¡Inmovilícese!

Por Adolfo Zableh

Nos destacamos por encabezar los índices negativos. Colombia ocupa el primer lugar de los países con más desplazados internos y ahora Bogotá les gana a todas las ciudades con peor tráfico: 272 horas al año desperdicia un habitante de la capital de Colombia en trancones, más que en cualquier otra capital del planeta. Podríamos decir que en contraparte solemos estar a la vanguardia en el ranking de los países más felices y que desde hace ya varios años siempre peleamos Miss Universo.

Vamos a lo del tráfico bogotano. Mientras que el metro no está ni se le espera, hemos echado mano de TransMilenio, ciclorrutas y hasta motos, a ver si se soluciona el problema. Desde hace unos meses hemos visto también patinetas eléctricas regadas por los andenes. La primera vez llaman la atención. ¿Qué hace una patineta sola, parqueada en la mitad de la nada? ¿De quién es, quién la cuida, por qué no se la roban? En una ciudad donde se roban hasta una colilla del suelo, llama la atención que no se metan con esas patinetas.

Luego se va uno enterando de que es un sistema que ya se ha implementado con éxito en varias ciudades del mundo, que están ahí para que las use cualquiera, que utilizarlas cuesta 300 pesos el minuto y que el truco está en que cuentan con un sistema que si se las roban no se pueden usar y que están pensadas para ser dejadas en cualquier lugar donde no estorben para que puedan ser utilizadas por el próximo usuario (más allá de que se hayan implementado ya algunas estaciones especiales). Suena perfecto, pero no lo es tanto.

Y no lo es porque a pesar de tener la ventaja de que no hay que caminar cuadras interminables para parquearlas o recogerlas, lo que las hace una gran alternativa en una ciudad como Bogotá, durante las últimas semanas las han estado confiscando como si en vez de soluciones al trancón fueran puestos de empanadas. Esta administración está obsesionada con el espacio público y no oye razones, por eso va montando en camiones patinetas con la excusa de que están mal parqueadas, que son todas, porque ya se ha dicho que la idea del sistema es que no tenga parqueaderos fijos (la tarifa de la multa por cada patineta es de $200.000).

Tenemos una visión muy corta los colombianos, o nos gusta vivir mal, o somos muy brutos o muy corruptos. O todas las anteriores más bien, porque no puede ser que la respuesta de la Alcaldía a un nuevo sistema que está funcionando sea inmovilizar más a una ciudad que está prácticamente colapsada. Se entiende que hay que crear una reglamentación, unas normas, pero difícil creer que no puedan implementarse mientras se permite que sigan funcionando. Termina uno hasta por pensar cosas absurdas, como que toda esta cruzada por confiscar patinetas se debe a que algún funcionario no está recibiendo dinero a cambio, o que la Alcaldía tiene intereses en algún sistema de transporte masivo que se ha visto afectado por esta nueva alternativa que hasta ahora tiene más ventajas que problemas.

Es famoso un video de YouTube donde Hugo Chávez va por la calle preguntando de quién es tal o cual edificio, y cuando recibe la respuesta exclama ‘¡exprópiese!’. Así me imagino a Peñalosa en mis fantasías más salvajes: recorriendo la ciudad en busca de patinetas abandonadas, y sin oír razones, gritando ‘¡inmovilícese!’, casi como si fuera un dictador. Por eso es que no avanzamos.

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