Los venezolanos que le cambiaron el ritmo al centro de Medellín

Al ritmo del hip hop, el break beat y las palmas, jóvenes venezolanos rompen la rutina de las cientos de personas que a diario transitan por el corazón de la capital antioqueña.

Por Ariadne Agamez Lombana

El centro de Medellín se ha ido trasformando lentamente, ha dejado poco a poco de ser ese lugar caótico de siempre y se ha convertido es un espacio cada vez más amable. Eso se ha logrado con las intervenciones en infraestructura, pero sobre todo por la forma como las personas han empezado a vivir el centro.

Ahora, por ejemplo, salir de compras al famoso sector del hueco puede dejarlo gratamente sorprendido. Los locales comerciales son muy organizados, las calles están limpias, hay mucho espacio para los peatones, la amabilidad de los comerciantes es inigualable, pero además, puede encontrarse de un momento a otro con un grupo de bailarines.

La música empieza a sonar de manera sorpresiva a través de un potente parlante móvil, lo que rompe de inmediato con el ruido que proviene de tantos lugares y que por un segundo se unifica. Los jóvenes empiezan a sobresalir y rítmicamente aplauden, logrando el propósito de llamar la atención.

Estos jóvenes con una sonrisa en los labios y aplaudiendo animan a que los transeúntes disminuyan la prisa con la que caminan y se detengan para formar un círculo a su alrededor, es entonces cuando empieza el espectáculo.

Los bailarines

Se trata de un grupo de bailarines que están vestidos con camisetas negras, en el que sobresale un símbolo de espadas blanco en el que se lee “Samuráis veloces”.  El nombre con el que 16 muchachos, en su mayoría venezolanos, decidieron bautizarse.

El show es de break dance, una danza que forma parte de la cultura hip hop y en el que el baile está compuesto por pasos en los que la fuerza, la coordinación y la velocidad son protagonistas, lo que les permite bailar sobre un brazo, manteniendo el equilibrio o sobre la cabeza.

Son 15 minutos en los que logran captar la atención de todos los que están a su alrededor por la complejidad de su espectáculo y sobre todo por la capacidad que tienen de transmitir buena energía.

Los inicios

Gabriel Eduardo Arocha González es uno de sus fundadores, nació en la ciudad de Barquisimeto en el noroeste de Venezuela, en donde hace cerca de 15 años se inició el breaking, como él lo llama.

“Todo empezó en el 2001 cuando fui a una fiesta en el barrio y vi a un muchacho que hizo unas vueltas en el piso y en ese momento dije: ¡wow!, eso es lo mejor. Yo quiero bailar así. Así que me puse en contacto con él y comencé a bailar”, comentó Gabriel.

Al poco tiempo Gabriel creó su propia agrupación llamada Black and White, en donde contaba con 10 integrantes y con quienes logró aprender más del breaking.

“En esa época no había facilidad para entrar a internet, así que este estilo de baile no era conocido. Sin embargo, a través de un programa televisivo en un canal que se llamaba Radio Caracas Televisión, vimos a gente bailando breaking y escuchamos que se encontraban en la plaza los Próceres en Caracas los fines de semana. Así que nos lanzamos el viaje de cinco horas hasta la capital para presentarnos, conocerlos y de esa manera involucrarnos más. Fue como conocimos más gente, aprendimos mucho y la movida hip hop fue agarrando más fuerza”, comentó.

Paralelamente a que Gabriel profundizaba su pasión por este género, también estudiaba en la universidad Ingeniería en Seguridad Industrial, uno de los pocos que tuvo la oportunidad de hacerlo de su grupo.

En el 2009 como agrupación se organizaron y enviaron un video a una competencia en Oporto, Portugal. En ese evento participaron bailarines de diferentes grupos de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, por lo que fue un gran aprendizaje.

“Nosotros con nuestros propios recursos, haciendo venticas, trabajando en diferentes cosas reunimos lo de nuestros pasajes. Nos fuimos a Europa como mochileros, llegamos, hicimos una clasificatoria y pasamos de primeros. Nos tocó el día del evento contra uno de los favoritos que era Francia y les ganamos, pero luego nos tocó contra Rusia y perdimos, como si fuera en octavos de final”, recordó.

Ese viaje les abrió el espectro y como dice “dejamos de ser los muchachitos que solo bailaban en un cartón” y empezaron a ver el género como el arte del breaking, lo que los fortaleció.

