Santiago Rivas invita a “acabar Colombia” en su nuevo libro

En 'Acaba Colombia: motivos para apagar e irnos', el periodista propone desmantelar el país con un toque de anarquismo y humor.

Por Laura López

El pronóstico de país no es nada bueno, tal como lo muestra Santiago Rivas. En sus propias palabras, el periodista explora por qué la historia de Colombia está llena de sucesos penosos que, desde la Conquista, dejaron una nación que no se termina de comprender a sí misma. Antes de presionar el botón de reset, Rivas lleva al lector a entender por qué el país de Colombia, Magia Salvaje, no es el mismo que sale en las noticias. En sus palabras, "Colombia es una chimba, pero está allá, lejos".

Tal como dice, hay dos Colombias: la del optimismo y la exuberancia de la fauna y la flora, y la del pesimismo por la desigualdad y la violencia. "El país del escudo, y el país de las noticias; el país de Colombia Magia Salvaje y el país de la escasez, el mejor vividero de mundo y el peor moridero de mundo, estamos todo el tiempo en esos dos extremos".

Arribismo, racismo y clasismo: los tres cánceres de Colombia

En su diagnóstico de país, Rivas se adentra en la historia. Y más que repasarla, busca analizar por qué un proceso como la Conquista dejó un territorio donde más que hermandades, hay rivalidades a nivel económico y social. Todos los ingredientes para tener una comunidad fragmentada. "Yo creo que esto viene de una evolución, desde la conquista española. Lo primero es una cosa racial, que está ligada también a lo económico y lo religioso. Para poder tener fincas funcionales y poder atar todo dentro del hilo del Imperio español, los españoles partían de la base de que ellos eran la raza superior, y que los indígenas, que no tenían un progreso armamentista tan grande como el de ellos, eran inferiores. De ahí en adelante la inferioridad se utiliza para perpetuar modelos económicos como la encomienda y la mita, y eso se extiende al tráfico de esclavos en el África. Al conquistar, los españoles se creen superiores. Y un cuento repetido mil veces, por mentira que sea, termina siendo verdad. El cuento de que somos inferiores se lo creen en todas partes de Colombia. Es impensable que alguien desdeñe de su propia raza, pero muchos creen que aclararse significa mejorarla".

"Colombia es un país sin ciudadanía porque es un país de rivales", asegura Rivas, quien explica que los españoles tomaron poblaciones de un lugar y de otro y los cambiaron de locación. "Estos destierros generaron aislamiento y violencia, que llevaron a la pobreza, pues estas personas se tuvieron que adecuar a lugares que no conocían, y donde no tenían acceso a los alimentos que sabían cosechar. "Volvieron a todo el mundo enemigo de todo el mundo", dice el presentador y escritor. "Uno sale a la calle y desde la primera persona que uno ve y que teme que lo vaya a robar, hasta el presidente, todos son enemigos de uno. No funcionamos sobre la confianza, estamos desintegrados precisamente por eso, que era una práctica económica que dio al traste con mucho."


“Me gustaría que leyeran Acaba Colombia porque siento que el mundo, en general, necesita más anarquistas”


Estos problemas, explica Rivas, han llevado a una pérdida importante de identidad, que se puede sentir en todo el país, y en todas las razas que lo conforman. "Fuimos liberados por los criollos, que eran el tope de esa escala de discriminación, pero al mismo tiempo la primera raya de inferioridad", explica Rivas. "Los españoles le pusieron criollos a los blancos nacidos en suelo americano, el suelo ya los 'ensuciaba' y de ahí en adelante bajaban 18 categorías hasta lo más oscuro, hasta que nos quedamos sin suelo, porque la identidad es precisamente eso, un suelo. Si nosotros sentimos vergüenza, desde el más blanco al más negro, pues nos quedamos sin esa base. Como la opción minoritaria es el abajismo, la gente optó por el arribismo".

Históricamente, explica el periodista, con esa superioridad se blindaron las clases altas de los únicos que pudieron desafiar el poder desde la capacidad económica: los narcotraficantes. Así, el arribismo no solo fue económico sino también de clase, pues el apellido es algo que el dinero nunca pudo comprar. No obstante, agrega, el arribismo existe de formas tan variadas como el arribismo académico, donde las personas pretenden sentirse por encima de otros al tener educación. "El arribismo está siempre ahí. No solo está en la plata, aunque es el arribismo mayoritario porque es el más fácil. Pero hay otro tipo de arribismo que dice cosas como 'yo sí leo a los antropólogos', y se tiene una superioridad moral, un arribismo acádemico. Ya que no hay piso, haga de cuenta que estamos en un volcán.".

Precisamente, esta educación que se ha usado para presumir, se ha olvidado de enseñar algo tan básico como la empatía. En la encarnizada lucha por enseñar a superar al otro, se eliminó el concepto de entender y ayudar al otro. "El sistema educativo, cuando se supone que uno tiene que educar para las masas, durante mucho tiempo se pensó que se tenía que reducir el valor de la individualidad y eso lo que hace es reducir los niveles de empatía. Somos un país sin empatía. Vemos a la gente caerse y nadie hace nada. Las noticias no nos hacen daño. Estamos completamente adormecidos, estamos acostumbrados, programados para la golpiza diaria".

Una invitación a arriesgar y a replantear

“Me gustaría que leyeran Acaba Colombia porque siento que el mundo, en general, necesita más anarquistas”, dice Rivas. “Necesitamos una idea que al menos nos haga pensar que existe una opción distinta a la Hegemonía. Yo no quiero refundar el país, quiero refundirlo, como cuando uno pierde algo y sabe que está por ahí. Por mí, que Colombia se pierda. Es un libro de autoayuda. La idea es que esa idea que nos hace sufrir se vaya. El problema es como nos entendemos a nosotros mismos. Nos están robando de frente y el problema es esa Colombia, que para mí, debería desmantelarse y acabarse”, sentencia, con la promesa de no estar pecando por exceso de pesimismo, ni de optimismo.

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