'Será larga la noche': un 'thriller' con sello nacional

Hablamos con Santiago Gamboa sobre su 11ª novela, en la que cualquier parecido con la realidad podría no ser simple coincidencia

Por Laura López

El nombre de Santiago Gamboa vuelve a aparecer entre los lanzamientos literarios con Será larga la noche. El periodista y escritor bogotano regresa con este thriller, donde un niño es testigo de un asesinato en una carretera del Cauca. Muy pronto, una llamada anónima a la oficina del fiscal del caso demostrará que todo es mucho más complicado de lo que parecía en un comienzo. Esto fue lo que nos contó el escritor sobre esta obra.

En Será larga la noche encontramos un tema recurrente en sus obras: Colombia. ¿De qué manera abordó esta constante observación del país en este libro​?​

Bueno, yo regresé a vivir a Colombia en el 2015, cuando el Proceso de Paz entraba en la recta final, y formé parte de esa multitud entusiasta que creyó en una especie de segunda Independencia para el país. Luego nos dimos el batacazo del Plebiscito en el 2016, pero seguimos adelante y la victoria de Duque, el subpresidente uribista, fue un segundo golpe casi mortal. Todo eso y sus consecuencias se ve en el país rural, en la violencia que poco a poco regresa, en la falta de Estado y de institucionalidad, en los centenares de líderes sociales asesinados, en la corrupción cada día más atornillada en la vida pública, en el creciente y peligrosísimo avance político de las iglesias evangélicas, iglesias con datáfono para sus diezmos obligatorios que están poniendo en jaque a la democracia y amenazan con devolvernos a la edad media. Todo eso que veo aparece en mi última novela, que es la novela del encuentro triste con la realidad de hoy.

¿Por qué contar parte del relato (su raíz, incluso) desde los ojos de un niño? 

El niño es el símbolo de la orfandad colombiana. Después de 50 años de guerra, Colombia es un país de huérfanos que anhelan la protección y el afecto de un padre; un país de gente desamparada que no sabe hacia dónde mirar, sola en medio de la noche, donde cualquier voz es un alivio. Así sea una voz autoritaria. Por eso aquí ha habido tantos caudillos y guerreros. Es a partir de esta comprensión que debemos buscar reconciliarnos y, poco a poco, crear una sociedad en la que todos se sientan protegidos.

¿Cuáles cree que son las herramientas que le permiten saltar entre el humor y la crudeza sin perder el elemento de intriga en el relato?

Bueno, como decía Cortázar: “Divertido no es lo contrario de serio. Es lo contrario de aburrido”. El humor exige una profunda seriedad, lo mismo que el relato de nuestras desdichas y crueldades. La intriga se mueve a través de la imaginación del lector y todo lo que sirva a ese imaginario, sea humorístico y duro, le sirve al argumento.

Tenemos a Johana, una exguerrillera, como pieza clave en la historia. ¿Cómo cuidó la representación de este personaje para que se sintiera creíble?

Johana vivió la vida difícil de millones de colombianos y sufrió una terrible tragedia, teñida de humillación. Su historia y su manera de encarar las cosas en el post conflicto es una demostración de cómo alguien valiente puede sobreponerse a la realidad más adversa, aún si esa realidad la sigue golpeando. Sé que muchos ex combatientes de las FARC están rehaciendo sus vidas de un modo admirable. En lugar de culparlos y señalarlos, la sociedad debe protegerlos, pues son hijos de una trágica historia política y social que robó sus infancias, que los entregó a esa dolorosa orfandad que tanto define a nuestro país.

Una reseña de su libro lo ubica dentro del género de “novela urbana de aventuras”, ¿se identifica con esta descripción?

Bueno, más o menos, ya que una parte importante sucede en las montañas del Cauca. Yo diría que es una “novela de periodismo criminal”. Esto del periodista investigador tiene un origen muy claro: no creo en los detectives en el contexto de nuestro país. Por lo demás, si mi protagonista fuera un policía querría decir que al final, cuando descubre a los culpables, la ley tendría que triunfar, y es ahí cuando la credibilidad falla. No creo en el triunfo de la ley, pero sí en el de la verdad. Por eso uso un periodista, que es un detective sin pistola que representa a la sociedad civil e investiga para ella. Se pone en peligro, baja a todos los ambientes, tiene soplones. He practicado diversas formas de periodismo desde hace más de 25 años y conozco bien a mis colegas. Y algo más: la figura del periodista siempre me ha parecido romántica y solitaria. Una especie de Quijote que lucha contra molinos de viento.

Viniendo del periodismo, ¿en algún momento sintió que Será larga la noche podría ser un reportaje con algunos elementos de ficción?

Me interesan muchísimo el reportaje y la crónica, pero para un tema como este prefiero la tranquilidad de la ficción. Esta me permite ser atrevido con el argumento y llegar más lejos, ser más osado y arriesgar más. Entrar a estos temas directamente con la realidad es peligroso en un país como el nuestro en el que tantos periodistas son amenazados, cuando no directamente asesinados. Pero los malos de este país no leen novelas, y eso protege a los escritores. Igual la realidad se parece mucho y puede llegar a ser premonitoria. La emboscada en una carretera del Cauca con la que comienza mi novela se parece demasiado a la emboscada en una carretera del Cauca en la que abalearon a Karina García, candidata a la alcaldía de Suárez. Y como en mi novela, todavía no se sabe nada de ese crimen. Habría que llamar a Julieta y a Johana.

 

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