Los Cañaveral se subieron a lo más alto de la Leyenda del Dorado

El título quedó en familia. La pareja de hermanos, nacida en Pereira, dio una verdadera cátedra de ciclomontañismo, pero la falta de apoyo pondría punto final a su sueño campeón

Por Sebastián Gómez

La cuarta edición de la carrera de ciclomontañismo más difícil y competitiva de Suramérica quedó en manos de dos hermanos que, desde ya, hicieron historia. Johnatan y Johan Cañaveral demostraron que con entrega, esfuerzo, amor y sacrificio, nada es imposible, escribiendo sus nombres en las páginas doradas del ciclismo internacional.

Esta competición, que contó con el apoyo de la Gobernación de Caldas y el Fondo Nacional de Turismo (Fontur), tuvo como epicentro tierras cafeteras. Y es que, en los últimos tres años, Caldas se ha consolidado como referente de grandes eventos deportivos, especialmente en el ciclismo. Así quedó en evidencia en las siete complicadas etapas que se disputaron.

A lo largo de los 459 kilómetros recorridos por 250 ciclistas de 22 países, las miradas se centraron en dos hombres que desde el pedalazo inicial dejaron claro que su objetivo era uno solo: ganar. Por eso, sin importar las dificultades y diversos problemas que padecieron, sacaron adelante todas las desgastantes jornadas.

“Algunas etapas fueron más cortas, pero no necesariamente más suaves. La dureza y dificultad la puso el alto nivel de los corredores. Además, los problemas no faltaron. No es casual que en esta carrera se requiera de mucho apoyo y compañerismo. El que pelee está frito y pierde. Si al compañero le pasó algo, se debe tener calma y estar tranquilo porque a usted también le pudo haber pasado. No se puede señalar, juzgar o atacar y menos en La Leyenda del Dorado, que es la más dura en ciclomontañismo”.

Los Cañaveral no llegaron como favoritos, pero tampoco eran desconocidos. De hecho, fue la segunda vez que dijeron ‘presente’ en La Leyenda del Dorado. Eso sí, la preparación no fue la esperada, ya que como contó Johnatan, fiel a su estilo, “ni siquiera sabían que iban a competir y se enteraron 15 días antes del inicio”. Sin embargo, ahí no finalizó esta anécdota. Mientras algunos duraron meses enteros ultimando detalles, el caso de ellos fue bastante particular. “Soy corredor de ruta. Cuando llegué de la Vuelta a Colombia, mi hermano me dijo que si corríamos. Me le medí y le dije que sí. Conseguimos los patrocinadores, empezamos a volear y vea lo que ganamos tan grande”.

La consecución del título no fue fácil. No obstante, con el paso de los días, se ganaron el apoyo de la gente, que vio en los hermanos Cañaveral el fiel reflejo de que la unión familiar era la estrategia perfecta para coronarse campeón de este importante certamen, independientemente de la exigencia física que demandara. Incluso, desde el comienzo, como muestra de humildad, seguridad y fortaleza mental, Johnatan y Johan revelaron que apelarían al trabajo en equipo, dejando de lado el individualismo. “Teníamos que ir con calma y hasta que no cruzáramos la meta, no nos sentiríamos ganadores. Además, no hubo egoísmos. El que estuviera mejor en el momento ponía el paso y tomaba las riendas. Los roles los equilibramos e intentamos aportar lo mismo para conseguir la victoria”.

Fue así como esta historia tuvo un final feliz para la familia Cañaveral, que ya cuenta entre sus miembros con dos campeones y gigantes deportistas. Aunque como en la mayoría de relatos, no todo es positivo. Tanto Johnatan como Johan expresaron una inconformidad común en torno a la falta de apoyo: “Como uno no tiene tanto reconocimiento, es difícil que lo escuchen y hagan algo al respecto. Es más ‘fácil’ tocar las puertas de la empresa privada para que se unan y saquen deportistas adelante. Y eso que también se necesita contar con palanca o contactos para que se fijen, porque de lo contrario, no pasa. De igual manera, las entidades públicas solo apoyan a los que tienen renombre. Sería bueno que ayudaran desde abajo”.

De hecho, el sueño de verlos correr juntos para que continúen cosechando logros y que abandonen sus respectivas carreras, se diluyó con estas contundentes palabras de Johan Cañaveral: “Para que pase eso, se necesitaría un muy buen patrocinio que nos soporte y diga: ‘Los quiero ver corriendo como pareja y los voy a llevar a todas las carreras’. También que amerite en lo económico, porque más allá de que uno lo hace con gusto, la remuneración influye, pero no pasará, porque el apoyo no existe en Colombia”.

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