Las últimas piezas de la Exposición Iberoamericana de 1929 regresan a América

Por Publimetro Colombia

Sevilla (España), 23 ago (EFE).- Las últimas piezas que fueron expuestas en la Exposición Iberoamericana de 1929, que se celebró en Sevilla (sur), concretamente en el Pabellón del Perú, han llegado esta semana a Lima, donde serán estudiadas y clasificadas y pasarán a formar parte, 84 años después, de los fondos de museos peruanos.

Se trata de 40 objetos entre herramientas agrícolas, remos y piezas de cerámica, como jarras, vasos y fragmentos de vasijas, pertenecientes a las culturas Nazca, Chimú, Mochica y Chancay, algunos objetos de casi un milenio de antigüedad.

Entre esas piezas van algunos instrumentos de madera de uso indeterminado que ahora estudiarán en Perú equipos de arqueólogos y antropólogos, que determinarán si se trata de herramientas o de algún tipo de cetro o bastón ritual, según explica a Efe el cónsul de Perú en Sevilla, Javier Sánchez.

Todas estas piezas preincaicas acompañaron durante la exposición de 1929 a las piezas centrales de la exposición peruana, que eran tres momias preincaicas, que ya regresaron a Perú con anterioridad, con otras antiguas muestras textiles y objetos de valor más elevado.

Tras permanecer unos 80 años embaladas en los almacenes del Pabellón del Perú, soberbio edificio decorado con motivos incaicos que en la actualidad comparten el Consulado de Perú y la Casa de la Ciencia, estas piezas se mostraron públicamente en Sevilla en el verano de 2011.

Entonces, la pieza central de la exposición fue un cráneo de un varón, perteneciente a una cultura preincaica y que, desde la conclusión de la Exposición Iberoamericana había estado 80 años desaparecido hasta que un particular lo reintegró al Consulado del Perú en Sevilla.

El envío de estas últimas piezas al Perú estuvo alentado por la política de recuperación de patrimonio cultural e histórico que ha sido reforzada en el país americano, sobre todo con vistas al tráfico ilícito, aunque este no haya sido ese caso, según explica Javier Sánchez, quien ha agradecido al ministerio español de Cultura que les haya eximido del pago de la tasa obligatoria que conlleva este tipo de transportes.

El final de la Exposición Iberoamericana de 1929 estuvo marcado por la crisis económica del “crack”, cuyas consecuencias se alargaron hasta el estallido de la Guerra Civil española, que a su vez enlazó con la Segunda Guerra Mundial, una sucesión de hechos y de penurias que influyó en que estas piezas cayeran en el olvido.

El nuevo uso museístico del Pabellón del Perú como Casa de la Ciencia, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, hizo que volvieran a revisarse todos los almacenes del edificio, con lo que este patrimonio volvió a aflorar y las autoridades peruanas determinaron su reenvío al país.

El uso del Pabellón del Perú se reservó al Estado peruano durante 75 años a contar desde 1929, un periodo que expiró en 2004, pero en 2007, con la apertura de un consulado profesional en Sevilla, el Gobierno peruano renegoció seguir usando el edificio otros 75 años, pero en este caso solo el 13 % del edificio, ya que el resto lo ocupa la Casa de la Ciencia.

El Pabellón del Perú fue diseñado por Manuel Piqueras Cotolí (1885-1937), arquitecto, escultor y urbanista cordobés, que hizo de la cultura incaica uno de los motivos principales de sus creaciones arquitectónicas, entre las que figuran el Palacio de Gobierno de Lima y la Escuela de Bellas de Bellas Artes de la capital peruana, ya que repartió su actividad entre España y Perú.

El patrimonio arquitectónico de la Exposición de 1929 constituye uno de los grandes atractivos culturales de Sevilla, con los pabellones repartidos por las avenidas de María Luisa y de la Palmera y la emblemática Plaza de España, pero estas piezas expositivas que ahora han vuelto a América debían ser de las pocas que permanecían, casi un siglo después, en el lugar en que fueron mostradas al público por primera vez.

Alfredo Valenzuela

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