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Diego Molano / Cortesía
Columnas 06/02/2021

¡Narcotalia alta intensidad!

Los desafíos para este nuevo ministro, a quien le auguramos el mejor de los éxitos, no son pocos. El claro diseño de políticas públicas y derroteros estratégicos para lograr reducir a Narcotalia deberán marcar un nuevo comienzo

Por : Guillermo Rodríguez

La llegada a la cartera de defensa de Diego Molano es un gran acierto del gobierno Duque, no solo por su trayectoria administrativa llena de éxitos e impecables resultados cuando se desempeñó como cabeza de Prosperidad Social, y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en donde dejó grandes huellas por su compromiso con la más noble institución del estado. Su llegada no solo es un acierto desde el punto de vista administrativo, sino por su claro afecto y ascendencia al interior de la fuerza pública, su paso por uno de los mas queridos colegios de formación castrense y su clara identidad con lo que significa ser soldado de Colombia.

Los desafíos para este nuevo ministro, a quien le auguramos el mejor de los éxitos, no son pocos. El claro diseño de políticas públicas y derroteros estratégicos para lograr reducir a Narcotalia deberán marcar un nuevo comienzo, para recuperar un valor democrático como acierto firme, la seguridad, y el despliegue en contra de las guerrillas narcoterroristas que tanto daño le hacen a Colombia, a nuestra juventud, a nuestra identidad, a nuestra democracia y desde luego a toda nuestra economía. Lograr dilucidar esas estrategias para someter al prófugo Santrich, Márquez, El Paisa y toda esa pandilla deberá ser la constante de esta administración, y desde luego reivindicar estrategias que en el pasado fueron asertivas. 

El primer desafío será la utilización del lenguaje, el cual deberá ser no solo eficaz sino coherente con la realidad de Colombia, conectada con lo que siente la población, y desde luego que guarde coherencia con el derecho interno, con el derecho internacional humanitario, y con el derecho operacional. La seguridad y la convivencia son una constante para lograr garantizar a las generaciones venideras un país mas seguro y más afable con el paso de los días, donde no de miedo salir a pescar de noche. Para ello hay que responderle a la Narcotalia que Colombia y sus fuerzas militares no regresarán a estrategias insignificantes y poco garantistas como utilizar la fuerza sin la realidad táctica, es decir, combatir la delincuencia con realidad operativa.

Narcotalia quiere confundir incautos al interior del país y a la comunidad internacional que son un grupo de campesinos armados con garrotes y caucheras, cosa que no se lo creen ni ellos mismos, con el ánimo de intimidar la política de seguridad y defensa nacionales en el seno de la comunidad internacional, para indicar primero que aquí hay un conflicto armado, segundo, que es un conflicto de baja intensidad; esto último responde a retroceder treinta años en la capacidad de respuesta táctica de nuestras Fuerzas Militares para poder dar respuestas de choque efectivas a Narcotalia, y todos los actores delictivos, como cuando solo habían tres helicópteros en todo el país para movilizar tropa. No señores, a eso no les va a jugar esta administración y este gobierno.

La correcta, adecuada y coherente utilización del lenguaje nos ayudará mucho, primeramente porque está más que demostrado que no se puede seguir escalando el término “conflicto armado”, por las implicaciones jurídicas que ello trae, no solo porque aquí no hay una dictadura, sino una democracia directa y participativa, y segundo porque está plenamente comprobado que se utilizó un proceso de paz para legalizar dineros y operaciones de un cartel de droga con tentáculos inimaginables, deberíamos de utilizar la frase Narconflicto y Narcotalia para hacer mas breve y mas coherente ante la población y la comunidad internacional lo que esta pasando en Colombia.  

Corolario: las próximas elecciones están en grave riesgo no solo por Narcotalia, sino por la imposibilidad logística y operativa de que se celebren con las actuales condiciones de pandemia. Hago un llamado al registrador nacional, al Congreso de la República y al gobierno nacional, para que busquen la producción normativa para prorrogar las elecciones al menos dos años mas.