Los de la chancla “tres dedos” o “tres puntadas”

'El Pote' Ríos reflexiona esta semana sobre el problema del turismo sexual en Medellín, a donde cada vez llegan más extranjeros buscando prostitutas, drogas y rumba. ¿Qué se puede hacer?

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

 

Hace 25 años ver un turista caminando por las calles de Medellín era una auténtica rareza. Hoy, por la 10 del Poblado, por Laureles, Envigado, Sabaneta y por el centro de la ciudad, los pelos rubios y la piel casi albina pululan, son parte del paisaje. ¡Bienvenidos siempre los turistas a la capital paisa! Es un honor que estén acá, que vengan a conocer, los recibimos con los brazos abiertos con alegría y la mejor actitud. Que vengan siempre. Pero hay un detalle, la gran mayoría, en sus foráneos pies, usan a como dé lugar, la llamada chancla “tres dedos” o “tres puntadas”.

Le dicen “tres puntadas” y hay lógica, ya que atrapa el pie hacia la planta de la chancla con tres uniones. No sé por qué le dicen “tres dedos”, ya que una de sus puntadas separa al dedo gordo de los otros cuatro, es decir no son tres, son cuatro falanges. En fin, el punto es que hay una situación con este tipo de turista que llega a Medellín. La gran mayoría de ellos no aporta al desarrollo económico de la ciudad y se está convirtiendo en un problema de seguridad.

Hoy, el Parque Lleras, otrora sitio emblemático y “play” de la rumba medellinense, es una réplica del ‘Guayaco’ que les tocó a nuestros padres y abuelos. Este parque está hoy invadido de prostitutas, travestis, jíbaros, ladrones y todo tipo de cosas que forman una “calle de tolerancia”.

La cosa se salió de las manos desde hace algunos años y hubo alarmas, una de ellas tan sonoras como el bombazo que estalló en pleno Lleras hace unos años. El parque está en manos de unos combos y/o mafias y todo el mundo lo sabe. ¿Hay medidas?, sí. La institucionalidad ha realizado acciones con operativos y tratan de recuperar la zona, pero todo sigue igual. El Lleras es otro ‘Guayaco’ y todo tiene un caldo de cultivo que potencia esta situación: el turismo extranjero que llega a Medellín (como si fuera una sucursal de Tailandia) en busca de un paquete que se compone de: sexo-droga-alcohol. Rumba desenfrenada en el marco de las “libertades” que acá se dan para hacerlo, según dicen ellos.

“El plan para venir a Medellín es la rumba que se promete en el Poblado con prostitutas. Vivir nuevas experiencias es lo que buscamos y si hay que pagar está bien para nosotros. Además, sale barato porque ya hay muchos planes turísticos que ofrecen en Estados Unidos”, le afirma a un medio local un grupo de norteamericanos que se encuentra en el Parque Lleras (todos visten bermudas y la susodicha chancla).

Según información de las entidades que manejan el turismo en la ciudad, en 2016 llegaron aproximadamente a Medellín 75.000 turistas, de esos, 20.000 eran extranjeros que dejaron ingresos económicos en la ciudad por 49 millones de dólares aproximadamente. Excelente a nivel plata, pero a nivel social, en su mayoría, el daño es grande.

Hostales a 20.000 pesos la noche, planes “turísticos” que se ofrecen por internet a 800.000 pesos con el “combo todo incluido” de sexo, drogas, trago, reguetón y el tour “no oficial” sobre Pablo Escobar. Todo un coctel de rumba que lo único que deja a la ciudad es pena, vergüenza y un daño moral que duele en toda la urdimbre social de Medellín.

En los sitios más emblemáticos como el Museo Botero, el Pueblito Paisa, el metro, el Museo de Arte Moderno y muchos más, se ven los turistas que vienen en familia, en pareja o en grupos organizados, esos que vienen a aumentar su bagaje cultural, esos que vienen a disfrutar de la sonrisa, esos que aportan a la economía sana del turismo. Pero la otra cara de la moneda son esos que van en grupos de tres o cuatro, o solos, todos hombres, de Israel, Estados Unidos, países de la antigua cortina de hierro y otras zonas. Se les ve deambular por la ciudad con cerveza y/o bareto en mano con la mirada que busca farra desenfrenada. Son fáciles de detectar.

Los taxistas son el termómetro de toda ciudad y hay varios que me han dicho lo mismo: “Vea, señor, esos monos de chanclas y bermudas son unos chichipatos. Solo buscan lo más barato. Por una carrera de 15.000 pagan 7000 y se bajan del taxi. Uno no se va a meter en problemas con ellos pero eso sí, preguntan y piden siempre que los lleve a donde las putas, la droga y las cosas oscuras. No aportan nada a la ciudad”.

Es un problema que ya ha cobrado varios extranjeros que han aparecido asesinados en diferentes zonas. Se habla de cobros por deudas de droga y prostitución. En otros casos, es el atraco al meterse en zonas rojas y “dar papaya”. Desde la Alcaldía y la Policía se toman medidas, pero uno nota que el problema crece. Hay que hacer más y ser estratégicos en lo social, en los operativos y en las medidas de ingreso al país con un trabajo en equipo con las autoridades de inmigración.

¡Bienvenido siempre el turismo a Medellín! Más allá de la problemática social y de seguridad, defiendo una posición: esas chanclas deben ser prohibidas en las calles de las ciudades que tengan más de 1500 metros de altura sobre el nivel del mar. Es cuestión de decencia.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos / Twitter: @poterios

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