Llegada a Colombia

En el 2013 Gabriel ganó una competencia individual de Red bull y fue la primera vez que llegó a Colombia. Después de esa experiencia creó una fundación llamada RBM, con la que a través del breaking lograba impactar y ayudar a diferentes comunidades vulnerables de su país.

“Nosotros llevábamos el baile a toda la comunidad y a los diferentes barrios, para rescatar a los jóvenes de las calles y lograr que los niños y jóvenes fueran buenas personas. Recibíamos apoyo público y privado para lograr el trabajo de la fundación. Pero con la crisis todo cambió”, agregó.

Con la crisis empezó la migración de jóvenes Venezolanos a diferentes países. “Yo había visitado Colombia y tenía amigos, así fue como en el 2016 decidí venirme. Al principio llegué a trabajar en construcción, pero con el tiempo fui conociendo más bailarines y fue como con Anthony (otro fundador) empezamos bailando en los semáforos para sobrevivir día a día”.

Los Samuráis veloces

Hace un año conformaron el grupo los Samuráis veloces, del que hace parte un colombiano que había vivido en Venezuela y se dedicaron a hacer shows callejeros. Poco a poco fueron conociendo la ciudad y definieron la ruta de los lugares a donde van a bailar para alegrar a las personas.

“Hacemos un show agradable para sacarle una sonrisa a todas las personas que están en el centro. A todos ellos que tienen un día fuerte de trabajo o tienen un problema y que al ver un grupo de jóvenes bailando les cambia su estado de ánimo, porque queremos transmitirles alegría a través del baile para que puedan seguir su camino”, comentó Gabriel.

Samuráis veloces está conformado actualmente por 16 integrantes, de los cuales 14 son venezolanos, un colombiano y un panameño. Cada día en diferentes lugares de la ciudad el grupo realiza 15 shows cada uno de 15 minutos.

Los shows en el centro de Medellín los hacen en Colombia con Carabobo y en los alrededores de San Antonio. También lo hacen en Bello, en las afueras de la estación del Metro, en el parque central y en las zonas donde están las discotecas.

Gabriel reconoce que el baile siempre ha tenido muy buena aceptación por las personas que se acercan a verlos y de los mismos comerciantes que los han conocido a lo largo de este año, quienes luego del show les envían gaseosas o comida. “Siempre nos valoran y nos dan ayudas que van desde lo económico hasta en especie”.

El objetivo

“Acá muchas personas nos han dicho que han pasado cosas malas con algunos paisanos nuestros, pero nosotros queremos ser la parte buena de los venezolanos que están en Medellín. Es verdad que por uno pagan todos, pero queremos ser la parte distinta, queremos trabajar mucho y ser un ejemplo para el país y para la ciudad que nos recibió”, comentó.

Lo más difícil para Gabriel y sus compañeros es estar lejos de su familia. Además, el tener que entender que como hay personas buenas, que los ayudan y les colaboran, “también hay personas que nos ven como si fuéramos malos y eso nos afecta. Pero nosotros seguimos haciendo el bien”, puntualizó.

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El panorama actual

Según Toni Vitola, líder de los venezolanos en Medellín, actualmente en Antioquia hay cerca de 57.000 venezolanos y este se convierte en el quinto departamento del país al que están prefiriendo llegar.

“De los 57.000 se estima que el 45.000 han llegado al municipio de Medellín. Hoy se puede decir que parte de la población que ingresó este año sin pasaporte está tramitando el permiso especial de permanencia, que son los que se censaron entre abril y junio, para un total de 21.000 personas en este proceso”, dijo Vitola.

Sin embargo, Vitola explicó que después del censo han estado ingresando una gran cantidad de venezolanos que no cuentan con permiso de trabajo, por lo que es una población que está trabajando de manera informal para sobrevivir día a día.

“También están llegando muchos venezolanos caminando desde Cúcuta, se demoran hasta 10 días en llegar a Medellín. Es una población muy desprotegida, que tiene que vender dulces en la calle para pagar los $15.000 que les cobran por noche en las piezas del centro”, reveló el líder.

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La cifra

16 jóvenes conforman el grupo de bailarines los Samuráis veloces, entre los que hay 14 venezolanos, un colombiano y un panameño.

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La frase

“Acá muchas personas nos han dicho que han pasado cosas malas con algunos paisanos nuestros, pero nosotros queremos ser la parte buena de los venezolanos que están en Medellín”, Gabriel Eduardo Arocha González, cofundador de los Samuráis veloces.

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