Jóvenes prodigios del vallenato: ellos garantizan la existencia del folclor

Mientras los profesionales discuten por la corona de rey de reyes, los juveniles hacen sus pininos soñando algún día grabar su nombre en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Por Román Gómez

Valledupar respira Festival. La ciudad está paralizada para vivir el quincuagésimo Festival de la Leyenda Vallenata, uno de los más emotivos desde su creación, allá por 1978.

Los reyes anteriores compiten entre sí por la corona suprema, del rey de reyes. En medio de los pitos y bajos, una polémica es el corrillo de conversación en cada esquina de los amantes del folclor: ¿El vallenato está en crisis para el futuro?

Mientras en la Plaza Alfonso López los profesionales se disputan la corona, lejos, a las afueras de la ciudad, las próximas leyendas del Festival pugnan por coronarse rey juvenil en la edición 50.

Ellos no les envidian nada a los concursantes que tienen como ídolos. La exigencia es similar a la de los mayores, a pesar de que su edad oscila entre los 14 y los 17 años. Para ser rey juvenil se deben interpretar los cuatro aires del vallenato a la perfección: merengue, son, puya y paseo. El jurado, aunque se trata de infantes, es implacable.

Las notas emitidas por los concursantes del futuro son tan exactas, que los que avanzaron a la fase semifinal lo hicieron con un puntaje ideal. Todos obtuvieron puntuaciones que rozan la excelencia.

Es el caso de Daniel Felipe Rocha, un joven proveniente de Bogotá, quien representa a la Academia Vallenata Francisco El Hombre, primera escuela fundada en Colombia, con más de 30 años de tradición folclórica en el interior del país.

El bogotano se subió a la tarima acompañado por Andrea Guillén en la guacharaca, Fabio Maestre en la caja y Javier Pérez en la voz. Su apasionada manera al interpretar los cuatro aires despertó el fervor entre los asistentes a La Pedregosa, uno de los tantos sitios que se viste de gala para los eventos del Festival, a lo largo y ancho de Valledupar.

Primero, un merengue; luego, un paseo; después, una puya y por último un son. Así Daniel Rocha logró que los jurados le calificaran con un puntaje perfecto. Con actitud triunfal, el joven declaró se mostró seguro de ganar en esta ocasión.

“Me gustaría ganar el Festival juvenil, si puedo también hacerlo en la categoría aficionado y después profesional. También, grabar un disco”.

Son las ilusiones de los jóvenes en Valledupar. No se conforman con tener el rótulo de prodigios digitando las notas de un acordeón, ellos también anhelan ser aclamados por la multitud, sonar en las emisoras.

A las finales también avanzaron tres mujeres, que muestran que el arte de tocar un acordeón no es exclusivo del género masculino. Loraine Lara, Leidy Salgado y Melida Galvis hacen parte de un semillero que garantiza que hay vallenato para rato.

Otros, aunque con muchas ganas, empuñan su acordeón y sienten el rigor del jurado. Son eliminados. No decaen. Para ellos el Festival 50 acabó, como sucedió con los hermanos Leal, Diego (acordeonero) y Sebastián (cajero), quienes a partir de ahora arrancan el sueño de ser más fuertes el año que viene, pasar a la final y por qué no, coronarse como reyes vallenatos.

“Nos faltó un poco más de acople en el grupo. No nos fue tan mal, pero si debemos tener más ensayo para el año que viene”.

Así como para estos muchachos el sueño no culmina con una eliminación, para los que continúan en competencia no está el cielo ganado. Uno de ellos será coronado rey juvenil este fin de semana, garantizando que el vallenato se impondrá como folclor colombiano por muchos años más, como lo son estas bodas de oro.

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