantalones anchos, camiseta de colores y cadenas; la buscó. Era Aka, un joven líder de la Comuna 13, que se ha dedicado a acompañar a las familias y abrazar el dolor.

“Saliendo del cementerio se nos presentó Aka, nos dio susto por las circunstancias, pero nos dijo que era de Casa Morada y que querían hacerle un ritual a nuestro hijo. A los ocho días lo hicimos, fue un mural en el cementerio y desde ese día llegué y ahí me quedé”, dijo.

Para Rosadela la razón por la que se quedó es porque encontró una familia, todos la rodearon con amor y abrazos. “El psicólogo nos ayudó mucho a superar el dolor, lo que no tuve con mi primer hijo”, reveló.

El Partido de las Doñas cumplirá un año el próximo 1 de mayo y cuenta con cerca de 600 madres, que realizan actividades cada sábado en Casa Morada, como siembras, costuras, comidas y comparten la esperanza de siempre poder salir adelante.

“Cada vez que hay un homicidio nos presentamos en el velorio, acompañamos a las familias, hacemos el ritual independientemente del que sea. Nosotros tenemos dos consignas: nada justifica el homicidio y cada persona asesinada es un ser amado”, agregó.

El Partido también tiene voluntarios, Daniela Arbeláez, explicó que lo que buscan es hacer el acompañamiento a las familias víctimas de homicidio. “Lo hacemos en tres capas, la primera es a través del abrazo, les pedimos disculpas por lo que pasa en la ciudad; la segunda es el símbolo, que es hacer arte en memoria de ese ser querido y la tercera es el alivio, es donde buscamos que esas familias queden habilitadas para el afecto”.

Daniela comentó que durante esa última capa, como la nombra el colectivo, fue la que permitió la creación de una red, en la que también hay mamás de desaparecidos, y donde entre ellas se dan apoyo continuamente. Una red que terminó convirtiéndose en El Partido de las Doñas.

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La frase

“Somos un partido que está reconstruyendo los barrios desde la base, que es la familia”, Daniela Arbeláez, voluntaria de El Partido de las Doñas.

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Las cifras

  • 54 jóvenes entre los 15 y los 29 años fueron asesinados en Medellín entre enero y febrero de 2019, según el Observatorio de Medicina Legal.
  • 9 jóvenes entre los 15 los 29 años fueron asesinados en Medellín el último fin de semana, según el Sisc, Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia de Medellín.
  • Más 600 madres hacen parte de El Partido de las Doñas.
  • 151 homicidios se han registrado desde el 1 de enero hasta el 27 de marzo de 2019, 12,7% más que el año anterior.

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