Casablanca, la última residencia de Débora Arango, será una Casa Museo en el 2018

La Casa Museo está compuesta por 3300 metros cuadrados de arte, un espacio patrimonial que permite la preservación cultural en el Valle de Aburrá.

Por Ariadne Agamez Lombana

El próximo año se abrirán las puertas de la última morada de la pintora Débora Arango. Una casa que guarda en cada rincón la esencia de una mujer que rompió con los esquemas,  que se atrevió a desafiar las costumbres y a expresar a través del arte lo que los menos favorecidos no podían decir.

PUBLIMETRO habló con Oscar Roldán Alzate, curador de arte, director de Extensión Cultural de la Universidad de Antioquia y asesor del municipio de Envigado en el proceso de musealizar Casablanca; sobre la historia de Débora Arango, su obra, importancia y la apertura de la Casa Museo.

La pintora antioqueña Débora Arango es una representante muy importante en la historia del arte en Colombia, ¿cuáles fueron esos aspectos que la hicieron tan particular? 

Primero debemos ubicarnos en un momento histórico muy especial, que es la primera década del siglo XX. Débora Arango nació en Medellín en el año de 1907, pero la familia paterna es evigadeña y eso hizo que perteneciera a un círculo tradicional, ligado a las costumbres del campo.
En Envigado en ese entonces era donde se criaban las mulas de carga, era una sociedad de arrieros. Esto es importante porque la mujer estaba supeditada al desarrollo social y familiar sometido por el hombre. Era una sociedad patriarcal, donde una mujer que tuviera ideas innovadoras sería siempre puesta en tela de juicio. Sin embargo, Débora logró el beneplácito por parte de su familia para dedicarse al arte, pero ella empezó a decir cosas muy importantes, e incluso censurables para una mujer de su época.

¿Qué fue lo que le permitió hacerlo?

En realidad eso fue posible porque Débora fue una de las niñas de una familia muy numerosa, de catorce hermanos. Hija de un señor claramente humanista, que tenía una idea muy amplia de la sociedad y él, aún en ese enclave cultural, le permitía a ella expresarse y decir muchas cosas. Ella, -como decimos en Antioquia cuando nos referimos al hijo más querido por los papás – era la ñaña, porque tenía una condición especial, era una mujer que había tenido una infancia muy enferma, entonces fue muy resguardada y protegida por el padre. Cuando la mamá murió hacia 1939, ella se acercó mucho más a su papá. Eso explica el por qué una mujer en ese contexto social y de una familia acomodada, pudo expresarse así.

¿Cuándo empezó a ser reconocida su obra?

Ella alcanza a ser una artista o mujer famosa a finales de la década de los 30, que es cuando empieza a tener reconocimiento y fama, pero es claro decir que no era necesariamente una imagen positiva la que ella proyectaba, por todo lo que decía con óleo y acuarela. Principalemente el hecho de ella hacer desnudos femeninos, que no eran cualquier desnudo, porque Débora pintaba a la gente real, con cuerpos flácidos y con vello púbico, eso la puso en el punto más álgido porque pintaba cuerpos normales y no como esculturas helénica.

Entonces, esa fama fue negativa…

Claro, empezó a haber un gran cisma alrededor de la figura de Débora Arango, que fue a finales de los 30 y principios de los 40. Recordemos que en Colombia hasta la mitad de la década de los 50 no se dio el voto femenino y la mujer todavía en términos políticos no existía. Entonces era mucho más fuerte porque hablamos de una mujer que se estaba metiendo con temas de la moral y la ética. Eso llevó a que Débora recibiera señalamientos continuos y condenas éticas y morales.

Ante esa situación, ¿cuál fue la reacción de la artista?

Ella se negó a que la castraran por seguir planteando sus propósitos. Lo que hizo fue que ya avanzada la década de los 40 se recluyó en Casablanca, ya ella había realizado viajes al exterior y había aprendido muchas cosas. En la casa se dedicó mucho a la cerámica y a crear una obra con una carga mucho más fuerte social y políticamente hablando, que es toda la pintura que se da a raíz del asesinado de Gaitán en Bogotá.

Ese episodio marcó la vida de la artista…

Así es, ella conoció a Gaitán y sintió ese asesinato muy propio. Era cercana a la esposa de Gaitán porque habían sido vecinas en Medellín y eso había permitido que Débora hubiese sido invitada por Gaitán en el 40 a Bogotá a exponer. Esa fue una exposición que fue clausurada y vetada por la que, también, se volvió famosa.

Casablanca se convierte en un tesoro de la obra de Débora Arango, ¿cómo fue el proceso de convertir la última morada de la artista en un museo?

Casablanca no era un lugar conocido para la gente. Débora una vez se encerró no tenía ninguna pretensión de reconocimiento. Hay que analizar es cuándo Débora dejó de ser famosa y se convirtió en prestigiosa, que fue hacia la década de los 70, cuando ella salió de ese ostracismo y es reconocida como una mujer que había hecho una fotografía de la vida social en Colombia. Eso sucedió cuando ya había dejado de pintar. Las iniciativas de convertir la casa en museo se dan en la familia heredera. Es un proceso que se está llevando a cabo, se quiere que los envigadeños, los antioqueños y los extranjeros conozcan un espacio con un gran valor cultural. Una casa que está asociada a la colonización antioqueña, es del siglo XIX, en un terreno con grandes jardines y que fue la morada y espacio vital para una mujer que es un ejemplo para la sociedad.

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La materialización del proyecto

La inversión para creación de la Casa Museo Casablanca fue de $13.734.767.872, un aporte dividido entre el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Envigado.

“La unión del Área Metropolitana es a través del aire, del río, pero también de la cultura. Por eso este proyecto es tan importante porque le da identidad a los envigadeños, a todos los antioqueños y a todo Colombia”, dijo Eugenio Prieto, director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Además el director resaltó el significado que tiene Débora Arango para todos, por ser  “una mujer que traspasó los límites nacionales con su espíritu de libertad, de autonomía y sobre todo, por su solidaridad con los más débiles, con el desarrollo y con lo social. Casablanca va a preservar, proteger y a cuidar la memoria de Débora Arango”.

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