'Háblame de horror': un álbum que no quería decir cosas tiernas

Especial 'Un disco: una historia'. Cada uno en distinto género. Cada uno en diferente época. Sin embargo, todos tienen algo en común: partieron la historia de la música colombiana y latina en dos. En PUBLIMETRO les hacemos un homenaje a algunos discos que cambiaron el panorama musical. Esta nueva entrega se la dedicamos al debut de las Almas

Por Lizeth Cadena

Con un préstamo, inexperiencia al 200% y unos instrumentos que más bien daban pena, 1280 Almas llegó al estudio de grabación con el objetivo de crear un demo que finalmente se convirtió en una de las obras rock más importantes y queridas en Colombia: Háblame de horror. Y aunque para ellos era una producción con un sinfín de carencias y falencias, lo cierto es que, sin saberlo, se convirtieron en una de las columnas vertebrales de un naciente movimiento rock en nuestro país, que más tarde, evolucionado y experimentado, fue capaz de formar una industria, cambiar la mentalidad de millones de jóvenes, pero sobre todo, darnos tantas glorias culturales y musicales. Fernando del Castillo y Juan Carlos Rojas nos cuentan de esos años en los que, a punta de música, decidieron escapar del terror de un país envuelto en sangre.

¿Cómo describirían a esos muchachos de 1993, previo al lanzamiento de este álbum?

Fernando del Castillo: Éramos un grupo universitario e incluso uno de nuestros integrantes, Pablo Kalmanovitz, estaba en el colegio. Yo por ejemplo estaba estudiando cine y televisión en la Nacional y Juan Carlos estaba dándole a la literatura en la Javeriana.

Entonces hacía parte de nuestros “días de rumba”, en comillas porque casi no salíamos y en realidad éramos ñoños y pobres, irnos a la casa de Enrique Bernal (exintegrante) a escuchar música y fue en ese momento cuando surgió la inquietud de hacer el grupo.

Juan Carlos Rojas: ¡Y qué cosas! Luego de la salida de Enrique fue que compusimos Háblame de horror. Y después de escribirla al ‘Mono’, Hernando Sierra, se le metió en la cabeza que debíamos grabarla. Pero tú no te imaginas cómo eran las grabaciones en esos años, eran carísimas, y para rematar, habían poquitos estudios en Bogotá, y casi ninguno que se dedicara al rock. Y bueno, nosotros no teníamos equipos y mucho menos, plata.

Fernando: Y como veníamos del Gobierno de Gaviria, apenas se había dado la apertura económica y empezaron a llegar instrumentos musicales de buena calidad, porque antes no los conseguías. Y los grupos que los tenían eran porque podían viajar.

Juan Carlos: El caso es que, entre tanto y tanto, pudimos pagar el estudio porque mi papá nos prestó la plata, que haciendo cuentas de hoy en día, fueron como 25 millones de pesos.

¿Y cómo logran que les dé todo ese dinero a un grupo de muchachos para grabar algo que bien hubiera podido ser una decepción total?

Juan Carlos: No sé yo creo que él dijo: “Yo veo a estos chinos con dos opciones en su vida: ser unos drogadictos sin nada más por hacer o grabar un disco”. La verdad es que en ese momento mi papá tenía una buena posición económica, y es que tanto mi familia como la de los demás, fueron en el comienzo uno de los apoyos más grandes y fundamentales. Fueron nuestros primeros patrocinadores con lo que humanamente podían darnos.

Ahora bien, ¿Ustedes sí saldaron esa deuda?

Juan Carlos: Pero por supuesto. Y en parte eso fue un motivo de pelea con Enrique, porque él pensaba que debíamos repartirnos el dinero de las ganancias y ya, sin pensar en lo que debíamos.

Fernando: Y de hecho, si no hubiéramos pagado nuestras deudas con juicio, es probable que el grupo ni siquiera existiera hoy en día.

“En ese momento nosotros no éramos conscientes de que habíamos creado una buena producción. Para nosotros solo era un demo”, Juan Carlos Rojas  de 1280 Almas.

Pero volviendo al tema del estudio de grabación, ¿por qué eligieron a Audio Ocho?

Juan Carlos: Era como el más rockero de la época y todavía existe. No teníamos ni idea de cómo se hacía una grabación, pero el caso es que salió el disco. En ese momento el formato más barato para grabar era el casete y así lo hicimos, además, con una portada a blanco y negro, porque en esos años imprimir a color también era carísimo.

