María Fernanda Yepes: el toque malo que amarga "Azúcar"

La actriz le da vida a Caridad Solaz, una mujer cargada de miedos y traumas que no le permiten vivir en paz.

Por Lizeth Cadena C.
No me basé en el Azúcar de los 80, ni tampoco en lo que hizo Alejandra Borrero, quien interpretó a Caridad en ese entonces. Sin embargo, me hablé mucho con ella y me dio consejos para darle más fuerza al personaje”, María Fernanda Yepes. 

Este año los canales nacionales quisieron apostarle a las producciones de época, y Azúcar fue la de RCN. Se trata de una nueva adaptación de aquella producción de finales de los 80 y principios de los 90, en donde la infidelidad de una típica familia y la belleza del Valle del Cauca se mezclan para darle a los televidentes una trama fuerte y cargada de drama, al mejor estilo de las novelas clásicas colombianas.

En la década de los 50 Manuel María Solaz y la sirvienta de raza negra Sixta Lucumí, mantienen una relación clandestina que da como resultado el nacimiento de Maximiliano y el comienzo de una maldición que se mantendrá por décadas. Caridad Solaz es una de las hermanas de este hijo ilegítimo, una mujer con corazón de hierro, manejada por lo que dicta su odio.

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“La niñez la marca definitivamente, ver a su papá con una de las empleadas deja huella en su mente. No es fácil aceptarlo y menos cuando se da cuenta que tiene un medio hermano y que su raza es negra. En esa época era innaceptable”, asegura María Fernanda Yepes, actriz que encarna a Caridad.  

Los televidentes se encontrarán con una mujer solitaria, que guarda su lado vulnerable bajo un caparazón de autoritarismo y amargura. A pesar de que su madre, Matilde, no está presente, crece siendo igual que ella. Así que cuando muere, Caridad empieza a asumir su papel dentro de la familia. Ninguna decisión se puede tomar si no está presente.

“Y a su personalidad complicada se suma que para ella la carne es pecado, algo que siempre le ha dicho su mamá. En realidad, le tiene miedo a todo tipo de temas que se relacionan con la sexualidad”, dice la paisa.

María Fernanda construye sus personajes en la intimidad y luego se los enseña a los directores y al equipo de trabajo, para darles entre todos la últimas pinceladas. “Más que pensar en sus cualidades y defectos, lo ideal es reflexionar acerca de los momentos que ha vivido y que finalmente los han llevado a ser quienes son, relata la actriz. En el caso de Caridad sabemos que su existencia no ha sido fácil, así que se imaginarán todas las emociones y sensaciones que se mueven en su interior”.

En ocasiones, además de la contrucción en solitario, María Fernanda trabaja con una entrenadora. Las dos tienen una manera particular de darle forma a los personajes: relacionarlos con animales. Entonces, ¿cuál es el de Caridad?

Para la artista “esta mujer es un lobo, ya que es ágil, astuta, solitaria, siempre tiene los cinco sentidos activados y sabe qué está pasando, así no se encuentre en el lugar”.

Las grabaciones de esta producción se realizarón en el Valle del Cauca y en Bogotá. Las escenas de interior se hicieron en un estudio de la capital, mientras que las de exteriores fueron en Palmira.

Lo más divertido para María Fernanda a la hora de realizar las escenas, además de actuar, fue jugar a disfrazarse y moverse en una historia que no es estática, sino que corre como las manecillas del reloj. Así que verán a Caridad de 25 años, pero también a la de 80.

“Si hubiera podido decidir una época para vivir, serían los 50 o 60, pero más que por su sociedad, o cultura, lo habría hecho por su forma de vestir. Es que no fueron unos años fáciles para la mujer. Es como la historia de Matilde, la madre de Caridad, quien por el qué dirán, prefirió mantener un matrimonio, a pesar de la infidelidad de su esposo. Las apariencias sociales eran importantes y yo no hubiera aceptado eso”.

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