Medellín la ciudad perfecta para los amantes del Tango

La muerte de Carlos Gardel el 24 de junio de 1935 fue el detonante para que la pasión por el tango se desbordara en la capital antioqueña y 80 años después se continúe respirando por las calles de Manrique.

Por ARIADNE AGAMEZ

Para entender cómo llega el tango a la capital de la Montaña, es indispensable establecer unos paralelos entre lo que era Medellín, Buenos Aires y Montevideo, las ciudades de mayor prestigio en relación con el tango.

“Ese paralelo tiene que ver con la manera cómo nace el Tango, los lugares de la ciudades donde se arraiga, esos lugares en Buenos Aires y en Montevideo son los puertos, donde llegaban los barcos, donde llegaban los marineros, donde estaban los trabajadores, los obreros, gente que descargaba los barcos y es allí donde el tango, obviamente por sus letras, se arraigó principalmente en el alma de estas personas” afirmó Carlos Velásquez, Director de públicos y proyectos de la Casa Gardeliana.

En Medellín sucedía algo parecido y es que en lo que llamaban el Puerto seco que era el Guayaquil de entonces, “era el sitio de llegada de todas las provisiones para la ciudad que venían del campo, de otras ciudades, la llegada del ferrocarril. El entorno estaba lleno de bares, de pequeños cafés y cafetines, donde las personas después de trabajar se iban a beber y a divertirse; obviamente era allí donde se escuchaban los tangos” afirmó Velásquez.

Se dice que no se ha logrado identificar claramente el momento exacto en el que llegó el tango a la ciudad, lo cierto es que en un principio era un género de la clase trabajadora pero grandes compañías artísticas que venían de Argentina y España se encargaron de darlo a conocer al resto de la población.

“Evidentemente, la muerte de Carlos Gardel el 24 de junio de 1935, en el accidente aéreo que ocurre en la ciudad, fue clave para que se disparara el gusto por este género musical puesto que la voz ya se conocía y ya había tenido algunas presentaciones, aunque habían sido pocas” dijo Velásquez.

En 1935 entra en un auge imprevisible, fue el bum y es cuando se queda en la ciudad, desde entonces han pasado 80 años y durante ese tiempo han sido decenas de bares y cafés que han sido centro de congregación de los amantes del tango.

“Café Alaska fue uno de los primeros lugares que se crearon para hacerle homenaje al tango en Manrique, ya llevamos 76 años de trabajar continuamente en la difusión del tango. Las letras del tango concatenaban a las vivencias de la gente aquí en Medellín y es por eso que se arraigó tanto” afirmó Gustavo Rojas, Administrador del Café Alaska.

Los nuevos intérpretes no han logrado superar las creaciones tradicionales, los tangos más pedidos son de la época de los 40 y de los 50’s, es que son de la época de oro, porque fue un periodo de mucha poesía y en ese entonces vivieron 40 o 50 poetas produciendo tango” dijo Rojas.

En la actualidad se siguen escuchando los mismos tangos de siempre, Volver, La cumparsita, El choclo, Sangre maleva, Uno, el último café.

El argentino Leonardo Nieto, fue el visionario que deseando convertir a Medellín en la segunda capital tanguera, por supuesto, después de Buenos Aires, creó el Festival Internacional del Tango, en el que año tras año se reúnen expertos, intérpretes y bailarines de este género.

Posteriormente el señor Nieto fundó la casa Gardeliana, por donde pasaron grandes personajes como Manuel Mejía Vallejo, Jaime Jaramillo Panesso y Alberto Podestá.

En cuando a la danza hay una renovación generacional con participación de niños y niñas desde los 5 años de edad, que buscan prepararse para participar de los campeonatos mundiales de tango que hay en Argentina, Uruguay, Alemania, Venezuela y Japón.

 

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