Fernando: Ese casete a blanco y negro era bien especial. Por ejemplo, tenía numeritos para que las personas lo pudieran colorear. Yo no sé si alguien lo haya coloreado, yo hasta ahora no he visto ninguno. Y justamente, los colores que ya se pueden ver en la segunda edición de este álbum, corresponden a esa instrucción de cómo deberían haberlo colorearlo quienes lo compraron en esa versión a blanco y negro.

Pero como el tiempo es oro cuando se habla de estudios de grabación, de seguro tuvieron que llegar con todo el material listo. Así que, ¿en dónde se construyó el Háblame de horror?

Juan Carlos: Ensayábamos sobre todo, en una casa que quedaba en la paralela con 116, era como un lugar abandonado que ya no existe. Ahí vivían unos desadaptados de la época que nos dejaban ensayar en un cuarto, y hasta nos robaron. Con el tiempo aprendimos que si uno tiene un grupo de rock eso le tiene que pasar.

En cuanto a las letras, bueno, nosotros lo definimos como un taller de composición destructivo. Y es que nuestro proceso siempre ha sido el siguiente: alguno de nosotros da una idea y lo que hacemos es llevarle la contraria, en pocas palabras, destruirla para volverla a construir.

Este es un disco que tiene muchas referencias a las películas que estaban viendo por ese entonces…

Juan Carlos: Nuestras favoritas eran las Serie B, que no son las de mayor presupuesto, por decirlo así. La verdad es que desde el colegio nosotros ya le habíamos cogido cariño a la película barata.

Fernando: Habían días en los que nos reuníamos tardes enteras a ver películas de terror y de ciencia ficción de Serie B.

Juan Carlos: Para Fer esos dos géneros siempre han sido un referente y le han encantado, por eso ese Háblame de horror es un pirateado de una antología de cuentos de terror de Robert Bloch que se titula Háblame de horror… no me digas más cosas tiernas.

Fernando: Y la canción y el álbum hacen referencia a ese cine gore, a ese uso totalmente exagerado de la sangre, las tripas y esas cosas.

Pero sin duda, otra gran referencia de ese álbum fue la vida misma…

Juan Carlos: Es que nosotros sí podíamos hablar de horror. Este álbum tiene esa crudeza que nos tocó vivir en la calle. No es que nosotros fuéramos unos delincuentes, pero vivimos varias historias de terror fuera de casa al igual que miles de colombianos. Una de ellas, por ejemplo, es que en esa época a los muertos no los recogían rápido, duraban cinco, seis horas tirados en la calle. Uno ya sabía que había un trancón porque había un muerto esperando a ser recogido.

De hecho nos preguntan por la Soledad criminal y por qué sigue siendo vigente. ¿Se han puesto a leer con cuidado la letra? ¡Es terrible! ¿Cómo puede ser actual? Han pasado 26 años y es una tristeza que los jóvenes se sientan igual y hasta peor. Por lo menos nosotros pudimos estudiar en un colegio público sin tener el miedo de que nos robaran en el salón, o no tener la necesidad de consumir drogas desaforadamente para escapar de la realidad. Que siga siendo vigente una canción así, no es bonito.

Y sin quererlo, le dieron vida a uno de los discos rock más importantes de la historia colombiana…

Juan Carlos: Háblame de horror nos abrió las puertas a todo. En ese momento nosotros no éramos conscientes de que habíamos creado una buena producción. De hecho lo publicamos como un demo, porque eso era para nosotros. Pero, cuando uno lo revisa con detalle puede darse cuenta que es un álbum que a pesar de todo, es exitoso en temas de grabación porque suena muy compacto y hasta mejor que discos posteriores que hicimos de manera más profesional.

Además, ese disco fue importante en la escena bogotana porque salió al tiempo con otros álbumes clásicos como el primero de La Derecha y el debut de los Aterciopelados. Entonces eso hizo que la gente y la industria se dieran cuenta que había un movimiento y se fijaran en el rock colombiano naciente. Un movimiento que después se centralizó en Rock al Parque. Y es que, todo eso que ocurrió alrededor de Háblame de horror y que puedes comparar con otros músicos, fue el germen de la necesidad de crear un festival que aglomerara esos grupos. Si tú llegas a ver las bandas de esa primera edición de RAP, te vas a encontrar con que todas habíamos publicado un demo y estábamos buscando dónde tocar, inventándonos lugares para hacerlo.

Si el Háblame de horror fuera una persona y estuviera aquí a nuestro lado, ¿qué le dirían?

Juan Carlos: ¡Préstenos plata! Ya que está tan exitoso.

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