Como animales

@elGrafomano

Por Andrés Ospina

Meses atrás mi querido Lucas Quevedo —@CondeLaRoche en Twitter— hizo un pronunciamiento a propósito del uso que en Colombia damos al término ‘platanal’ para aludir a los tercermundismos propios de estas tierras. Lo citaré ‘literal’, como dicen ahora: “Los platanales son muy bonitos. Compararlos con este remedo de país es un atentado”.

Concuerdo con él: ¡pobres platanales! Ahora bien, romanticismos, antipatriotismos, ecologismos y animalismos aparte… ¿irá o no en detrimento de los sembrados de plátano, ajenos, o eso creemos, a toda comprensión de las formas humanas de lenguaje, que nosotros verbalicemos frases como esa, cuyo mensaje pareciera degradarlos? Me inclino por pensar que no, aunque a la vez me figuro que emplear el susodicho ‘platanal’ como sinónimo de ‘moridero’ quizá favorezca que comencemos a considerar los platanales, árboles y arbustos como obstáculos para el progreso, cuyos hábitats es preciso pavimentar o convertir en troncales de autobuses diesel o en canchas sintéticas.

Mis pensamientos siguen ramificándose hacia el resto de criaturas vivas, para luego desviarse hacia nuestros hermanos… los demás animales. Esgrimir el nombre de una determinada especie animal como insulto o emplearlo cual si fuera arma para señalar los defectos y ruindades de un individuo es, quizá, una costumbre tan antigua como la comunicación verbal entre humanos. De seguro casi todos incurrimos a diario en ello. Me refiero a quienes llaman ‘rata’ al ladrón, ‘burro’ al torpe, ‘cerdo’ al ramplón y ‘gallina’ al cobarde, para citar sólo cuatro entre un millar de ejemplos disponibles. También a esos que reprochan a quien obra con patanería o escaso raciocinio como ‘animal’ y que en contraposición halagan a quien es sensible, considerado y dulce como “muy humano”, cuando la regla debería operar al contrario.

Muchos hemos procedido así. De hecho, quien ahora escribe también suele caer en desconsideraciones similares a las aquí censuradas: a veces me sorprendo apodando de ‘lagarto’ al lambiscón o quejándome de estar “sudando como un caballo” en situaciones de transpiración excesiva. Ahora… ¿afectará en algo a los animales no humanos cuando un humano, que también es animal, tilda a un animal no humano de ‘animal’? Puede que no, aunque puede que sí.

Con seguridad que no siempre la intención del hablante apunta a denigrar, pero… ¿no constituye acaso el empleo de la popularísima expresión “nos somos animales” como protesta por algún maltrato una manera de insinuar que es lícito vejar a los otros animales, por ser éstos criaturas subyugadas y dignas de menor consideración que nosotros? Lo mismo podría decirse de quienes denominan ‘dueño’ al familiar, adoptante o acudiente de algún animal doméstico, cual si fuera mercancía y no un ser sintiente.

Algo parecido sucede cuando alguien se lamenta de haber tenido la suerte de “los perros en misa”, expresión que además de una franca discriminación a los caninos pareciera denunciar el casi nulo nivel de piedad profesado por tal confesión religiosa hacia éstos. Ignoro qué opinión tendrían los animales no humanos si pudiéramos indagarles al respecto. Es probable que a ellos poco les interesen esas minucias discursivas y que destinen su intelecto a otras causas. Termino, no obstante, con reflexión… ¿resultará justo apodar al actual primer mandatario de Colombia ‘Porky’ por el simple deleite de denunciar sus evidentes deficiencias cognitivas y su creciente adiposidad graciosamente? En lo personal lo considero una afrenta… al reino porcino. ¡Hasta el otro martes!

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