Aprendí una palabra

Por Adolfo Zableh

Me he vuelto pasivo en Twitter. Antes me la pasaba tuiteando de manera impulsiva porque sentía que tenía que opinar de lo que fuera, como si el mundo estuviera esperando mi verdecito sobre todos los temas posibles. Ahora que leo más y tecleo menos, no solo me he dado cuenta de que si oyes más de lo que escupes aprendes cosas, sino que, si sabes buscar, Twitter está repleto de lecciones de vida. El otro día, por ejemplo, descubrí una palabra que nunca había oído: Caquistocracia, término que se usa para señalar a las sociedades que están gobernadas por sus peores individuos.

Y no entiendo cómo hasta ahora me vine a enterar de su existencia, si toda la vida hemos vivido en una caquistocracia. Porque en Colombia hay gente mala de verdad, y no solo me refiero a sus delincuentes, sino a todos nosotros en general. Digo, no es necesario cometer crímenes para ser una mala persona, que en general este país está lleno de gente a la que no le cabe un defecto más: flojos, envidiosos, impuntuales, mediocres, mentirosos y violentos, solo por nombrar unas pocas características. Somos tan regulares que cualquiera serviría para gobernar este caos, y aun así hemos hallado la manera de escoger a lo peor de lo peor. Hay que tener mérito para lograr tal cosa.

Nos vivimos quejándonos de nuestros políticos, pero ¿de dónde creen que surgen? No nos los traen en naves espaciales desde otra galaxia, salen de acá, de nuestras casas, se formaron en nuestras instituciones educativas y andan hombro a hombro por nuestras calles. Sí, nuestros políticos apestan, pero no son peores que nosotros, solo que nos encanta decir que ellos son los malos y nosotros los buenos. Sospecho que, de llegar al poder, nosotros, seríamos iguales o peores que ellos, aunque mejor no tentar a la suerte y quedarse del lado del que elige y no del elegido, así podemos seguir quejándonos y pensando que somos virtuosos, unas pobres víctimas a las que nos tocó sufrir el gobierno de semejantes monstruos.

Pero lo cierto es que muchas veces vivir en Colombia es ser víctima y victimario al mismo tiempo. Sí, no hay día en que el gobierno no sea protagonista por algo malo, pero en estos días hemos podido ver también cómo instituciones privadas como los bancos y los almacenes que se le apuntaron a participar en el día sin IVA sacan las garras más que de costumbre y abusan del cliente. Es que hasta la prensa hace parte de ese régimen de los peores, lavándoles la cara a funcionarios enlodados y tratando de justificar la corrupción, siempre con su doble rasero y sus estrategias que les permita estar cerca del dinero y el poder.

Y la oposición no es mejor. Podrá no haber cometido los mismos pecados que los dueños del establecimiento, pero de tener la oportunidad cometerían otros, los suyos propios, y terminarían convirtiéndose en los mismo contra lo que luchan. A la historia de la humanidad le sobran ejemplos así, y si ocurrió en su momento en sociedades más evolucionadas, ¿por qué no habría de ocurrir en la nuestra que es tan precaria?

Con esto no trato de defender al orden establecido en detrimento de quienes quieren un nuevo país, así como tampoco trato de deslegitimar lo poco que hemos logrado para que prevalezcan los que tienen ideas diferentes; solo creo que las cosas que ocurren en este país quitan las ganas de vivir, y que por muy mal que estemos, no hemos tocado fondo. No tenemos alternativa y lo peor está por venir. Feliz tarde.

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